Eléctricos

La solución está en el enchufe

Los nuevos modelos híbridos enchufables representan la alternativa de movilidad ecológica más completa de la oferta actual

La solución está en el enchufe

Dos motores para gastar lo mínimo. Parece un contrasentido, pero es la clave en la que se basa la tecnología híbrida para reducir los consumos y emisiones del automóvil y mejorar su compatibilidad medioambiental. Uno de los propulsores es térmico, de gasolina o gasóleo, pero el otro es eléctrico. Y como funciona con baterías en vez de combustible, proporciona un empuje limpio que ayuda a mover el coche con mayor eficiencia, exigiendo menos trabajo al motor de combustión principal y disminuyendo así su gasto y polución.

Los automóviles híbridos mejoran, de media, un 15% el consumo frente a un coche diésel convencional y hasta un 30% respecto a uno de gasolina. Y producen también menos emisiones, en una proporción similar. El ahorro de consumo y gases contaminantes alcanza sus mejores resultados en ciudad, que es donde más tiempo entra en acción la parte eléctrica de su mecánica. Por eso, cada vez hay más modelos híbridos en las flotas de taxis y autobuses de las principales capitales europeas.

Las ventas empiezan a cobrar cierta entidad: 11.000 híbridos matriculados en España de enero a noviembre de 2014, aunque su peso relativo sobre el total de entregas resulta todavía testimonial, alrededor del 1,5%. En el resto de Europa los registros son similares, aunque en mercados como Alemania, Francia y Reino Unido despuntan más y se acercan ya al 3%.

Pero la tecnología avanza, en muchos casos, más rápido que el conocimiento del consumidor. Al igual que en apenas un lustro se pasó de los televisores de tubo a los de pantalla plana, y en el siguiente de los teléfonos móviles a los smartphones, los coches híbridos tienen ya una nueva derivación más evolucionada: los híbridos enchufables, que se han convertido en la solución más prometedora para lograr, a corto plazo, una relación más sostenible entre la movilidad personal y la ecología global.

Más electricidad, menos emisiones

La aportación principal de los nuevos híbridos enchufables está en que potencian la parte eléctrica de la mecánica, con motores de mayor rendimiento y baterías de mayor capacidad. De esta forma, reducen un poco más el consumo de combustible y permiten sobre todo un desplazamiento 100% eléctrico, sin emisiones, como un coche eléctrico puro.

La energía eléctrica está pensada para su utilización en núcleos urbanos porque es donde aporta mayores beneficios, especialmente al conjunto de la sociedad. En la mayoría de capitales europeas, la saturación del tráfico produce un efecto de concentración de los gases nocivos, como el dióxido de carbono (CO2) y los óxidos de nitrógeno (NOx), que agrava la problemática de las emisiones. Y lo mismo sucede con las calefacciones domésticas, que son otros de los grandes agentes contaminantes en los centros de población.

La popularización de automóviles que funcionen con electricidad ayudaría a descontaminar las ciudades, de la misma forma que el gas natural mejora la ecología de las calderas de las viviendas (individuales y comunitarias) frente al gasóleo o propano tradicionales. Además, en las principales capitales, como Londres, París y Berlín, entre otras, existen ya restricciones a la circulación de vehículos, tanto permanentes como temporales, que exigen contar con un coche limpio, sin emisiones, para poder acceder a determinadas áreas. Madrid, por su parte, ha anunciado que a partir del 1 de enero de 2015 ampliará a prácticamente toda la almendra central la zona a la que solo pueden acceder en coche privado los residentes, no los particulares en tránsito.

50 kilómetros de radio de acción

En la mayoría de modelos híbridos enchufables, el rango de acción eléctrico ronda los 50 kilómetros y otorga una nueva alternativa para cubrir los desplazamientos diarios, de casa al trabajo y vuelta, sin contaminar. Su duración puede resultar limitada a primera vista, aunque, con un uso programado, sería posible que el conductor no consumiera nada de lunes a viernes, ni tuviera, por tanto, que repostar en estaciones de servicio. Y esto supone un avance importante tanto para su economía personal como para la calidad del aire que se respira en las grandes ciudades.

Según las estadísticas de transporte, el 80% de conductores europeos recorre por jornada menos de 40 kilómetros. Ante estos datos, esos 50 kilómetros de autonomía darían para ir del lugar de residencia al centro de trabajo, regresar por la tarde y conectar el coche a la red eléctrica durante la noche para recargar las baterías y que esté listo a la mañana siguiente para repetir el ciclo.

A diferencia de los automóviles térmicos convencionales, que consumen más en ciudad y menos en carretera, los que funcionan con energía eléctrica se comportan al revés: gastan mucho menos en los recorridos urbanos que en los de autopista. El conductor podrá sacar mayor partido de la batería circulando entre calles y semáforos a baja velocidad que rodando por la periferia a 100 km/h o más. Por eso, la mayoría de modelos incluyen una función que permite conservar la energía de las pilas, rodando primero en modo híbrido, hasta que se llega a la ciudad.

La tecnología enchufable ofrece las ventajas de los modelos eléctricos puros en cuanto a limpieza de funcionamiento y elimina también al mismo tiempo la mayor parte de sus limitaciones. Si, por ejemplo, surgen movimientos imprevistos a lo largo de la jornada, como recoger a los niños del colegio o realizar una compra, el conductor nunca se quedará tirado, como sí puede suceder con un eléctrico puro: al agotar los acumuladores de energía, el coche seguirá circulando como un híbrido convencional, evitando la ansiedad que provocan los eléctricos al ver cómo se van agotando sus baterías.

Los fines de semana, además, el mismo coche servirá para ir de excursión en familia o afrontar un viaje, otras dos tipologías de uso incompatibles con los eléctricos puros que añaden valor a los nuevos híbridos enchufables.

Ayudas a la compra

Pero no todo son ventajas, también hay que asumir ciertos inconvenientes. El principal: un precio ligeramente superior frente al de un automóvil híbrido, y claramente mayor respecto a otro de mecánica convencional. Y también un peso más abultado que reduce el dinamismo, consecuencia de añadir el motor eléctrico y las baterías. En ciertos modelos, además, la integración de los nuevos componentes merma la capacidad del maletero.

En España, actualmente, el Gobierno central (también algunas Comunidades Autónomas) otorga subvenciones a la compra de vehículos más limpios. Finalizan el 31 de diciembre de 2014, pero se espera que se prorroguen en 2015, como se ha hecho en los últimos años. La cuantía económica varía en función de la autonomía eléctrica que ofrezca el modelo: si va de 40 a 90 kilómetros, una horquilla que agrupa a la mayoría de híbridos enchufables disponibles ahora, la ayuda asciende a 4.500 euros. Y esta dotación permite compensar buena parte del sobrecoste que implica la nueva tecnología, al igual que el ahorro que supone repostar electricidad en vez de combustible.

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