Coches que sueñan con ser aviones

Los últimos automóviles de gran calibre impactan por su poderío y empiezan a aplicar mecánicas híbridas

Cuestan más que una vivienda y pueden parecer irracionales, pero los superdeportivos son tan necesarios para el sector del automóvil como la industria aeroespacial para la aviación comercial. Muchos de los avances que hoy incluyen los coches normales se estrenaron primero en estos modelos de ensueño, como los cambios en el volante o la suspensión electrónica. También refuerzan la imagen de sus fabricantes, porque tener la máquina más rápida o potente del mercado es un intangible que puede aportar gran valor comercial. Y sus afortunados conductores obtienen asimismo beneficios, ya que su exclusividad y producción limitada los convierte en piezas de coleccionista que se revalorizan con el paso del tiempo en vez de depreciarse.

El Lamborghini Veneno Roadster es el superdeportivo más apabullante de la nueva hornada. No es el más rápido ni el más potente, pero anda sobrado de vitaminas y presenta una imagen espectacular que lo sitúa a medio camino entre un fórmula 1 y un caza de combate. Solo se van a producir nueve unidades, y cada una costará 3,3 millones de euros antes de impuestos. Acelera de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos y alcanza 355 km/h, pero carece de techo. Puede ser tan veloz que, aunque llueva, su conductor no se mojaría.

Está fabricado con fibra de carbono y aluminio para reducir el peso, como la mayoría de últimos modelos, y cuenta también con las mejores soluciones en aerodinámica y electrónica. Pero, al contrario que sus competidores más modernos, que empiezan a introducir mecánicas híbridas para mejorar su compatibilidad medioambiental, el Veneno Roads­ter mantiene un propulsor clásico, de cilindrada enorme y 100% mecánico, sin apoyo eléctrico: 6.5 V12 de 750 CV. Va a ser, probablemente, el último dinosaurio de la industria.

Ferrari, Porsche y McLaren, por su parte, proponen tres modelos que representan la visión moderna del superdeportivo. Son los LaFerrari, 918 Spyder y P1, respectivamente, y los tres suman al empuje bruto de siempre unas emisiones inferiores, gracias a sus mecánicas híbridas. Rondan los 900 CV y superan los 340 km/h, pero en un uso normal pueden consumir mucho menos de lo esperado.








Porsche 918 Spyder.




Del Porsche se van a producir 918 unidades, cada una por 785.000 euros. Recurre a la tecnología híbrida enchufable para poder ofrecer un modo eléctrico, sin emisiones y con hasta 31 kilómetros de autonomía, y otro híbrido en el que gasta solo tres litros en los primeros 100 kilómetros. En los modos deportivos, en cambio, rinde 887 CV (286 de ellos eléctricos), cuenta con tracción 4×4 y dirección a las cuatro ruedas, y vuela bajo: de 0 a 100 km/h en 2,6 segundos, de 0 a 200 en 7,2 y hasta los 300 en 19,9. Suena increíble, pero, a pesar de su potencial, es la propuesta menos radical y más popular de las tres.

El P1 cuesta más de un millón de euros y su tirada será de solo 375 unidades. Tiene también mecánica híbrida enchufable, aunque más enfocada a incrementar las prestaciones que a contener el consumo. Llega a 916 CV (179 eléctricos) y, entre otros detalles, cuenta con un botón para descargar la fuerza eléctrica a voluntad, al estilo del sistema KERS de los fórmula 1. Aun así, puede rodar por ciudad 11 kilómetros con las pilas y consumir 8,3 litros con una conducción tranquila en modo híbrido. Pero lo suyo es acelerar como un proyectil: pasa de 0 a 200 km/h en 6,8 segundos y llega a 300 en 16,5. Es el más parecido a un coche de carreras.




El Lamborghini Veneno Roadster es un auténtico exceso. Supera los 350 km/h y carece de techo. Se van a fabricar solo nueve unidades, cada una a 3,3 millones de euros, sin IVA



El LaFerrari representa la transición tecnológica entre el Lamborghini y los Porsche y McLaren, porque mantiene un corazón V12 de la vieja escuela (V8 en los 918 y P1) y añade apoyo eléctrico simple, de híbrido normal. La combinación lo convierte en el más potente, con nada menos que 963 CV (163 eléctricos), aunque también en el que más consume, 14 litros de media. Sin embargo, sigue siendo un registro muy meritorio para su potencia. Hasta 200 km/h corre igual que el McLaren, aunque a partir de ahí lo supera: alcanza 300 km/h en apenas 15 segundos. Costará asimismo más de un millón de euros y se ensamblarán 499 modelos.

En un escalón inferior al cuarteto formado por el Veneno y compañía, aunque todavía muy por encima del resto de automóviles del mercado, aparecen los otros tres protagonistas de la colección 2013-2014. El Aston Martin Vanquish Volante, la versión descapotable del modelo superior de la marca de James Bond, ronda los 350.000 euros y es el referente en cuanto a glamour, elegancia y sofisticación. Combina clase y fuerza y su propulsor V12 brinda 575 CV, pero con una respuesta sedosa.

El Chevrolet Corvette Stingray, la última entrega de este icono estadounidense, es una de las alternativas menos inaccesibles. Y es que por unos 80.000 euros permite disfrutar un motor V8 con 466 CV, una carrocería Targa mezcla de cupé y descapotable y aspectos técnicos exóticos como uno de los pocos cambios manuales de siete marchas, una solución que solo comparte con el Porsche 911.

Del otro lado del mundo llega el Nissan GT-R, la máquina japonesa que en su versión 2014 mejora aún más su rendimiento y añade una variante Nismo, todavía más deportiva, que extrae 600 CV de su mecánica V6 biturbo con tracción 4×4. Saldrá por unos 150.000 euros y seguirá siendo el único superdeportivo capaz de acomodar a cuatro personas.



TENDENCIAS: De la fibra de carbono al apoyo eléctrico

Estructura interna de fibra de carbono.


El McLaren F1 de 1994 fue el primer coche de calle fabricado con fibra de carbono. Hoy, 20 años después, es una solución casi habitual en el automóvil y, aparte de aplicarse en la mayoría de los superdeportivos, está llegando también a modelos más económicos, como el eléctrico BMW i3. Pero mientras unos lo utilizan de forma masiva, otros hacen aplicaciones parciales.

Los Lamborghini, Ferrari, Porsche y McLaren que aparecen en estas páginas incluyen un esqueleto interno fabricado con este material (foto inferior), al que se anclan después subchasis de aluminio delante y detrás para soportar la mecánica. En los Aston Martin, Chevrolet y Nissan, en cambio, el carbono solo se aplica en ciertas piezas, como el eje de transmisión, por ejemplo. En todo caso, la ventaja es siempre la misma: ofrece una resistencia similar al acero con la mitad de peso.

Otra tendencia de moda entre estos automóviles son los sonidos a la carta. El conductor puede aumentar o apaciguar el rugido del coche según le parezca. Y como el carbono, se está empezando a extender: lo ofrecen ya deportivos como el Jaguar F-Type y utilitarios como el Renault Clio, que permite además cambiar la melodía (moto, bólido).

La incorporación de mecánicas híbridas también es novedad. Y con ellas, los superdeportivos empiezan a pensar en el cuidado del entorno. La idea es que parte de la potencia pase de ser mecánica a eléctrica, y reducir así el consumo. Algunos modelos, como los Porsche y McLaren, apuestan además por los conjuntos híbridos enchufables, que permiten ofrecer incluso un modo eléctrico completo, con autonomía para afrontar recorridos urbanos solo con la energía de las baterías, sin emisiones.



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