Las 5 consecuencias más catastróficas de no cambiar el aceite

El mantenimiento del vehículo incluye, entre sus puntos importantes, la sustitución del lubricante. Una tarea imprescindible para que el motor siga funcionando.

Las 5 consecuencias más catastróficas de no cambiar el aceite

La varilla del aceite es el testigo que nos puede evitar graves problemas.

Pongamos por caso que un compañero de trabajo te cuenta algo que le acaba de suceder (y que ahí al fondo crece una duda). “Ha llegado a mis manos el coche de mi madre, que a partir de ahora será mío. Hace tiempo que no se usa, tiene 150.000 kilómetros y nadie, nunca, se ha preocupado por cambiar el aceite del motor”. Ahí se esconden la preocupación y la incertidumbre: “¿Qué hago?, ¿eso es normal?”.

“Eso es imposible”, puedes pensar. “Corre al taller”, puedes decir. Cambiar el aceite es una de las tareas de mantenimiento fundamentales para cualquier conductor. Olvidarse de hacerlo supone muchas veces enfilar el camino hacia el desguace. Estas son las claves para entender la situación.

LA FUNCIÓN DEL ACEITE
Este elemento resulta fundamental en la rutina del motor. Su misión es lubricarlo y protegerlo, para lo cual crea una película entre las partes móviles que disminuye el desgaste causado por la fricción. También consigue que la temperatura de todo el bloque sea más baja.

¿QUÉ PASA SI NOS OLVIDAMOS DE ÉL?
Sin entrar todavía en detalles, la consecuencia general de un aceite en mal estado es que las partes metálicas del motor se desgastan mucho más. Además, la suciedad se va acumulando en el filtro y este termina por taponarse.

Lo más grave, en todo caso, es un aumento desmedido de la temperatura, que puede dañar gravemente el motor.

UNA REVISIÓN PERIÓDICA
No se trata de ir al taller, sino de sacar la varilla y comprobar que el nivel del aceite es el adecuado. Si ves que está bajando más de la cuenta, rellénalo, porque las consecuencias de un motor sin aceite son aún más catastróficas que las que ocasiona un aceite viejo. Y si el coche hace miles de kilómetros y el nivel no disminuye, preocúpate también: seguramente esté entrando gasolina al depósito del aceite.

aceite

¿Y CUÁNDO CAMBIARLO?
Esto ya depende de lo que indique el manual del fabricante. Allí verás el número de kilómetros máximos que podemos recorrer con el mismo aceite. La horquilla es amplia: entre 5.000 y 30.000 kilómetros. No tienes que ser exacto al milímetro, pero no te excedas más de 5.000 kilómetros. También puedes guiarte por meses, entre tres y 24. Porque en un coche parado el aceite se estropea por culpa de la oxidación.

Y hay que insistir: que tu compañero de trabajo vaya al taller. Aunque ya sea tarde: eso mismo le pasó al propietario de un Audi TT que se dejó llevar hasta los 135.000 kilómetros. En la imagen de arriba se aprecia cómo estaba su motor VR6 de 3.2 litros.

Por cierto, es imprescindible cambiar el aceite junto con el filtro: en caso contrario, la operación no sirve de nada. En el comparador de precios Tallerator reconocen que es una moda que está resurgiendo y que causa muchos problemas.

NO VALE CUALQUIER ACEITE
Una vez más, manda el fabricante. Los más usados actualmente son los multigrado, indicados con un código que marca la viscosidad tanto en invierno como en verano: 5W30 o 15W40, por ejemplo. Si necesitamos rellenar el aceite, no importa usar otra marca, pero nunca debemos mezclar viscosidades. Si lo hacemos, el aceite recomendado por el fabricante pierde sus propiedades y no lubrica como debe.

HÁBITOS DE CONDUCCIÓN
La vida de este elemento no depende solo del tiempo y de los kilómetros. También influye el uso del vehículo. Los trayectos cortos obligan a cambiar el aceite más a menudo, y lo mismo ocurre si te mueves por lugares con temperaturas extremas. Y si tu coche tiene más de diez años, presta más atención.

5 CONSECUENCIAS CONCRETAS
Las cinco averías más graves que podemos provocar si no respetamos los cambios de aceite y filtro son las siguientes, según nos cuentan en Tallerator:

  • Desgaste prematuro del motor
  • Ruidos provocados por falta de lubricación del motor: ruidos metálicos, de los taqués y de otras partes metálicas.
  • Roturas de casquillos de biela, que necesitan el aceite para disminuir al máximo su rozamiento.
  • También, y es un poco más grave, se pueden producir arqueos de levas.
  • Y en el peor de los casos, el gripado (rotura) del motor. Esto significa que las partes metálicas rozan tanto que terminan “clavándose” y no permiten el movimiento.

Averías que no son cosa de broma, pues su reparación oscila entre los 1.000 y los 4.000 euros. En los vehículos diésel hay que tener más precaución todavía. En este caso, estos despistes afectando a los filtros de partículas y a los catalizadores.