Víctimas y culpables en el caso de las Harley-Davidson 1HD

Durante los últimos meses, es posible que hayáis tenido noticias de un lío, y de los gordos, con muchas de las motocicletas Harley-Davidson importadas de forma paralela a nuestro país. Personalmente, por mi pasión por esta marca y sus productos, he seguido con mucha atención el desarrollo de los acontecimientos y ahora he decidido que tengo argumentos suficientes para ofrecer mi punto de vista (personal y discutible, desde luego) sobre lo ocurrido. Y para no enfangarnos en un asunto un tanto engorroso, voy a simplificar mi criterio catalogando, en dos grupos claros, a modo de peli del oeste, los implicados en el mismo: los buenos y los malos, las víctimas y los culpables.

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Los culpables

Los importadores paralelos

Empecemos por los responsables de una quimera que ha traído y trae aún de cabeza a muchos usuarios de la marca de Milwaukee. Los grandes culpables de tanto desatino son ciertos importadores paralelos fraudulentos (muchos de ellos sobradamente conocidos y con un suculento volumen de negocio), que han recurrido a prácticas irregulares para abaratar el coste de su gestión e incrementar, consecuentemente, su margen de beneficio. Empresas de dudosa reputación que no han cumplido con los requisitos obligatorios e imprescindibles para la homologación de un vehículo importado, buscando una vía alternativa parta cumplir con este trámite. Su actividad se ha basado en el engaño y el delito, además de en una competencia desleal frente al importador oficial de la marca en el mercado español.

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Los operarios de las ITV

La mala intención de estos importadores precisaba de la connivencia de una serie de trabajadores de las Inspecciones Técnicas de Vehículos, las famosas ITV, que estuvieran dispuestos a ser cómplices de su fraude a cambio de un beneficio económico. Las motos importadas de forma paralela desde Estados Unidos, producidas para ese mercado concreto e identificadas con el código 1HD (que ha dado nombre el caso), deben asumir una serie de modificaciones (emisiones, ópticas, iluminación, instrumentación…) para su regularización en los mercados europeos (motos numeradas 5HD) y ser debidamente validadas un técnico cualificado. Todo el proceso, lógicamente, tiene un coste que algunos astutos empresarios del sector se han ahorrado en su propio beneficio (para hacer sus precios más atractivos). ¿Cómo conseguirlo? Sencillo: sobornando al técnico que debía realizar la homologación, de manera que la moto obtuviera su correspondiente ficha técnica sin necesidad siquiera de pasar por la estación de ITV. En definitiva, un delito claro de prevaricación.

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Las víctimas

Los compradores de motos paralelas

Son los grandes damnificados de todo el asunto. Animados por la ilusión y la pasión que genera una marca como Harley, compradores de sus modelos recurrían al mercado paralelo con la intención de acceder a un producto de menor precio. En principio, debería ser así al tratarse de motos usadas, de segunda mano, y también porque, al menos teóricamente, estos importadores aplicaban un margen de beneficio menor. Así que el cliente se llevaba a casa una Harley genuina, con sus papeles en regla y por menos dinero que si la hubiera comprado en un concesionario oficial. Todo perfecto hasta que la Guardia Civil detecto el fraude de los importadores paralelos y las ITV corruptas, comenzando a confiscar documentaciones e inmovilizar motocicletas de esos compradores, absolutamente ajenos al delito cometido por los anteriores. Y éste es el único punto de todo el conflicto que he sido incapaz de comprende en este tiempo: las razones que han llevado a las autoridades a actuar contra los damnificados, no haciéndolo exclusivamente contra quienes les han timado, literalmente….

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El importador oficial, Harley-Davidson España

Muchos han visto a Harley-Davidson España, el importador oficial y representante de la marca en nuestro país, como la mano negra que ha orquestado desde la oscuridad esta persecución contra las motos paralelas. Es evidente que a HD España no le hace ninguna gracia la actividad de estos importadores, que le han restado un significativo volumen de ventas y, como ha quedado demostrado ahora, utilizando práctica de competencia desleal. Pero la importación paralela realizada dentro de la legalidad es un instrumento disponible para estas empresas, así que al oficial no le queda otra que aceptarlo e intentar mejorar sus resultados con otros argumentos. Y entre ellos no ha estado en ningún momento, tengo la certeza absoluta, el perseguir a los compradores de estas motos, ni siquiera a las empresas fraudulentas. El escándalo ha caído por su propio peso, porque la práctica ilegal era conocida en los círculos harlistas desde hacía mucho tiempo y, lógicamente, su existencia tenía que llegar, tarde o temprano, a quienes se encargan de perseguirla.

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La imagen de la marca en nuestro país

Bien es verdad que, inicialmente, Harley-Davidson no gestionó con todo el acierto exigible esta crisis de reputación. A partir de un artículo publicado en el diario 'El País', los afectados se alzaron en armas contra la marca y la reacción de su importador oficial no ayudó en una primera fase a calmar los ánimos. Desde la compañía no tardaron en enderezar el rumbo, y con bastante eficacia, pero el daño ya estaba hecho. Y es que con las Harley se produce un fenómeno curioso, diría que casi único en el sector de la automoción: hay auténticos apasionados de sus productos que, sin embargo, rechazan frontalmente a la empresa que los fabrica. Y los damnificados en este caso reflejaron toda su frustración e ira contra quien nada tenía que ver en el asunto, personalizando esos sentimientos incluso contra Josep Grañó, el director general de la marca en España. Así que hoy, son muchos más los que odian a la 'Motor Company' que hace sólo unos meses…

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Todos los usuarios de Harley

Y finalmente, todos los que utilizamos una Harley, con origen en el importador oficial o en otros paralelos, hemos sufrido un serio perjuicio. Su imagen queda devaluada de forma significativa, reforzando ese estereotipo de motorista al margen de la ley, que monta una Harley ruidosa e ilegal y no respeta las normas. Un perfil bien diferente al de la mayoría de usuarios de la marca en España y que, sin embargo, se han convertido en el centro de atención para muchas miradas condicionadas por los prejuicios. Incluyendo en este deterioro su relación, y la de la propia marca, con las ITV y los agentes de la autoridad, que a raíz de tanto despropósito han comenzado a tener una perspectiva nada positiva de este colectivo…

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En definitiva, que nadie ha ganado con todo este lío. Y una vez que el daño está hecho, lo único que deberíamos esperar es que se depuren las responsabilidades necesarias, que los que han defraudado a sus clientes y a la ley paguen por ello y los usuarios no se conviertan en la cabeza de turco del caso, como el eslabón más débil de la cadena. Ellos sólo quieren disfrutar de la sensación única de ponerse al manillar de una Harley… y tiene derecho a hacerlo. Todo mi apoyo desde aquí.

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