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    Super-Cycle // 1936

    La motocicleta del futuro era vista como una suerte de cápsula espacial, con el piloto completamente protegido dentro del habitáculo, dos motores y unas ruedas esféricas de grandes dimensiones que le permitían llegar hasta las 300 millas por hora (482 km/h). Vía Budget Direct Car Insurance

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    Chrysler Heir // 1941

    Obra de Gil Spear, un prolífico diseñador de cuyos lápices salieron los frontales del Plymouth de 1939, el New Yorker del mismo año y el Saratoga de 1940. Este prototipo nunca llegó a producción, pero presentaba un cupé biplaza de corte futurista. Spear fue un adelantado a su tiempo: unos años más tarde propuso a Ford proyectar el velocímetro en el parabrisas, algo que vemos hoy en los Head-Up Display modernos.

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    HobbyPop RoadShop // 1958

    Esta suerte de autobús familiar, de unas dimensiones superiores a las de un monovolumen grande, contaba con un puesto de conducción en posición central y elevada, mientras que la parte inferior era un taller de carpintería.

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    McLouth - XV’61 Concept // 1961

    XV son las siglas de Xperimental Vehicle (‘vehículo experimental’) y era una visión del vehículo familiar del futuro, con una aproximación peculiar que presentaba un habitáculo muy espacioso en el frontal y la zona media, pero que se reducía al mínimo (y con ello la capacidad del maletero) en la zaga. Además, en teoría sería capaz de funcionar sobre un monorraíl.

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    Singlets // 1962

    Aunque en su momento fue percibido como un prototipo arriesgado, lo cierto es que se trataba de un medio de transporte unipersonal –pensado para moverse por ciudad– no muy alejado a algunas propuestas actuales. Su diseñador, Franco Bandini, lo veía como una solución al tráfico, porque en el espacio que ocupaba un coche cabían diez. Además, su coste era una cuarta parte del Fiat 500 de la época.

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    The New Urban Car // 1970

    Fue concebido como una alternativa a los coches del momento: dado que el promedio de ocupantes de los automóviles era de 1,2 personas, Ken W. Purdy propuso un modelo biplaza con soluciones técnicas interesantes. Por un lado, con una turbina de gas en vez de motor de combustión, por lo que contaminaba menos; por otro, combinando la dirección, el acelerador y el freno en una única palanca, lo que ahorraba espacio. Además, toda la cúpula se abría hacia adelante para acceder al interior.

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    Anti-Gravity Car // 1979

    Obra de Syd Mead, reconocido diseñador industrial estadounidense, iba un paso más allá y adelantaba cómo sería un coche antigravedad. No podría volar, sino que se suspendería a cierta altura de la superficie. Es imposible no apreciar la influencia de los cazas TIE de Star Wars en el diseño de los paneles laterales.

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