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Mercedes Clase C 220d Estate, una ranchera especial

Sobresale por su imagen afilada, pantalla digital y el rendimiento de su motor diésel con etiqueta ECO, y adolece de un interior que, aunque amplio, no transmite desahogo.

Mercedes Clase C 220d Estate, una ranchera especial

El Clase C 220d Estate tiene un consumo medio oficial de 5,1 litros cada 100 kilómetros. / Mercedes

Es una de las rancheras medias de diseño más afilado, y uno de esos coches que entran por los ojos y ponen de acuerdo a la mayoría en cuanto a su atractivo estético. El Mercedes C 220d Estate presenta una imagen deportiva y elegante, mide 4,75 metros de largo y tiene un maletero de 490 litros.

El interior llama también la atención por su puesta en escena, con una pantalla central de gran tamaño y formato vertical que preside el conjunto, y una atmósfera general moderna y refinada. Y tanto el motor, diésel de 200 CV con etiqueta ECO, como las suspensiones y la conducción en general, aportan asimismo un funcionamiento de calidad superior que se disfruta al volante.

La versión analizada del modelo de Mercedes está disponible desde 49.900 euros, aunque la unidad de pruebas incluía el paquete deportivo AMG y varias otras opciones que elevan el coste hasta unos 60.000 euros. Es una alternativa a otras rancheras exclusivas como los Audi A4 Avant, BMW Serie 3 Touring y Volvo V60.

De serie viene ya con una dotación correcta, que aporta la citada pantalla y reúne llantas de aleación, cambio automático con levas en el volante, climatizador, instrumentación digital, cámara trasera, iluminación ambiental ajustable y portón eléctrico, entre otras cosas. Aunque de origen, la tapicería de los asientos es de tela y, su ajuste, manual (salvo en altura, que sí es eléctrico).

Este Mercedes Clase C Estate es el último ejemplo de que el diseño prevalece hoy casi sobre cualquier otra consideración en la decisión de compra de un automóvil. Pero su arquitectura exterior exige pagar un peaje en el interior, porque, aunque no le falta espacio para el uso familiar, tampoco transmite sensación de desahogo.

Los ocupantes pueden sentirse algo encajonados, desde el conductor hasta los pasajeros traseros, porque todo les queda muy cerca. Sobre todo si son altos. Aunque la cabina ofrece, en realidad, holgura para estaturas de hasta 1,90 metros. El techo solar panorámico de la unidad probada mejora la luminosidad del habitáculo y, si se abre, elimina en gran parte la sensación. Y elegir una tapicería de color claro puede ser otro paliativo.

Al volante se va sentado más bajo de lo normal en los turismos, casi como si se fuera en un cupé deportivo, y el conductor tiene a su disposición una mecánica avanzada. La pantalla central, por su parte, que incluye la última generación del sistema operativo MBUX de la marca, tiene un manejo intuitivo y funciona con rapidez, aunque la gran cantidad de información y opciones disponibles exigen un tiempo de aprendizaje.

El control oral es el mejor de la oferta actual y, por ejemplo, activa la dirección deseada en el navegador sin fallos. Basta decir: “Hola Mercedes, llévame a…” y listo. Y también hay botones físicos que permiten acceder directamente a funciones de uso habitual.

El motor, 2.0 turbodiésel de 200 CV y 440 Nm, es asimismo de los mejores del momento entre los de gasóleo de 2.000cc. Aporta prestaciones elevadas, consumos reducidos y un funcionamiento suave, y suma una sonoridad agradable, incluso de tintes deportivos si se conectan el programa Sport. Los datos oficiales: 7,4 segundos en el 0 a 100 km/h, 242 km/h de punta y 5,1 litros de media cada 100 kilómetros.

En el modelo analizado, eso sí, que tenía solo 40 kilómetros recorridos, la mecánica estaba todavía un poco agarrotada y el gasto ha sido mayor del esperado: ocho litros de media, en un uso normal por ciudad y autovías urbanas de circunvalación. En cambio, en trayectos de autopista a velocidad constante el consumo se estabilizó en 6,5 litros. 

El paquete AMG tampoco ayuda a lograr el mejor consumo, porque implica grandes neumáticos delanteros de 225 de sección y traseros de 255 (de serie viene con 205) que aumentan el agarre global pero también la resistencia al avance.

Recibe la etiqueta ECO porque integra hibridación ligera, con un motor eléctrico de 20 CV y 200 Nm que ayuda sobre todo a baja velocidad y se alimenta por una red eléctrica adicional de 48 voltios (se suma a la típica de 12).

El cambio de nueve marchas interpreta muy bien al conductor en modo automático y resulta también rápido en el manual, manejándolo con las levas del volante. Y las suspensiones, firmes pero no secas (el paquete AMG introduce una amortiguación más rígida), proporcionan un tacto de marcha aplomado y consistente y también un comportamiento eficaz si se pasa a una conducción más exigente.

Su dinamismo resulta superior al de cualquier SUV equivalente y, con el citado equipamiento AMG, su estabilidad y adherencia ganan enteros y le hacen destacar también entre los turismos similares. Un Serie 3 Touring, por ejemplo, es más ágil en curva y tiene reacciones más vivas, mientras que este Clase C Estate aporta mayor aplomo general.

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