Pruebas

Al volante del Jaguar E-Pace, el cachorro de los SUV

El todocamino inglés ya está disponible en los concesionarios con unos precios que van desde 37.450 hasta 70.400 euros.

Jaguar E Pace

Las formas del E-Pace recuerdan a las de su hermano mayor F-Pace.

Aunque con un poco de retraso, Jaguar llega al segmento que más crece en Europa, el de los SUV de tamaño medio o compacto. Eso sí, manteniendo las distancias y la fuerte personalidad que se espera de un Jaguar. El Jaguar E-Pace ya está disponible en los concesionarios con unos precios que van desde 37.450 hasta 70.400 euros.

Para empezar, su estética es una traslación a menores dimensiones del Jaguar F-Pace, pero con algunos detalles añadidos a su silueta para reafirmar la impresión de fuerza que debe tener un modelo con el logotipo del felino. Como explica Ian Callum, director de Diseño de la marca, la idea es transmitir una estética de cachorro de la fiera, con ojos (faros) y patas (ruedas) proporcionalmente más grandes que los de un adulto.

Otra sugerencia estética importante es la caída posterior de la carrocería elevada, con formas de cupé. Y es que el E-Pace es un SUV compacto, pero también está pensado y desarrollado para dar la batalla a su manera en el segmento de los coches más deportivos.

El E-Pace mide 4,39 m y se asienta sobre ruedas de 20 pulgadas que pueden ser incluso de 21. Aunque las líneas de la carrocería, sin ser tan angulosas, evocan claramente a su hermano mayor F-Pace, está desarrollado sobre un nuevo chasis que ha tomado su origen en el del Range Rover Evoque. Por debajo de la cubierta mixta de acero y aluminio del último modelo Jaguar se alberga una mecánica inédita, con nuevos ejes, suspensiones y transmisiones.

Un salpicadero de presencia impecable

Y también un interior original, de sorprendente salpicadero, forrado de slush (una clase superior de plástico que nada tiene que envidiar en calidad percibida al cuero), de forma abombada y separado en dos ambientes para conductor y copiloto. Destaca el exquisito acabado general, más refinado en el detalle incluso que el del F-Pace, y unas plazas traseras para tres pasajeros y con espacio generoso para las piernas. Por detrás, un maletero con 557 litros de capacidad disipará cualquier duda al respecto al estar en consonancia con lo habitual en este tipo de coche.

Tras este reconocimiento visual, se impone un previo análisis de la ficha técnica en la que llaman la atención tres características. La primera es que la gama de motores ser restringe sólo a bloques de cuatro cilindros Ingenium, tanto diésel como gasolina, algo inusual para Jaguar. La propuesta mecánica inicial se compone de tres motores diésel, de 150, 180 y 240 CV, más dos de gasolina con 249 y 300 CV.

Jaguar E Pace

La otra constatación sobre el papel es el apabullante despliegue técnico en cuanto a la transmisión. Englobados bajo la denominación Active Driveline, un conjunto de sistemas de reparto y regulación de la fuerza motriz permiten al E-pace adaptarse de forma automática a cualquier estado del firme, dentro y fuera del asfalto. Con la particularidad de potenciar siempre el fuerte carácter deportivo que la propulsión trasera ha aportado a los Jaguar más legendarios.

Por último, en las características técnicas del nuevo Jaguar llama la atención el dato del peso, bastante por encima del declarado por sus congéneres entre los SUV del mismo tamaño. Sobre la báscula el E-Pace se apunta 1.775 kg en su versión diésel más sencilla de dos ruedas motrices y cambio manual y llega hasta los 1.921 en el diésel de cuatro ruedas motrices y cambio automático. Son cifras que están sensiblemente por encima de la media entre los SUV de tamaño compacto.

El poder de la electrónica

En esta primera prueba dinámica nos centramos en el motor diésel de acceso, de 150 CV, y en el de gasolina de 300 CV, el más potente y deportivo de la gama por el momento. Ambos dotados de la caja de cambios automática de 9 relaciones.

El motor diésel destaca por su baja sonoridad y suavidad en las aceleraciones. Mientras cumple satisfactoriamente en ciudad. En carretera, y sobre todo en montaña, se desearía una mayor respuesta a bajo y medio régimen, circunstancia que obliga a utilizar el cambio secuencial para elevar el régimen de giro del motor. Con el modo automático, el cambio presenta demasiado salto entre algunas relaciones, lo cual perjudica en ocasiones también la respuesta, demasiado perezosa.

Con el motor de gasolina más potente, los 300 CV disponibles aportan ya unas respuestas netamente deportivas. Pero el cambio automático sigue mostrando ciertas dudas en su actuación, sus desarrollos tienden a ser demasiado largos y, cuando se alcanzan regímenes elevados, su sonoridad delata demasiado su condición de cuatro cilindros “apretado” y hace pensar en la suavidad y discreción de un seis cilindros, tan afecta a la sofisticada tradición de Jaguar.

En cuanto al comportamiento dinámico del Jaguar, las posibles reticencias de un peso por encima de lo normal se olvidan en los primeros tramos de curvas. Gracias al sistema Configurable Dynamics podemos adaptar parámetros como la respuesta del motor, la transmisión, la dirección (especialmente precisa) y en las versiones que lo equipen el chasis adaptativo para conseguir un comportamiento a medida de las exigencias. El resultado es un coche muy ágil y seguro en los giros, superior en deportividad al F-Pace, que evoluciona por montaña sin balanceos de carrocería ni perjudiciales inercias a la hora de enlazar las curvas.

Jaguar E Pace

Es destacable el excelente funcionamiento del nuevo sistema de tracción Active Driveline que incorpora el Jaguar E-Pace. Su cometido es repartir la fuerza de par entre los ejes para conseguir siempre la mejor motricidad, pero también ayuda a la conducción anticipando los giros y manteniendo las ruedas sobre la mejor trayectoria. El resultado es muy satisfactorio y hace del nuevo SUV Jaguar un coche muy seguro y atractivo a la hora de conducirlo.

Y también funciona muy bien fuera del asfalto, donde el Jaguar E-Pace progresa por caminos y pistas en mal estado con mucha eficacia. Una generosa altura libre al suelo y el buen hacer de la electrónica al gestionar la cambiante adherencia bajo las ruedas permiten al cachorro de Jaguar jugar a sus anchas también por el campo.


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