Los 15 salpicaderos más disparatados de los años ochenta

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Los 15 salpicaderos más disparatados de los años ochenta

El afán por adelantarse a los tiempos dio como resultado numerosos prototipos (y coches de producción) con interiores excesivamente atrevidos.

Los 15 salpicaderos más disparatados de los años ochenta

El volante del Lancia Orca, modelo de 1982.

Cuando la industria de la automoción empezó a desarrollarse a gran velocidad, en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, los responsables de las marcas quisieron siempre adelantarse al futuro. Y la consecuencia, ya entonces, fueron coches sorprendentes, a veces incomprendidos y en muchas ocasiones incomprensibles. Por dentro y por fuera.

La lista de modelos que dieron un paso más allá antes que nadie la encabeza el Buick Y-Job (1938), el primer prototipo de la historia. La marca hizo algo que hasta entonces parecía impensable: fabricó un coche que no pensaba comercializar, tan solo era el ejemplo de lo que eran capaces de hacer. Consiguió lo que esperaba (atraer la atención sobre una figura y unas soluciones técnicas novedosas) y abrió la puerta a la imaginación del resto de fabricantes.

Desde entonces, los prototipos se han convertido en un modo de probar soluciones sin miedo ni pudor, sin importar que después los modelos no llegaran a producción o que los coches resultantes no se parecieran demasiado al concept que los inspiró.

Los diseñadores, liberados de ataduras económicas y técnicas (costes, practicidad, materiales, tecnología…) pueden dar rienda suelta a su imaginación y crear auténticas obras maestras que maravillan (o espantan) a los aficionados y al propio sector. En este sentido, los años ochenta del siglo XX fueron un caldo de cultivo perfecto para modelos de diseño extravagante y sin complejos.

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