¿Realmente se puede utilizar un Tesla como coche único?

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Cuando uno ha pasado toda una vida entre motores de combustión, sonidos de escapes e incluso el aroma del lubricante de dos tiempos cuesta hacerse a la idea de que esa época toca a su fin. No será quizá con la inmediatez que algunos intentan hacernos creer, pero es evidente que el proceso de electrificación de la movilidad resulta imparable. Personalmente, debo reconocerlo por lo que señalaba en las primeras líneas, no me entusiasma la idea. Lo que no significa que no asuma la necesidad de reducir las emisiones contaminantes y admita que la revolución es irreversible y necesaria. No creo que llegue a ser un converso de la causa, aunque tampoco quiero dar la espalda a una realidad incontestable.

Sirva esta introducción para justificar el interés que tenía en probar un Tesla, para muchos la marca de referencia que lidera esta carrera por mover los vehículos con electricidad. Por fin llegó la oportunidad e intente afrontarla sin prejuicios, con la mente abierta y buscando ponerme en el papel de cualquier usuario que quisiera descubrir las ventajas de una tecnología de la que tanto nos queda por aprender. Así que con ese planteamiento me puse al volante de un Model S 100D, la berlina con mayor autonomía de la marca estadounidense.

No pretendo convertir este texto en una prueba al uso del coche, realizamos ya una en profundidad y muy detallada recientemente en EL MOTOR. Mi intención pasa más bien por transmitir la experiencia de conducir un Tesla durante unos días en todo tipo de carreteras y en ciudad, viajando a su volante, utilizar su red de carga rápida, comprobando su autonomía real y hacer balance de todo ello de la manera más objetiva y sencilla posible. Y adelanto que la tarea es más ardua de lo que parece (me disculpo de antemano por la extensión del texto), desde luego que no se trata de un coche en absoluto convencional.

Un concepto diferente

Y empezando precisamente por esta percepción, diría que un Tesla es mucho más que un simple automóvil. Se trata de una manera de entender la movilidad, de comprometerse con el cuidado medioambiental y de disfrutar de la tecnología y la conectividad. Nada más y nada menos. Habrá quien comulgue con este planteamiento y quien directamente lo repudie, ésa es obviamente una decisión muy personal. Los segundos quizá deban ahorrarse lo que llega a continuación; los primeros pueden acercarse a la experiencia de una forma completamente diferente de moverse, viajar e incluso conducir.

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Para evitar sustos posteriores, es necesario señalar en este punto que el Model S 100D es un automóvil de 113.180 euros. Por tanto, un vehículo destinado a un público muy determinado, el mismo que podría pensar en comprarse una gran berlina de representación de una marca premium: cuesta, por ejemplo, sólo 4.000 euros menos que un Mercedes-Benz Clase S 500, el lujo sobre ruedas con un motor de gasolina 435 CV. Decidirse por un Tesla y no por otra opción más convencional supone ya en sí mismo una declaración de principios que el comprador debe realizar con convencimiento, siendo consciente de que asume determinadas renuncias para satisfacer otras inquietudes… quizá menos mundanas.

Partiendo de tal premisa la experiencia que ofrece el Model S me parece entusiasmante. Nunca pensé que llegaría a ser tan taxativo con semejante afirmación, pero lo cierto es que el coche me ha encantado. ¿Si me lo compraría? Si tuviera tal cantidad de dinero disponible y con ella otros vehículos en mi garaje, lo haría sin dudar un instante. Me parece que es un acercamiento a la automoción del mañana que ninguna otra propuesta está en disposición de ofrecer a día de hoy. Quizá en poco tiempo la cosa sea diferente (las grandes marcas han lanzado su ofensiva de electrificación e indudablemente pondrán en aprietos a los pioneros de Tesla), pero por el momento creo que no hay nada igual en cuanto a eficiencia, autonomía, conectividad y tecnología.

Insisto en que un Model S poco tiene que ver con un coche al uso. Su diseño es el de una berlina y puede que su aspecto resulte lo más convencional del conjunto, sin que ello quiera decir que su aerodinámico perfil deje de ser llamativo o de anticipar que se trata de un automóvil particular. El interior es absolutamente diferenciador. Sencillez de líneas y acabados que contrastan con la imponente presencia de una gran pantalla central de 17 pulgadas, una diagonal de 43 centímetros. Yo he trabajado muchos años con monitores de ordenador más pequeños que eso…

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Un despliegue que en absoluto es gratuito, su función supera con mucho el hecho de impresionar a todo aquél que se sube al Model S. Con un manejo táctil, como no podría ser de otro modo, esa pantalla es el centro de control principal del automóvil, con infinidad de posibilidades, opciones y comandos que hacen de su manejo una experiencia incomparable. Por supuesto que algunas funciones esenciales se presentan a modo de atajo en unos pocos botones convencionales, pero por el mero placer de descubrir todo lo que se puede hacer con el sistema operativo de Tesla merece la pena conocer este coche.

Su funcionamiento es absolutamente intuitivo, similar al de cualquier tableta del mercado, y la información más relevante se puede visualizar también en el panel de la instrumentación a elección del conductor. Porque en este punto hay que apelar a la responsabilidad de los usuarios para evitar que la ingente cantidad de información disponible de forma permanente se traduzca en distracciones al volante. Sería, como siempre, un error humano y no de la máquina, porque ya digo que todo lo imprescindible se puede visualizar y controlar sin necesidad de recurrir a la pantalla central.

Algunos detalles mejorables

El resto del habitáculo tiene una calidad correcta pero no al nivel de los que podrían ser sus competidores por precio. Sus acabados o equipamiento distan de los de un Audi A8, por citar otra referencia, con ciertos detalles mejorables sin duda: unos parasoles demasiado pequeños, luces de cortesía escasas, tampoco aparecen asideros en el techo, los cinturones de seguridad no son regulables en altura… La habitabilidad, en cambio, es la propia de una gran berlina, con cinco plazas generosas y un doble maletero: el trasero principal de unos excelentes 750 litros y otro auxiliar bajo el capó, que ocuparía un motor de combustión, de 59 litros añadidos.

Lo que realmente fascina del Tesla Model S 100D es su conducción. No por su dinamismo, sino por las sensaciones inéditas que le conceden sus dos motores eléctricos, uno acoplado a cada eje. Su potencia total es de 423 CV, lo que le permite alcanzar los 250 km/h de velocidad punta. Sin embargo, su característica prestacional más impresionante (como ocurre en la mayoría de los eléctricos) es la aceleración, con un registro de 0 a 100 km/h en sólo 4,3 segundos. Más allá de las cifras, es capaz de dibujar en el rostro del conductor (y de sus acompañantes más atrevidos) una sonrisa cuando se decide pisar a fondo el pedal del acelerador… siendo conscientes de que la exigencia de energía se reflejará casi de inmediato en la carga de las baterías.

Llegamos así a otra de las cuestiones claves de la movilidad eléctrica: la autonomía. Un aspecto en el que el Model S 100D (con una batería superior al convencional 75D) no tiene competidor, insisto en que al menos en estos momentos y a la espera de la llegada de nuevos protagonistas de este segmento superior de los eléctricos. Homologa 632 kilómetros en ciclo NEDC, un dato que traducido a la realidad se podría cifrar en medio millar de kilómetros por carga. Me refiero a un promedio porque en cualquier vehículo eléctrico, hasta en una bicicleta de pedaleo asistido, el alcance varía de forma sustancial dependiendo del tipo de conducción que se realice.

Siendo muy cuidadoso con el acelerador y en recorridos principalmente urbanos, la autonomía puede rondar unos impresionantes 600 kilómetros. En el extremo contrario, en el de máxima exigencia prestacional y con poca atención a la solicitud de energía, la cifra caería incluso hasta los 300 kilómetros. Pero en el equilibrio de circular con normalidad (a 120 km/h en autovía) y sin renunciar a aceleraciones puntuales cuando el tráfico así lo exija, completar entre 450 y 500 kilómetros no es en absoluto complicado ni extraordinario. Una distancia que, sin duda, es ya convincente para un buen número de usuarios, permitiendo abordar incluso viajes de cierta entidad por carretera.

El milagro de los supercargadores

La recarga es otra de las ventajas más evidentes que ofrece Tesla, que se esfuerza en ofrecer a sus clientes una red que pueda satisfacer sus necesidades sin enfrentarse a la angustia de verse inmovilizado en un arcén con las baterías agotadas. La marca cuenta con una red de 26 supercargadores, con 210 puntos de conexión, repartidos por la geografía española, que permiten disponer de ellos en la mayoría de las grandes rutas radiales de la península. Tan solo (también en esto) Galicia se queda desamparada del servicio, porque por lo demás es posible viajar de Barcelona a Málaga con un Tesla recargando cuando sea necesario en uno de estos puntos ultrarrápidos.

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Porque sin duda lo son. Utilizando uno de los postes del supercargador de Tordesillas (Valladolid) y con el coche a un 15% de carga, alcanzó el 80% en apenas 30 minutos, completando el 20% restante en otra media hora. Realicé una parada para almorzar mientras que realizaba el proceso, aunque me hubiera bastado con una visita al aseo, un buen pincho de tortilla y un refresco para continuar la ruta sin problemas. Todo el procedimiento se puede verificar de modo remoto a través de una aplicación móvil que nos comunica con el coche, no sólo para esta tarea sino también otras igualmente prácticas como el control de la climatización.

Por supuesto que al margen de estos puntos exclusivos de Tesla (que siguen siendo pocos pese a todo, aunque como la generalidad de la recarga eléctrica en España), cualquiera de sus vehículos puede abastecerse de energía en una toma de corriente convencional o en otros puntos de recarga no exclusivos. Lo primero es poco aconsejable porque el ritmo al que la batería vuelve a la vida es de ocho kilómetros por cada hora de conexión, es decir, que para tener 100 más de autonomía se necesitaría media jornada.

Las alternativas para este suplicio (inevitable por la capacidad de la batería) son dos. La más evidente, por ineludible para quien compre un coche de este estilo, es la instalación por parte del propietario de un punto de carga de pared capaz de suministrar hasta 80 kilómetros a la hora, con lo que en horario nocturno la batería volvería a la vida por completo. Una operación que, obviamente, no se debe realizar a diario sino tan sólo cuando las necesidades de utilización así lo requieran (al igual que no paramos en la gasolinera cada vez que cogemos el coche, lo hacemos cuando necesitamos combustible).

Para desplazamientos distantes del domicilio o trabajo del propietario, Tesla propone lo que denomina puntos de recarga en destino. Se trata de establecimientos (hoteles, restaurantes, centros comerciales…) con los que la marca ha llegado a un acuerdo para poner a disposición de sus clientes de un punto de recarga para uso eventual, con una potencia como la de los anteriores y que ya son 300 en toda España. Sin olvidar que la operación también es posible en cualquier otro punto de recarga público que esté disponible para el conductor, sin necesidad de que sea exclusivo de la marca.

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Con todo, lo cierto es que con el Model S no he sufrido, ni siquiera viajando, la angustia habitual que generan otros eléctricos de encontrarte inmovilizado y sin más recurso que subir el coche a una grúa. Afrontar desplazamientos ambiciosos exige una planificación a la que no estamos habituados por ahora, calcular el recorrido en base a las posibilidades de carga y el tiempo que precisará la operación. Una tarea que, dicho sea de paso, es capaz de realizar el propio software del Tesla sobre la marcha, aunque en ese caso puede ocurrir que debamos asumir más desvíos de la ruta de los deseables.

Con más tiempo de utilización, aprendiendo de sus posibilidades, con una experiencia más amplia sobre el consumo en todo tipo de situaciones y manejando el proceso de carga con soltura el potencial de uso del Model S seguramente se incrementará de forma exponencial. Lo más revelador de este contacto ha sido alcanzar el convencimiento de que la movilidad total eléctrica en absoluto es una utopía, que Tesla ha abierto un camino que muchos siguen ya y que a día de hoy es una alternativa real incluso como coche único familiar. Siempre, insisto, que se realice la elección desde la reflexión y el conocimiento de las muchas ventajas y los pocos inconvenientes de un automóvil que anticipa el futuro.

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