• 1 / 10

    Alfa Romeo Z33 TL

    Parece difícil que Alfa Romeo haga coches feos... pero ha ocurrido. Y el Z33 Tempo Libero de 1983, sin duda, ha sido el peor de todos. Cuenta la leyenda que los responsables de la marca quedaron tan avergonzados que cuando fue mostrado en el Salón de Ginebra de inmediato decidieron que no se iba a comercializar. El modelo fue diseñado por Zagato –eso significa la Z–, pero para ser benevolentes, lo mejor que se puede decir del Z33 es que parecía hecho con retales de otros Alfa. Y la idea no era mala; un seis plazas familiar cómodo y aventurero, con techo panorámico. Un concepto del que sus competidores tomarían nota y que según algunos fue el punto de inspiración del primer Renault Espace.

  • 2 / 10

    AMC Gremlin

    En 1970, la American Motors Corporation –propietaria del mítico Jeep– llega a la conclusión de que, ante la inminente crisis del petróleo, el mercado necesitaba un coche de bajo coste y sencillo de mantener. El Gremlin –fabricado entre 1970 y 1978– priorizó lo económico sobre lo estético y quizá por eso sigue estando considerado uno de los coches más feos construidos jamás por la industria americana. Sorprendentemente fue un gran éxito comercial que abrió la puerta del mercado estadounidense a una nueva categoría de vehículos compactos. Era un coche descompensado, con un reparto de pesos pésimo y una suspensión desastrosa, pero costaba menos de 2.000 dólares, gastaba poco y era fácil de conducir.

  • 3 / 10

    Pontiac Aztek

    Este extraño vehículo –a medio camino entre un SUV y un monovolumen– tiene el dudoso honor de ser el mayor fracaso de toda la historia moderna de General Motors. Desde el primer momento de su presentación oficial en 2001 ya fue recibido con calificativos poco agradables. La extravagancia se les fue de las manos a los diseñadores. Curiosamente hoy en día es un coche buscado por los coleccionistas, ya que es el que conducía el personaje de Walter White en la recordada serie Breaking Bad. El Aztek partía de un buen concepto teórico y tenía un equipamiento muy completo, pero su línea era inconexa y carecía de la más elemental proporción.

  • 4 / 10

    Ford Edsel

    El mercado se cebó tanto con el Edsel que muchos historiadores lo consideran el mayor fracaso de toda la historia de Ford. Su extraña calandra vertical recibió todo tipo de apelativos soeces y su nombre –por cierto, el del padre de Henry Ford– dio pie a juegos de palabras como Dead Cell ('batería muerta'). Ford bajó el nivel de los controles de calidad para lanzar un coche familiar económico y el resultado fue calamitoso. El Edsel emitía muchísimo humo, la caja de cambios se calaba, la dirección era imprecisa, las puertas no cerraban bien y el motor V8 de 5,4 litros de 235 CV gastaba la friolera de 30 litros cada 100 kilómetros. Hoy solamente quedan menos de 5.000 unidades en condiciones de marcha y se han convertido en pieza codiciada por museos y coleccionistas.

  • 5 / 10

    Lotus Elite

    Lotus pretendió fabricar un imposible: un cupé deportivo familiar de altas prestaciones de cuatro plazas y gran capacidad de carga. El resultado fue la mejor demostración de que a la excelencia en ingeniería no le acompaña siempre la excelencia estetica. Porque lo cierto es que el Elite de 1975 era una maravilla técnica para su época: motor de aluminio de 1.973cc, 16 válvulas, 170 CV, carrocería de fibra de vidrio y un coeficiente aerodinámico de 0,30. De hecho, fue el último Lotus cuya parte ciclo diseñó personalmente Colin Chapman. Nada de eso fue suficiente para lograr que el Elite tuviera un mínimo de coherencia visual y no se aupara casi de inmediato a las primeras posiciones de las clasificaciones de coches británicos más feos jamás diseñados.

  • 6 / 10

    Lamborghini LM002

    Lamborghini también comete errores. El LM002 se fabricó entre 1986 y 1993 y fue, en cierto modo, un predecesor del Hummer: un 4x4 nacido para ser militar que alguien decidió derivar al mercado civil. Y claro, los vehículos militares se diseñan para soportar bombardeos pero no para triunfar en los salones del automóvil. Como buen Maserati era todo potencia; le daba vida un motor V12 derivado del Countach y su interior era un verdadero catálogo de equipamiento de lujo. Pese a sus tres toneladas de peso era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 8 segundos aunque, lógicamente, con un consumo únicamente apto para jeques arabes, que fueron sus principales clientes. Sólo se comercializaron 328 unidades.

  • 7 / 10

    Fiat Multipla

    Hay pocos modelos con el que los críticos se hayan ensañado más por su poco afortunado diseño que con este monovolumen italiano. Porque el Multipla, más allá de su estética, era un coche excelente. Desarrollado sobre la plataforma del Fiat Bravo tenía un habitáculo amplísimo en el que cabían, cómodamente instalados, seis adultos en dos filas de tres asientos. Gastaba como un mechero y tenía una asombrosa capacidad de carga de 430 litros. El primer Multipla cesó su producción en 2004 para dar paso a una versión estéticamente más convencional. Curiosamente, muchos de quienes criticaron el modelo original consideraron que el segundo había perdido personalidad.

  • 8 / 10

    Nissan Cube

    Fue una apuesta arriesgada de Nissan que no salió bien. Y aunque a toro pasado resulta fácil asegurar que iba a ser así, también hay que entender que en Japón este tipo de coches cúbicos suele gustar bastante. Su competidor de Toyota, el Yaris Verso, era igual de cuadrado y feo. El Cube era un coche interesante, cuyo concepto fue claramente incomprendido y castigado por la estética. Usaba la misma plataforma del Nissan Note y la marca quería poner en la calle un minimonovolumen de gran capacidad de carga para usos de fin de semana pero al mismo tiempo adecuado para uso urbano. El público europeo –estéticamente mucho más conservador– lo rechazó y entendió que estaba ante una microfurgoneta de reparto ciudadano.

  • 9 / 10

    SsangYong Rodius

    Otro de los clásicos que no puede faltar en ninguna lista de coches poco agraciados. Con la primera generación del Rodius probablemente somos injustos, no porque no sea incuestionablemente feo sino porque nunca pretendió ser bonito. Fue diseñado como el vehículo perfecto de la familia numerosa, un monovolumen cuyas líneas –según explicaron en su momento desde la marca– estaban inspiradas en las de los yates de lujo. Buscando el máximo espacio interior se primaron las líneas rectas y los voladizos, que realmente sí lo hicieron parecerse en una cosa a un yate: era largo como alguno, con sus más de cinco metros de longitud...

  • 10 / 10

    Seat Toledo

    No todo van a ser marcas extranjeras. También Seat tiene su espacio en el universo de los coches con poca suerte. Sin duda la tercera generación del Toledo está de pleno derecho en él. El automóvil no era ni un monovolumen, ni una berlina, ni un compacto. Su parte trasera era inclasificable y pretendiendo estar en los tres estilos a la vez, este Altea sobredimensionado no estuvo en ninguno y no gustó a nadie. Y eso que el Toledo era mecánicamente estupendo, buena prueba de ello es que acabó alimentado la flota de taxis y policial de media España.


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