Eléctricos

El Mini eléctrico sigue siendo un Mini

Llega la versión a pilas del icónico utilitario, que conserva su imagen y tacto deportivo con 234 kilómetros de autonomía sin emisiones.

Mini eléctrico

El Mini Cooper SE mantiene toda la esencia de la marca pero sin emisiones. / Mini

Todo igual, pero sin emisiones. El nuevo Mini Cooper SE, la versión eléctrica del icónico utilitario de la marca de BMW, mantiene el mismo diseño y conducción de sus hermanos con motor térmico y sigue siendo una referencia entre los coches pequeños de perfil exclusivo. Así, conserva su imagen inconfundible, transmite calidad y sofisticación, divierte al volante y se puede personalizar a medida. Y su motor de 184 CV proporciona aceleraciones contundentes, casi de GTI.

En resumen, un utilitario eléctrico premium de corte deportivo. Lo peor es el precio, porque se vende desde 33.950 euros, una tarifa elevada que, al igual que sucede en las variantes de combustión, le postula como un modelo de capricho. De hecho, es claramente más caro que la mayoría de alternativas similares, como los Renault Zoe, Peugeot e-208, Opel Corsa-e… Y solo el Honda e  le supera.

Entre las particularidades del Mini Cooper SE destaca que es uno de los pocos eléctricos que no pierde espacio al integrar las baterías. Mantiene el mismo maletero (211 litros) y unas plazas traseras idénticas, es decir, muy pequeñas: si el conductor o el copiloto son altos (1,80 metros de estatura o más) y retrasan sus asientos, no queda espacio físico atrás para las piernas de los pasajeros.

Pero el mayor encanto del Mini no es el sentido práctico, sino una conducción  que mejora además en esta variante eléctrica, porque tiene unas suspensiones firmes, pero menos secas en los baches, y un peso inferior delante que ayuda a que entre en las curvas incluso con mayor eficacia que los Mini térmicos: el eje trasero ayuda a redondear los giros y, al final, se disfruta tanto en ciudad como en carretera.

El motor de 184 CV, el mismo del BMW i3s, mueve el peso con soltura y aporta esa mezcla especial de brío, suavidad y silencio de marcha que caracteriza a los automóviles eléctricos. Transmite la potencia a las ruedas delanteras, permitiendo acelerar de 0 a 100 km/h en 7,3 segundos. La velocidad máxima se autolimita a 150 km/h para optimizar la energía de las baterías, que tienen 33 kWh de capacidad y homologan hasta 234 kilómetros de autonomía (WLTP).

En las pruebas, realizadas por Madrid y alrededores y que incluyeron recorridos urbanos, autovías de circunvalación y carreteras secundarias con curvas, adelantamientos y aceleraciones para comprobar el potencial, consumió un 25% de la capacidad total en 50 kilómetros. Y es que, como sucede en todos los eléctricos, es muy sensible al ritmo de marcha y, por ejemplo, solo con bajar de 120 a 110 km/h la velocidad máxima en autopista se gana radio de acción.

Por último, admite recargas normal y rápida. En un enchufe doméstico (2,3 kW) necesita más de 12 horas, pero con una toma de pared (7,4 kW) baja ya a 3,2 horas (hasta el 80%) y en un poste de 50 kW bastarían 35 minutos para recuperar la misma cantidad de energía.

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