El badén de la M40 y otras incongruencias de nuestras carreteras

Se antoja indiscutible que la red viaria española ha mejorado de forma significativa en las últimas décadas, pese al deterioro evidente de nuestras carreteras en los años más recientes como consecuencia en los recortes presupuestarios y, por tanto, los recursos destinados a su mantenimiento y mejora. En el país hay magníficas carreteras, autovías en ocasiones infrautilizadas y las rotondas de distribución del tráfico han proliferado como flores en esta primavera asfáltica. Precisamente en contraposición a tanto esfuerzo, que en definitiva sale del bolsillo de los contribuyentes, resultan muy llamativas y sorprendentes algunas costumbres en la gestión de las diferentes administraciones.

Gastamos millones de euros en mejorar las carreteras y después se olvidan otros aspectos básicos y mucho menos costosos como el que mencionaba del mantenimiento. También es incomprensible el hecho clamoroso de la desinformación que soportamos todos los automovilistas con los paneles de tráfico diseñados justamente para lo contrario, deberían servir para mantenernos al tanto de lo que ocurre y no para, como es habitual, despistarnos o contarnos lo que ya sabemos. Cada mañana de insoportable atasco mañanero el mensaje en esos indicadores se repite: ‘Atención, retenciones’. ¿Es que acaso piensan que hemos llegado a ese embotellamiento descendiendo de una nave espacial? ¿En serio que no hay nada más valioso que nos puedan contar que el marrón que ya nos estamos comiendo? ¿Quizá podrían darnos alguna alternativa? ¿Es tan difícil saber hasta dónde vamos a seguir detenidos para planificar nuestro tiempo? ¿Tanto cuesta actualizar la información?

Aunque en ocasiones es mejor que no intenten arreglarlo, la carencia absoluta de agilidad de reacciones sólo sirve para complicar más las cosas. Nos avisan de un accidente que ralentiza la circulación, buscamos una escapatoria por la vía de servicio rumbo a otra carretera y, al llegar al punto indicado como conflictivo, nos damos cuenta de que la retención ya es historia porque han retirado los vehículos afectados; eso sí, nosotros nos damos un buen rodeo que habría resultado provechoso en unas condiciones que no son ya las que nos habían pronosticado. ¿La hora (larga) del café en el centro de control de tráfico? Puede ser…

La última incongruencia la están sufriendo a diario miles de madrileños que utilizan la circunvalación de la M40. A las aglomeraciones habituales en las horas punta se une desde hace unas semanas un badén instalado en el kilómetro 51 de esta vía en sentido norte, justo antes de los túneles de El Pardo.

Tiene pinta (así lo ha confirmado la propia Dirección General de Tráfico, esperemos que sea cierto) de ser provisional y la señalización vertical es la que corresponde a este tipo de intervenciones, lo grave es que resulta difícil justificar para qué sirven esas bandas sonoras, primero, y el resalte posterior. La velocidad máxima permitida en ese tramo intervenido es de 60 km/h pero la realidad es que el tráfico llega casi a detenerse, por lo que los atascos han pasado de ser enormes a monumentales. Y todo sin aparente sentido, sin una explicación razonable, sin información al respecto (volvemos a anterior).

Ciertamente es incomprensible que se descuiden así los detalles, que las grandes actuaciones en infraestructuras se vean penalizada por la dejadez humana o puede que por la incompetencia. Porque esto no va de grandes inversiones ni obras faraónicas, simplemente se trata de aplicar el sentido común y cierta diligencia. No hablamos de una crisis económica sino de valores como la profesionalidad, la vocación de servicio y el compromiso. Y es que siempre he dicho que lo más caro es lo que no se puede comprar con dinero…