Conducir

7 señales inequívocas de que debes cambiar de coche

El tiempo también pasa para los automóviles y es importante saber reconocer cuándo ha llegado el momento de renovarlo.

Cambiar de coche

No la tomes con tu pobre coche, no tiene la culpa, solo está mayor.

Elegir coche, ¡qué momento tan complicado! Se trata una decisión importante porque supone el desembolso de una gran cantidad de dinero y porque tu vehículo va a pasar contigo (a priori) mucho tiempo. Evaluar aspectos como la practicidad, el equipamiento, el rendimiento o el consumo supone un trabajo arduo. Comparar unos modelos con otros lleva su tiempo. Por eso, quizá, cuando por fin encontramos un coche que nos encaja, aunque pasen los años nos cuesta tanto deshacernos de él y cambiarlo por otro.

Pero llega un día en el que la decisión parece ya inaplazable y hay síntomas claros de que ha llegado la hora de cambiar de coche. Estas son las pistas más evidentes de que el momento de la renovación ha llegado.

ARRANCA, CAMPEÓN

Es una fría mañana de febrero, el reloj todavía no marca las ocho de la mañana y el termómetro aún mide los grados negativo. Te pones al volante, cruzas los dedos y das el contacto. Nada. Nuevo intento. Un leve gruñido. Resoplas. Otra vez. Ahora el gruñido se alarga y amenaza con acabar en rugido… pero no. “Venga, arranca campeón”, piensas. Al tercer giro de llave el gemido suena desgarrador pero, tras unos instantes de tensión, escuchas vibrar el motor. Conseguido. Y solo ha tardado ocho minutos en ponerse en marcha.

MEJOR APARCARLO A LA VUELTA DE LA ESQUINA

Puede que la estética no sea el factor esencial en un automóvil, pero también es verdad que muchos lo compran por su diseño y por la representatividad que puede llegar a ofrecer, de un estilo de vida o de una posición social. Sin llegar a los extremos, tampoco es plan conducir un coche que parece estar dirigiéndose al desguace. La pintura deteriorada, abolladuras en la chapa, intermitentes rotos, paragolpes descolgados… Si casi te avergüenza que te vean al volante de semejante esperpento, si lo aparcas a la vuelta de la esquina para pasar desapercibido al bajarte de él, ya tienes otra buena razón para decidirte a cambiarlo.

LAS CUESTAS SON UNA DURA PRUEBA

Te desenvuelves como pez en el agua en ciudad y autopista, pero cada vez que toca encarar un puerto de montaña… complicado. Yendo solo la cosa tiene un pase, pero si el coche va cargado toca armarse de paciencia. Porque no tira, aprietas el acelerador hasta el fondo e incluso así mantiene su perezoso ritmo de ascenso. Parece que haya perdido caballos desde que te lo compraste… hace quince años.

EN EL TALLER TE PREGUNTAN: ¿LO DE SIEMPRE?

Eres un habitual en el taller de tu barrio y, si echas cuentas, no pasan ni dos meses entre visita y visita. Cuando no es un manguito es el motor del elevalunas y, si no, algún otro problema eléctrico. Son pequeñas averías, pero continuas. Si lo piensas con calma, es lógico y normal: son achaques de la edad pero tu bolsillo se resiente.

ESCUCHAS MÚSICA EN CASETE

Al encender el motor, la primera canción que se escucha es “Ojalá que llueva café en el campo” de Juan Luis Guerra; la segunda es “Mi tierra” de Gloria Estefan y la tercera, uno de los grandes éxitos de Los Chunguitos. Abres la guantera y el repertorio de casetes es digno de un expositor de área de descanso. Igual es el momento de pasarse a tecnologías más modernas, un reproductor de CD, por ejemplo.

TU NAVEGADOR ES DE PAPEL

Y desplegable. Y una vez abierto ocupa prácticamente todo el habitáculo. Pero hay algo místico en abrir un mapa de carreteras, buscar el camino a mano y lanzarse a la aventura. Quieres consolarte pensando que los navegadores son para conductores sin agallas y domingueros. Aunque quizá sean más prácticos…

LA FAMILIA CRECE

Tu flamante cupé era una delicia cuando eras joven y solo estabais tu pareja y tú, pero ya ha llegado el primer bebé. Ahora es el momento de poner en práctica todas esas horas jugando al Tetris, porque meter el carrito en el maletero es todo un reto y colocar al peque en la sillita de las plazas traseras casi una obra de ingeniería. Un buen maletero sería ahora toda una bendición.

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