Si estás navegando por Netflix y te encuentras con ‘El Correo’, es fácil que capte tu atención por un reparto repleto de caras conocidas del cine y las serie españolas: María Pedraza, Luis Tosar o Arón Piper; pero los seguidores del mundo del motor tienen otro motivo para verla, como los coches que aparecen en la película.
La historia sigue a Iván Márquez (Piper), un joven de Vallecas que trabaja como aparcacoches en un club de golf madrileño. Su vida da un giro cuando pasa de aparcar coches ajenos a transportar maletines llenos de dinero rumbo a Bruselas y Ginebra para una organización criminal dedicada al blanqueo. La trama es un reflejo del crimen organizado en la España de los 2000, por lo que no extraña que aparezcan lugares como Marbella.
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A medida que Iván asciende en la organización, también lo hace el nivel de los vehículos que maneja: berlinas de lujo, deportivos europeos y SUV de alto rendimiento entre los que no faltan marcas tan reconocidas como Ferrari o Porsche.
En cualquiera de ellos, la distancia que separa a Madrid y Bruselas no es precisamente corta. La ruta más rápida, yendo a velocidades legales, claro está, para completar los 1.585 kilómetros que separan ambas ciudades europeas es de 17 horas.
El coche del cartel de ‘El Correo’
Uno de los modelos que tiene más protagonismo es el Porsche 911 Turbo (996) que se puede ver en los carteles promocionales de la película. Fabricado entre 2000 y 2005, tiene un lugar destacado en la historia del deportivo alemán porque incorporó soluciones derivadas directamente de la competición.
Equipaba un motor bóxer de seis cilindros opuestos y 3.6 litros, sobrealimentado mediante dos turbocompresores, desarrolla una potencia de 420 CV y un par máximo de 560 Nm, cifras muy destacadas en aquella época y que le permitían acelerar de 0 a 100 km/h en 4,2 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 305 km/h.
Empleaba un sistema de tracción total permanente y una transmisión manual de seis velocidades, aunque también se ofrecía una automática Tiptronic. Su puesta a punto específica tenía un enfoque más deportivo y contaba con componentes como frenos de alto rendimiento con discos ventilados y perforados que, opcionalmente, podían reemplazarse por frenos cerámicos PCCB. En su día costaba cerca de 140.000 euros nuevo.
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