¿Por qué hay tantos modelos de coches?

Coches

 

Audi cree que en torno a 2020 su gama de modelos rondará nada menos que 60. Modelos, no versiones. Es decir, diferentes carrocerías sobre plataformas comunes y base mecánica también compartida pero coches distintos pese a todo. A lo que habría que sumar las diferentes mecánicas y equipamientos que se traducen en centenares de variantes, algo inabarcable para el cliente medio. Sin irnos a la siguiente década, ya ahora encontramos marcas, especialmente de los segmentos superiores, con una oferta abrumadora. BMW, Mercedes-Benz y la propia Audi encabezan una diversificación de propuestas en la que tampoco se quedan muy atrás otros fabricantes generalistas, como Volkswagen o Toyota.

¿Tiene sentido semejante despliegue de posibilidades? La respuesta más obvia es que debe ser así desde el instante en el que las grandes empresas del sector comparten estrategia. De otro modo, claro está, no se meterían en semejante charco porque es fácil imaginar lo complicadísimo que resulta en todos los sentidos (diseño, producción, comercialización, postventa) aguantar el tirón de una gama de tal magnitud.  Una realidad que es posible gracias al apoyo de la más avanzada tecnología, de complejas plataformas que posibilitan adaptar las fábricas, las redes de comercialización y los talleres a un entramado que hubiera sonado a utopía apenas dos décadas atrás.

Volviendo a lo que nos ocupa, resulta indiscutible que nos encontramos ante un mercado atomizado como nunca antes. El cliente tiene cada día más claro lo que necesita, es más exigente con lo que recibe por su dinero y es consciente de que los constructores están preparados para satisfacer ese pliego de condiciones. Hace unos años todos nos conformábamos con mucho menos (y no sólo hablando de coches) pero hoy las marcas deben esmerarse por buscar nichos de usuarios que aporten volumen a su negocio. Entre otros motivos, porque si alguien no entra en ese juego será otro quien lo haga y conseguirá esa venta a la que el anterior ha renunciado por no ser capaz de detectar y satisfacer la necesidad.

Fábrica

Las modernas fábricas se han adaptado a procesos de producción cada vez más complejos.

Es posible que las marcas nos ofrezcan más de lo que necesitamos, de hecho hay modelos con unas ventas realmente residuales. Pero todo suma y el potencial de estas grandes empresas les permite aceptar el desafío. Ni yo mismo sería capaz de recitar la gama completa de alguna de las marcas más prolijas sin consultarlo, así que imagino que para quienes no sigan tan de cerca el sector puede ser un auténtico galimatías descifrar la estructura de estas familias numerosas. Sin embargo, lejos de resultar un inconveniente es una auténtica bendición para el comprador. Nunca fue más sencillo encontrar el producto que mejor nos encaje, elegir entre un abanico de posibilidades que difícilmente presenta vacíos.

Por si fuera poco, ya sabemos que la competencia siempre es positiva para el cliente. Cualquier monopolio se traduce en una posición de predominio que permite alterar el orden de las cosas, imponer unas reglas de juego que favorezcan a quienes las manejan y acogotar la liberta de elección. Justo lo contrario a lo que ocurre en el sector del automóvil, aquí nadie puede sentirse en una posición de superioridad porque de inmediato su rival de mercado le hará entender su error. Así que aunque quizá tardemos algo más en elegir nuestro próximo coche, debemos felicitarnos porque así sea. Y en caso de duda, aquí estaremos nosotros para ayudarles en lo que puedan necesitar… aunque quizá tengamos que recordar los detalles de ese modelo que despierta su interés.