La felicidad del regreso

Seguro que la cuestión ha pasado desapercibida, estoy convencido de que nadie anda demasiado pendiente de mis desvaríos en este modesto espacio del océano de Internet. El caso es que ‘El retrovisor’ se ha quedado desatendido durante seis largos meses. No, no es que la pereza me haya llevado a un arrebato de dejadez, la falta de actualización de mi blog se ha debido a una interminable baja médica como consecuencia de un accidente de moto de cierta gravedad, sobre todo para mis huesos…

No pretendo personalizar estas líneas hasta el extremo de dedicarlas a una soporífera descripción de mi desgracia, ni mucho menos. Sin embargo, sí quería estrenarme en este retorno con una breve reflexión sobre lo afortunados que debemos sentirnos de haber nacido o vivir en este país. Sí, incluso con sus políticos, sus corruptelas, sus programas de televisión basura, sus incongruencias y las minorías que en ocasiones nos llevan a dudar de que algo de esto tenga sentido. Pese a todo y por encima de todo.

En este periodo de varios meses de convalecencia he podido comprobar que la asistencia sanitaria gratuita y universal (en mi caso concretada en la excelencia del Hospital Universitario de Puerta de Hierro, en Majadahonda, Madrid) es una bendición para quienes realmente la necesitan, por mucho que los injustificables recortes parezcan decididos a dinamitarla; he visto como la Guardia Civil que me atendió en el lugar del accidente se preocupaba por mi estado días después, al igual que la policía local de Guadarrama, el municipio donde ocurrió; me ha tranquilizado comprobar que Pont Grup, mi compañía aseguradora, no se desentendía de lo sucedido y cumplía con diligencia con sus obligaciones. Y ante todo, me ha emocionado y conmovido que en esta España tan vapuleada (a menudo con razón) habite tanta buena gente, que entre nuestras familia, amigos, compañeros o la vecina del quinto encontremos a personas generosas que dan sentido a nuestra existencia, a nuestra cotidianidad.

Conducir

En estos tiempos convulsos, de grandes dificultades, cuando el nuevo presidente de la nación más poderosa del mundo parece ponernos al borde del abismo, mientras asistimos con horror a las consecuencias del extremismo religioso o político, sobrecogidos por catástrofes inevitables y con incertidumbres constantes, supone un bálsamo reconstituyente valorar de cuanto disfrutamos. Sin duda que ignoramos lo que durará, por eso precisamente debemos apreciar en su justa medida lo mucho bueno que nos regala nuestra existencia privilegiada.

Es la felicidad del retorno. El regreso al trabajo, volver conducir, saborear un paseo por el campo, una buena conversación con amigos, el calor de la familia y tantos instantes que por lo general pasan desapercibidos cuando  en realidad es lo más precioso que podemos tener.

Este blog vuelve a la vida al mismo tiempo que lo hago yo. Prometo que la próxima vez hablaremos de coches, de motos, de viajes o seguridad, de tráfico o tecnología. Me he permitido esta pequeña licencia, disculpándome de antemano por otorgarme un protagonismo que no me corresponde, tan sólo para compartir con todos vosotros la maravillosa sensación de estar de nuevo en marcha. Primera y arrancamos…