Un impulso ajustado a la realidad

Tráfico

El Gobierno de España ha puesto en marcha con efecto inmediato un plan de impulso a la industria de la automoción. Se hacía tan necesario como por urgente por las devastadoras consecuencias que la covid-19 está teniendo en el sector, vapuleado como pocos al tratarse de bienes de consumo de un precio elevado y, por tanto, muy afectados en coyunturas adversas.

Diría que el planteamiento de estas ayudas se ciñe bastante a la realidad social y económica del país. Parece que, ahora sí, los responsables políticos han escuchado las reivindicaciones sectoriales y se han tenido en cuenta las necesidades de casi todos los actores protagonistas en el nuevo escenario de la movilidad.

Y puntualizo casi todos porque las motocicletas vuelven a salir mal paradas. Se contemplan subvenciones para los modelos eléctricos, pero se deja fuera a todos los demás dentro del plan de renovación del parque en el que sí se incluyen al resto de los vehículos. La moto también sufre en España un problema serio envejecimiento del parque, que merecería de una solución por el tipo de transporte eficaz y eficiente que es. Una discriminación incomprensible y que refrenda el poco peso específico de este sector frente a otros, incluyendo el muy comparable de las bicicletas.

Al margen de esta incongruencia, creo que el denominado ‘Plan de impulso de la cadena de valor de la industria de la automoción: hacia una movilidad sostenible y conectada’ responde a buena parte de las necesidad del sector. Son varios los aspectos que se contemplan, incluyendo industriales, infraestructuras, transporte e innovación. Ciñéndonos a lo que más directamente afecta al ciudadano, la compra de un automóvil, se ha logrado un acertado compromiso entre la realidad actual y las aspiraciones de futuro.

Nadie duda ya sobre la apremiante necesidad de reducir las emisiones contaminantes generadas por la movilidad y de que la electrificación de las mecánicas es el camino, al menos a día de hoy, más efectivo. Lo que no significa que estas tecnologías sigan estando lastradas en la actualidad por condicionantes como la autonomía, el precio y una red de recarga deficiente, por lo que no son válidas para todos los usuarios. Se deben incentivar y promocionar, así que se destinan 100 millones de euros a ayudas a la compra de vehículos con etiqueta Cero de la DGT.

Carga

Con estas subvenciones, algunos modelos electrificados ganarán competitividad de forma evidente, con unos premios más ajustados y próximos a los de otros convencionales. Habrá compradores que se sientan tentados por las ventajas de estos vehículos, una buena iniciativa por tanto para animar su venta y minimizar el inconveniente del precio.

Sin embargo, la responsabilidad y la lógica empujan a pensar que la inmensa mayoría de conductores deberán seguir apostando por los automóviles de combustión, justamente por las limitaciones antes señaladas. Serán coches con emisiones, pero muy inferiores a las correspondientes a un parque móvil obsoleto y altamente contaminante. Por eso me parece todo un acierto la partida de 250 millones de euros a coches de gasolina, diésel o híbridos con etiqueta Eco y C.

En un mundo ideal, lo deseable hubiera sido centralizar todos los esfuerzos económicos en la electrificación de la movilidad, como han reclamado incluso algunos colectivos. La evidencia, sin embargo, es bien diferente en estos momentos y tras la crisis que afrontará el sector a causa de la pandemia. No se debe perder este horizonte de la descarbonización, por supuesto, pero lo urgente ahora es reactivar una industria y comercio muy debilitados, del que además dependen dos millones de puestos de trabajo (650.000 de ellos directos), el 10% del producto interior bruto nacional y el 19% de las exportaciones españolas.

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