Lo confieso: me empieza a aburrir tanta tecnología

Asumo que el problema es básicamente mío, cosas de la edad. Cuando uno va cumpliendo años, por lo general se vuelve más cascarrabias, más intransigente, más rarito en definitiva… Lo que parece entusiasmar a todo el mundo de repente deja de ser tan estupendo para ti y te envuelve la sensación de que vas a contracorriente. Es lo que me ocurre últimamente con los coches. Y ya digo que con toda certeza el equivocado soy yo, la industria tiene muy claro su camino y lo que necesitan sus clientes, desde luego que no va a reparar en las manías de un tipo extraño.

El caso es que me empieza a aburrir tanta tecnología automovilística. Sí, entiendo que es de gran ayuda para los conductores, que estas soluciones incrementan el confort, la conectividad y por supuesto la seguridad. Todas esas ventajas que aporta la electrónica combinada con cámaras, radares, sensores y demás artilugios que se han abaratado tanto (cosas de la producción a gran escala) que ya los encontramos en coches de cualquier pelaje y precio. Sin embargo, no puedo evitar que me provoque cierta irritación esa vibración cada vez que piso dos centímetros de una línea en la calzada, el pitido estridente cuando me acerco al coche que tengo delante o los fuegos artificiales en el espejo retrovisor al aproximarse otro vehículo que aún no veo… aunque lo vería un segundo después.

Conducción autónoma

Insisto, manías de un cincuentón veterano al volante que empezó a conducir con coches de cuatro marchas y sin dirección asistida. No pretendo, faltaría más, convencer a nadie. Ni siquiera tener razón… porque de hecho no la tengo. Sólo quiero compartir (me gustaría creer que alguno de vosotros me llegáis a entender) mi añoranza de esa sensación de control de una máquina que teníamos cuando la habilidad y la concentración no se habían visto suplantadas por la electrónica y la informática. Tengo la impresión de que conducir se está convirtiendo cada día en algo más aburrido, una tarea mecánica sin ningún tipo de pasión, de emoción, de experiencia.

Soy plenamente consciente de que el horizonte del coche autónomo es cada día más cercano. Y me horripila, lo siento… No sé si para entonces los que quieran seguir manejando con su propia voluntad un vehículo serán considerados como proscritos, quizá tengan que sacarse un carné de conducir con la dificultad de una licencia de piloto de aviación. El caso es que me asusta imaginarme como un simple pasajero dentro de mi propio coche, entregado a las decisiones de una inteligencia artificial que suplante la voluntad de las personas. Así que sin llegar a ese extremo, ya hoy se me antoja un tanto intrusivo el exceso de tecnología inmiscuyéndose de forma casi constante en la conducción.

Tecnología

Por fortuna, la mayoría de esos sistemas son, por el momento, desconectables, el usuario puede elegir tenerlos o no a su disposición. Sin embargo, ya nos adelanta lo que nos depara el futuro de la industria de la automoción, puesto que los avances en la próxima década seguirán imparables y seguramente son inimaginables a día de hoy. Y ya digo que la idea me inquieta. Para los que conducir es algo más que desplazarse, ese automatismo extremo alberga tantas incógnitas que provoca bastante inquietud. Así que, mientras pueda, espero seguir disfrutando de coches más emocionales que artificiales. Todavía quedan algunos y el placer de conducirlos quizá sea lo que guardemos en nuestra memoria cuando esas sensaciones se conviertan en algo para recordar. Llamadme raro…