La lluvia en verano: cómo afrontarla con seguridad

La lluvia siempre es un motivo para estar alerta al volante, pero cuando sucede en verano, debemos poner todavía algo más de atención.

Por norma general, todos deberíamos aflojar un poco el ritmo con lluvia, ir algo más despacio para tener mejor visibilidad, para mantener una distancia de seguridad más amplia con el que va por delante de nosotros y sobre todo, para tener más control de una situación que se nos puede ir de las manos.

Con esto no queremos decir que conducir bajo la lluvia sea un peligro, sino que la lluvia, simplemente, limita nuestra visibilidad y reduce la capacidad de agarre de los neumáticos. En lluvia, lógicamente, todavía nos conviene más llevar bien las presiones de los neumáticos, pues una frenada cuatro o cinco metros más larga es una gran diferencia con respecto a una que sea más corta. Simplemente hay que pensar en reducir un 10% el ritmo que llevemos, que no es mucho pedir, ¿verdad?

En verano no estamos esperando la lluvia, así que cuando esta se produce seguramente pensemos que es algo anecdótico, o simplemente puede que nos pille por sorpresa. Por definición la lluvia de verano no es diferente a la que podamos experimentar en cualquier otra época del año.

Sin embargo, en verano ocurre que, primero, las lluvias que se producen pueden ser más “explosivas”; segundo, el polvo en el ambiente o sobre nuestro propio coche nos puede jugar una mala pasada; y tercero, las lluvias de verano se suelen producir al anochecer, cuando bajan las temperaturas.

El polvo sobre el asfalto tiene una consecuencia directa sobre el agarre que podemos tener una vez empieza a llover, porque se formará una fina película de barro, algo casi imperceptible, pero que sí está en los “poros” del asfalto, contribuyendo a que disminuya el agarre de forma que sí se nota, pero no se ve. Es por eso que los primeros momentos en que descarga la lluvia implican más riesgo, pues el asfalto aún ha de limpiarse y es resbaladizo.

Si llueve de forma continua, el barro desaparecerá, se limpiará, y ya no tendremos ese problema. Por otro lado, si nuestro coche acumula polvo de esos días calurosos, de haber conducido por algún camino, cerca de la playa, o donde sea, un parabrisas y escobillas sucios pueden resultar en una “pasta” que, mezclada con la probable presencia de insectos en el cristal, haga que nuestra visibilidad caiga varios puntos. Y si llueve al anochecer, como suele suceder, peor vamos a ver.

Para afrontar la lluvia de verano con seguridad no está de más mantener el coche lo más limpio que se pueda, sobre todo las partes que se relacionan con la visibilidad (parabrisas, lunas en general, faros y luces), y comprobar que las escobillas limpien bien, que hagan contacto con toda la superficie a limpiar y que no hagan ruidos o chirridos, síntoma inequívoco de que están listas para ser reemplazadas.

Por lo demás, las precauciones han de ser las normales: reducir el ritmo según nos indique nuestro sentido común, y la visibilidad en las condiciones del momento, anticipar toda maniobra que pensemos realizar, evitar el adelantamiento (si es posible) y tener en cuenta que la lluvia, la noche y las prisas no son compatibles.

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