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Cualquier tiempo pasado fue más divertido

Cualquier tiempo pasado fue más divertido

Coches, motos, olor a gasolina y ruido son los ingredientes básicos de un circuito de velocidad, pero este fin de semana en El Jarama se les ha unido la fiesta.

Los asistentes que fueron al trazado madrileño a ver carreras no salieron defraudados, pero aunque no le gustasen las motos y los coches, tampoco, porque entre escapes libres, cascos y pilotos había un hervidero de gente en un ambiente retro, festivo y lleno de buen humor.

El Jarama Vintage Festival es un homenaje al circuito y a sus tiempos de gloria. Las décadas de los 60, 70 y 80 fueron el caldo de cultivo del automovilismo español y también los mejores años de esa pista. En esta cita se congregan cientos de aficionados con sus coches clásicos (más de 25 años) de variada procedencia. Todos, desde modestos Seat 600 hasta elegantes Ferrari o Jaguar, se vistieron con sus mejores galas para mostrarse a amigos y público en general. Incluso hubo quien se atrevió a darse unas vueltas al circuito en mangas agrupadas por marcas o clubes para matar el gusanillo, eso sí, de paseo. Nada de estridencias ni derrapajes, eso queda para las carreras.

Y carreras hubo, y de las buenas. En el apartado de motos se juntaron nada menos que nueve campeones del mundo (Nieto, Sarron, Agostini, Spencer, Champi, Read, Gould y Beaker), que juntos suman 45 títulos internacionales. Dieron unas vueltas de exhibición a bordo de sus monturas originales demostrando lo mucho que corren esas máquinas. En competición pura, hubo tres mangas de motos clásicas monocilíndricas de la época.

En coches, una nutrida, vistosa y atronadora parrilla de clásicos, que hizo las delicias de los aficionados con largas derrapadas, compartió el fin de semana con varias carreras de Lotus Super Seven. También se rindió homenaje a Emilio de Villota, que debutó en esta pista a bordo de un Lotus con el que dio unas vueltas.

Pero lo realmente importante estaba en el interior del circuito. Entre coches, algunos de auténtica colección, pululaba mucha gente vestida de época y acompañada de animadores ejerciendo de párrocos de sotana o guardia de tráfico con porra y casco. Mercadillos, motocross, actuaciones para los más pequeños y hasta un antiguo autobús de la EMT dieron color a una auténtica fiesta retro en la que los protagonistas fueron los visitantes.

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