¿Qué hacemos mal los periodistas del motor?

Hoy toca un poquito de examen de conciencia. A menudo me preguntan por este trabajo de informador del mundo del motor en su faceta del producto (el mundo de la competición merecería otro análisis diferente) y me ha parecido de cierto interés realizar un ejercicio de autocrítica para intentar, desde esa reflexión con luz y taquígrafos, subsanar las deficiencias que podemos presentar como gremio. Y repito que lo hago como colectivo, por supuesto que en estas líneas no pretendo personalizar sino más bien lo contrario, analizar desde la generalidad algunos de los pecados capitales de una profesión tan expuesta a la opinión pública como la nuestra. Sólo espero que nadie, entre mis colegas me refiero, se sienta retratado ni mucho menos ofendido; personalmente me parece saludable asumir nuestros defectos y es así como seré el primero en aplicarme el cuento. Vamos a ello, clarito y al pie…

Desconexión de la realidad del mercado
A menudo nos olvidamos de cuáles son las necesidades o exigencias de nuestra audiencia, que por lo general se relaciona directamente con la realidad del mercado. Es más tentador ponerse al volante de un Porsche o un BWM antes que de un Dacia… Es así como encontramos publicaciones repletas de información de coches o motos carísimos y exclusivos que tienen una penetración mínima en las ventas. Entiendo el factor aspiracional de estas pruebas (eso de que aunque no me lo pueda comprar me gusta conocerlo), pero creo que en ocasiones la desproporción resulta flagrante y poca provechosa para los lectores.

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Excesiva complejidad en la información
La chirigota de la junta de la trócola aplicada al periodismo. Algunos quieren demostrar que saben tanto de mecánica e incluso de ingeniería que ignoran a quiénes se dirigen, confundiéndoles con términos o conceptos que desconocen y por supuesto no les interesan lo más mínimo. La mayoría de compradores basan su decisión en aspectos que poco tienen que ver con árboles de levas, sistemas de inyección, gestión electrónica del motor o tipos de tracción. Un error hablar de pistones y válvulas pero no hacerlo de cómo soportan los tapizados el vómito de un bebé…

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El piloto frustrado
Al hilo de lo anterior, la figura del piloto frustrado reconvertido en periodista también suele distanciarse de forma clamorosa de lo que los lectores esperan y, sobre todo, necesitan. Salvo excepciones muy puntuales de modelos deportivos, la mayoría de aquéllos que buscan información sobre un coche jamás llegarán a ponerlo en una situación tan comprometida como la que retratan algunos. Que un coche balancee en exceso, que sea subvirador o que sus frenos muestren agotamiento tras descender un puerto como si de un tramo de rallies se tratase poco tiene que ver con lo que demandan nuestras audiencias. Puede que a los automovilistas les preocupe más si el acceso a los asientos es fácil o si el pulsador del elevalunas eléctrico queda a mano… Por supuesto que una cosa no debería quitar la otra, pero en algunos casos la tendencia es bien diferente y se priorizan aspectos de poco interés general.

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Mi amigo, el jefe de prensa
Los departamentos de comunicación de las grandes marcas automovilísticas cuentan con equipos de profesionales muy cualificados para atender a la Prensa. Y como el roce hace el cariño, termina por ocurrir que los periodistas especializados caemos en una relación personal y demasiado estrecha con los responsables de esta tarea que puede llegar a condicionar nuestra percepción de sus productos. ¿Es posible criticar un coche cuando la persona que nos lo ha prestado es nuestro amigo? Sí lo es… pero mucho más difícil que cuando un distanciamiento personal impide este tipo de condicionantes. Evidentemente que evitar este tipo de relaciones roza la utopía (y las marcas lo alimentan) pero ello no significa que la práctica establecida sea la más adecuada.

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Compra de voluntades
En la misma línea, una de las tareas de los equipos de comunicación de los fabricantes de automóviles (de los que ya os hablaré algún día también, pero me parecía más justo empezar buscando la viga en el propio ojo) es propiciar esta complicidad con quienes consideran como prescriptores de sus productos. Me cuesta relacionar la palabra fortuna con crisis, así que lo dejaré en que algo que ha cambiado a mejor en estos tiempos de apreturas económicas para todos (también para las grandes empresas) es que se han reducido de forma sustancial los perniciosos hábitos precedentes: presentaciones a todo tren, regalos escandalosos, restaurantes de muchas estrellas, coches en usufructo… Y lo preocupante del asunto no es que las empresas del sector recurran a estas prácticas (están legitimadas para hacerlo dentro de un orden), lo terrible es que su efectividad entre un nutrido grupo de periodistas alimenta que se siga realizando.

El publicitario que escribe
Esta vez sí por fortuna, una especie en vías de extinción. Se trata de aquella persona que basa sus ingresos en una labor eminentemente comercial, la venta de publicidad para su medio a las empresas del sector automovilístico, pero complementada con una actividad supuestamente informativa. El resultado de tal combinación parece tan obvio que apenas necesita explicación: un coche es tan bueno como el dinero que invierta la marca en cuestión en su revista, periódico, web, programa de radio o televisión. El anti periodismo sobre ruedas, ni que decir tiene…

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Sobre la firma

Raúl Romojaro

Una vida sobre ruedas. De piloto (malo) de motocross a periodista deportivo en Diario AS, incluyendo una década en los grandes premios de MotoGP. Apasionado de los coches y las motos, en más de 30 años he tenido el privilegio de probar unos cuantos cientos de unos y de otras. Ahora, subdirector en Prisa Motor. Fue en 1998 cuando cubrió su primera temporada en el Mundial de motos, con un debut tan exótico como el GP de Japón. Una tarea que compaginó con su trabajo diario en la sección de Motor de AS, junto a colaboraciones de producto en publicaciones como Semana o NewLook. A comienzos de los 90, el Grupo Semana lanzo dos revistas especializadas de periodicidad mensual, en colaboración con la editorial italiana Conti Motore. Nacieron así TOP AUTO y TOP MOTO, de las que fue subdirector hasta su incorporación a PRISA en 1996.

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