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12 trucos para utilizar mejor los pedales de tu coche

Sirven para controlar funciones esenciales del vehículo y algunas técnicas de conducción pueden ayudar en su utilización.

pedales coche

Los pedales son básicos para la conducción de un automóvil.

Siempre a nuestros pies. En la oscuridad, discretos y silenciosos, también esenciales para la conducción. Los pedales del coche sirven para controlar funciones tan importantes como acelerar, frenar o cambiar de marcha, su uso parece simple y, sin embargo, encierra algunos secretos que no todos los automovilistas conocen o recuerdan. Este es un repaso a los más importantes y valiosos, un aporte de seguridad y eficacia.

1. El acelerador es el encargado de controlar el envío de combustible a los cilindros, por lo tanto usarlo con acierto es esencial para el consumo y, en consecuencias, las emisiones contaminantes. Como cualquiera de los otros pedales hay que evitar brusquedades al pisarlo y tan importante como saber cuándo y cómo hacerlo es levantar el pie en el momento preciso.

2. Los acelerones bruscos no sólo son contraproducentes para la eficiencia, también puede provocar situaciones de peligro con reacciones inesperadas del vehículo. Hay que conocer el recorrido del pedal, su tacto y cómo responde el coche a sus exigencias.

3. Levantar el pie del acelerador antes de una detención previsible facilitará la misma y también contribuirá al ahorro de combustible. En el extremo contrario aparecen aquellas situaciones en las que quizá se deba hacer un uso rápido y contundente de este pedal, como al realizar un adelantamiento o en la incorporación a la vía. Siempre de una forma controlada y conociendo la respuesta que tendrá el coche.

4. El pedal de embrague podría calificarse como una especie en vías de extinción por la proliferación de las cajas de cambio automáticas, pero a día de hoy siguen siendo mayoría los vehículos con transmisiones manuales por lo que su importancia se mantiene intacta.

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5. Es básico tener la seguridad de pisar el pedal de embrague hasta el fondo en cada operación de cambio, por lo que esta distancia debería ser la referencia ineludible para colocar el asiento del conductor. Llevándolo hasta el final de su recorrido será el momento de fijar la banqueta, la posición respecto al volante se regula a continuación con el movimiento del respaldo.

6. El embrague es un elemento sometido a fricción (unos discos sirven para acoplar y desacoplar la caja de cambios del motor) y, como tal, sufre desgaste por el uso. Para evitar su agotamiento prematuro es fundamental no utilizarlo más de lo imprescindible, no hacerlo patinar y tampoco llevar el pie apoyado en su pedal de forma inconsciente.

7. Todo conductor debería conocer el tacto y recorrido del pedal de embrague de su automóvil, así como el punto de fricción en el que se produce la conexión del cambio con el motor para arrancar con suavidad en cualquier circunstancia y no abusar de su accioamiento. La experiencia es clave al respecto pero también la atención, relajarse en la conducción suele provocar descuidos que se traducen en un uso innecesario del embrague.

8. Por todo lo mencionado, cuanto menos se accione el embrague, mejor. Tanto para su vida útil como para el confort de marcha. Un buen recurso para ahorrar algunos cambios de marcha es saltarse una relación cuando el régimen del motor y las circunstancias lo permitan, pasando de segunda a cuarta, por ejemplo, obviando la tercera. Es una posibilidad que exige atención para no equivocarse y que también se puede aplicar en reducciones, en cuyo caso las precauciones deben extremarse para evitar sobreregímenes del motor.

9. Innecesario incidir en la trascendencia del pedal de freno para la dinámica y seguridad. El mismo motivo señala la necesidad de un uso adecuado de su recorrido y presión, volviendo al principio básico ya señalado de la suavidad, progresividad y regulación.

10. Como normal general respecto a los pedales del coche, ya se ha señalado que evitar los abusos es lo más razonable. En el caso del freno sirve para conseguirlo utilizar la retención del motor, su capacidad de regular la marcha del vehículo para minimizar la necesidad de frenar tanto en bajadas prolongadas como antes de afrontar una curva o detenerse en una situación previsible: si se va reduciendo marcha a marcha la mencionada retención del motor apoyará al equipo de frenos y así el requerimiento será inferior.

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En los descensos hay que utilizar la retención del motor.

11. Un error bastante habitual es el de modular la presión de menos a más: empezar a pisar suave el pedal antes de una detención para incrementar la fuerza al finalizar la frenada. Lo más efectivo es justo lo contrario, presionar con decisión al principio para ir liberando el pedal según sea necesario. Con ello se consigue recuperar el control del vehículo en el momento más crítico de la frenada, evitando situaciones apuradas justo al llegar a una curva o en el momento de detenerse ante un paso de peatones.

12. Todos los coches modernos montan obligatoriamente un sistema de antibloqueo de frenos, el famoso ABS que impiden perder el control del coche por el deslizamiento de las ruedas al quedar completamente detenidas por la presión excesiva de las pinzas sobre los discos. Una ayuda valiosísima sobre todo en condiciones delicadas de adherencia, que sólo será efectiva si realmente el conductor tiene fe en su funcionamiento. Al pisar a fondo el pedal de freno en caso de necesidad se debe mantener firme esa presión, sin aliviarla aunque se empiece a notar la vibración típica del ABS, pisando al mismo tiempo el embrague para que el coche no se cale cuando se detenga por completo.

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