Los conductores suelen poner en el punto de mira a los radares por las multas que generan, pero en Estados Unidos cada vez hay más debate sobre otro tipo de dispositivos: las cámaras capaces de leer y registrar matrículas automáticamente.
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Aunque sus defensores sostienen que ayudan a la policía a localizar vehículos robados o relacionados con delitos, muchos ciudadanos consideran que también suponen una amenaza para la privacidad.
En ese contexto, un jubilado de 77 años se ha convertido en protagonista de una llamativa protesta en Florida. Su nombre es Carl Gunn y ha encontrado una forma muy peculiar de dejar ‘ciegas‘ estas cámaras sin romperlas, manipularlas ni causar daños.
Una pértiga para tapar las cámaras
Cada sábado, Gunn se coloca bajo una de las cámaras de lectura automática de matrículas instaladas en St. Petersburg y utiliza una pértiga con un cartel para bloquear temporalmente su campo de visión. Así, el dispositivo deja de captar imágenes de los vehículos que circulan por la zona mientras dura la protesta.
La ciudad cuenta con unas 50 cámaras de la compañía Flock Safety repartidas por distintos puntos. Fotografían vehículos y registran información relacionada con sus matrículas, una tecnología cada vez más utilizada por los departamentos de policía estadounidenses.
Sin embargo, el jubilado considera que este despliegue va demasiado lejos. Según explicó a medios locales, decidió actuar después de ver cómo otras personas optaban por vandalizar estos dispositivos. En lugar de romperlos, prefirió una forma pacífica de expresar su desacuerdo: interponerse entre la cámara y la carretera con una pértiga.
Su protesta no ha pasado desapercibida. En alguna ocasión, agentes de policía se han acercado para hablar con él, aunque las informaciones publicadas hasta ahora indican que no ha sido detenido. Aun así, sigue el debate sobre hasta qué punto estas actuaciones encajan dentro de la legalidad.

La polémica alrededor de las cámaras lectoras de matrículas no deja de crecer en Estados Unidos. De hecho, varias ciudades han llegado a cancelar contratos relacionados con estos sistemas, mientras grupos de defensa de la privacidad cuestionan la enorme cantidad de datos que pueden recopilar sobre los movimientos de los conductores.
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