Pasaporte ecológico para el campo

La KTM Freeride-E funciona con baterías y, como no genera emisiones, puede acceder a ciertas zonas restringidas

El ruido y las emisiones siempre han lastrado la buena imagen de las motos de campo. En estas últimas décadas, la Administración ha ido restringiendo su uso fuera de las carreteras, hasta el punto de que en algunas comunidades autónomas está prohibido circular con ellas por el campo. En Cataluña se han acotado espacios para su utilización y la federación regional emite una especie de licencia verdepara que los usuarios que la soliciten puedan acceder a estas zonas (previo pago). El aficionado madrileño debe emigrar a comunidades vecinas.

KTM ha presentado en la estación de esquí alpino de Hinterglemm, en el corazón del Tirol austriaco, sus nuevas Freeride eléctricas. Solo su silencio absoluto en marcha y ausencia de emisiones contaminantes han hecho posible conseguir los permisos para disfrutar recorriendo ese paraje alpino a lomos de un vehículo motorizado.








Panel de control.




Aparentemente, si obviamos el tema de su propulsión, la Freeride eléctrica es muy parecida a la de motor de explosión. Sus dimensiones, ruedas, suspensiones, frenos… se diferencian muy poco, solo que el motor eléctrico es mucho más pequeño, estrecho y ligero que el de explosión. Como contrapartida, la batería es mucho más grande y pesada (28 kilos) que el depósito de siete litros de su hermana de gasolina. En cuanto a cifras totales, pesa 110 kilos, unos 11 más que la 250cc de gasolina.

Al conectar la llave de contacto, se ilumina un pequeño cuadro que tiene unas escalas verdes a sus lados (indicador del nivel de carga de la batería), tres casillas numeradas en rojo (para mostrar el modo de motor elegido) y una luz anaranjada abajo con un pulsador para cambiar estos modos.

Hay un botón de arranque en la piña derecha: le das y no pasa nada, pero al girar el puño de gas, la Freeride-E se pone en movimiento. Lo hace sin un ruido, sin una vibración. La energía de su respuesta va de acuerdo con el modo que hayamos seleccionado. El 1 es el más pausado, muy adecuado para moverse por terrenos complicados cuando no tenemos mucha experiencia. El 2 es el estándar, con una respuesta más poderosa. Y el 3 es el avanzado, donde despliega todo su potencial. El consumo va de acuerdo con los tres modos y en el 3 es en el que menos tiempo nos durará una carga de su batería.








Batería en recarga.




Dinámicamente va muy bien, su motor no se para nunca y bastidor, frenos y suspensiones cumplen con buena nota su cometido. Hay que acostumbrarse a que no lleva palancas en los pies, ni de freno trasero (va en el lugar de la maneta del embrague), ni de cambio, que un veterano de moto de campo seguro que las echa de menos. Hay que señalar algunos puntos intrínsecos de este tipo de propulsores. Su potencia máxima puntual son 22 CV, pero la continua está homologada a 15 CV, con lo que es apta para conducirla desde los 16 años y también con el carné de coche, lo que supone una gran ventaja. Por otra parte, tiene un considerable par motor, 42 Nm o newton metro, y los suministra desde cero revoluciones, por eso se puede parar en mitad de una trialera, abrir el gas y siempre tendrás tracción en la rueda. Su velocidad máxima, con el desarrollo de serie, está limitada a unos 75 u 80 km/h, suficiente para circular por pistas de tierra y de sobra para el campo a través.

Sus principales inconvenientes son su autonomía y el precio. Disponemos de energía desde 35 minutos a 1 hora y 45 minutos, dependiendo del modo de motor que elijamos y nuestra agresividad en la conducción. La batería tarda en recargarse 80 minutos, pero con 50 ya ha almacenado el 80% de capacidad energética.

En cuanto a precios, hay dos versiones: la enduro (E-XC) cuesta 11.987 euros, y la cross (E-SX) que viene sin alumbrado y, por tanto, no es apta para circular por las vías públicas, 11.687.

La moto funciona, en conjunto, muy bien. Hay que evolucionar todavía las baterías, su peso, tamaño y precio, pero el primer paso ya está dado. KTM ha apostado por este modelo de “movilidad sostenible” que puede ofrecer una alternativa a los aficionados a las motos de campo que ayudará a mejorar su imagen con este vehículo limpio y silencioso. El futuro se puede escribir con tinta eléctrica.

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