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Cómo han cambiado en 50 años los anuncios de coches

Los mensajes publicitarios de los años 60 nada tiene que ver con los que hoy lanzan las marcas, ni en fondo ni en la forma.

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Los anuncios han pasado por varias etapas: mostrar sus características técnicas, apelar a nuestros sentimientos...

Las marcas siempre se han ayudado de técnicas de marketing y publicidad para mejorar sus ventas y llamar la atención de posibles clientes. Algunos coches no habrían llegado al punto que alcanzaron si no se hubieran apoyado en una importante puesta en escena en el momento de su lanzamiento y no se habrían mantenido tanto tiempo en la parte alta de los ranking de ventas sin el éxito de sus campañas.

La publicidad pretende mostrar algo más que las veleidades del automóvil, sus novedades, aunque lleve en el mercado más de cuatro años, o aunque el nombre te lleve sonando desde hace más de treinta. Siempre hay algo nuevo que enseñar, sea aplicable al coche o no. Sea real o no.

Retrocediendo en el tiempo, al ver hoy anuncios de hace cinco décadas nos puede parecer que contaban con una puesta en escena cursi, llena de topicazos con pequeños toques machistas a veces, comportamientos hoy prohibidos y situando al vehículo como un elemento mágico destinado a solventar nuestros problemas del día a día y a garantizar esa libertad que el ser humano siempre ha demandado, independientemente de su edad.

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Así, se nos quiso vender el Seat 600 con el lema “Si la cuestión es llegar, confíe en un 600”, el Seat 131 con la frase “Solo lo bien hecho sigue adelante, adelante”, el Citroën GSA nos animaba a seguir “Adelante con placer, porque los kilómetros no cansan”, el Talbot Solara estaba “Por encima de lo corriente”, el Simca 1.000 Barreiros nos debía convencer porque “¿Desde cuando un coche familiar tiene que ser aburrido?”, y el Dodge Dart Barreriros era “Para caballeros andantes, perfecta calidad”.

Para demostrar esas frases, se utilizaban comportamientos al volante hoy identificados como peligrosos o directamente perseguidos por la DGT. Eran escenas que se presentaban como habituales en nuestras carreteras, de cuando Pegasus no existía. Así, nos enseñaron lo bien que circulaban los Citroën GS sobre tres ruedas haciendo eslalon entre conos, el Simca 1.000 Barreiros adelantando en carreteras de montaña en plena curva, el Seat 127 saltando en cambios de rasante en pistas forestales para llegar al trabajo porque estaba hecho “para la guerra del día a día” y una furgoneta Ebro bajando una escalinata, evitando así atascos y llegando pronto al destino de la carga, misma imagen que se podía ver en un anuncio del Seat 133.

También había hueco para el humor, como cuando nos mostraron el Citroën Dyane 6, que nos decían que era “el coche para gente encantadora” y que estaba tan bien hecho que el único problema en el interior del habitáculo era viajar con la suegra, quien terminaba atada y amordazada.

Con el paso del tiempo, la publicidad ha evolucionado al mismo tiempo que los gustos de las personas. Nos han querido convencer de las bondades de los coches por su tecnología, como el Seat Ronda, que anunciaba que el origen de sus motores era Porsche; Opel o Volkswagen, que nos hablaban de ingeniería alemana; o Nissan, que se presentó en nuestro país como “Los japoneses”, con la fama de excelentes trabajadores que han tenido siempre. También los hubo que mostraban sus mejoras mecánicas como la llegada de la quinta marcha a la caja de cambios, la entrada del ABS, el ESP o el airbag, dando por supuesto que el futuro cliente sabía qué significaban esas siglas. Había hueco para intentar conquistar al público por su gran espacio interior gracias a las cinco puertas (“El nuevo Seat Ibiza te abre las puertas de su potencia interior”), la belleza de su diseño (“Opel Kadett, la línea de tu vida”) o te decían que el éxito de tu negocio estaba en el vehículo de reparto (Nissan, “Solo hay un camino, ser los mejores”).

Han querido tocar el lado más sensible, como la familia, con niños y padres disfrutando de un viaje en el coche, sonrientes, sin el pesar de los kilómetros, escuchando música, jugando o hablando, sin tabletas ni aparatos electrónicos que entretengan a los niños hasta llegar al destino; o el bolsillo, con todo tipo de facilidades para el pago del vehículo con cuotas y entradas asequibles. Incluso se han dado combos donde era el niño el que convencía a su padre de lo bien que se podía financiar, o el padre que le compraba el coche al hijo antes de que cumpliera la edad mínima para conducir.

Ha habido hueco para los valores, pues te han dicho que “no seas modesto” para que te compres un Renault 21, nos han mostrado el lado perverso de un coche con tintes diabólicos como el Opel Kadett GSI 16 válvulas, o han situado al modelo en una nueva categoría y de pronto teníamos vehículos JASP, para Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados, que equivaldría a los que hoy día se denomina como Millenials. Incluso se han inventado términos para generar equipamientos nuevos, aunque en realidad saltaba la duda de saber qué era lo que te intentaban vender, como sucedió con el ziritione.

Hoy la publicidad continúa presentando al coche como un imprescindible para solventar problemas, ya sean familiares, laborales, de desplazamientos rutinarios o incluso para conceder esa libertad que hasta ahora no tenías. Pero sobre todo te lleva a un mundo ideal, intenta proyectar ese mundo en el que a uno le gustaría vivir y sirve al vehículo como la manera de acceder a él, o al menos de estar más cerca.

Ya no muestra esos cinco minutos más de sueño que puedes tener o la velocidad máxima que puedes alcanzar, ahora te enseña cuán ecológico puedes ser con unos consumos tan bajos o lo bien que se compenetran un motor térmico y uno eléctrico. Te dice lo informatizado que está, ya que puedes abrir el coche o alguna de sus puertas sin pulsar la llave de contacto, te muestra cómo frena ante un imprevisto, cómo es capaz de seguir la velocidad de un vehículo que le precede, cómo se puede aparcar solo, con el conductor fuera del vehículo; o simplemente lo silencioso que es. Para anunciar un vehículo o una marca ya no se necesita ni siquiera mostrar el coche, como hizo BMW con el “Te gusta conducir” en el que solo se veían manos agitándose al son del viento, algo que la DGT también recomienda no hacer, u Opel indicando el efecto que produce al conocerlo “Oooh”.

La publicidad ha cambiado los rasgos que se muestran de los automóviles, es más precavida al enseñar según que comportamientos y ha pasado de exhibir rendimientos a comodidades y sensaciones. Sin embargo, los anuncios siguen contando con altos presupuestos y con las mejores técnicas de la televisión, el cine y la música para que el mensaje siga marcando a los destinatarios.

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