Conducir

10 trucos de siempre para el coche… que en realidad no funcionan

Chupar un grano de café para no dar positivo en el control de alcoholemia es tan inútil como meter una cucharita en la botella de cava.

10 trucos de siempre para el coche… que en realidad no funcionan

No hay ningún sistema 'mágico' para engañar al alcoholímetro.

También el mundo del automóvil tiene su buen puñado de trucos infalibles que se transmiten de padres a hijos y de hermanos mayores a menores como si del secreto del Santo Grial se trataran. Y por si eso no bastara, Internet ha multiplicado todavía más el fenómeno. Todos son absolutamente inútiles y en realidad ya se sabía…, pero a todo el mundo le gusta creer que a sí funcionarán.

1. Engañar al radar

Es más viejo que el truco del conejo en la chistera y como este, un clásico… Solo que bastante menos lúcido. Se trata de barnizar la matrícula con la idea de que el barniz brillante reflejará la luz del flash y volverá al coche más invisibles que un caza stealth. El mismo principio –el del fogonazo de deslumbre al radar– buscan las variaciones sobre el mismo tema:  adhesivos brillantes, CD y similares. Los actuales dispositivos son inmunes a estas tropelías, así que no merece la pena gastar el dinero en barniz…

2. El amplificador humano

Se ha convertido en viral hace poco y pese a ello, y a despecho de lo absurdo, se ha convertido en uno de los mejores. Consiste básicamente en apoyar el mando a distancia de apertura de las puertas en la barbilla y abrir la boca en dirección al coche para, supuestamente, duplicar el alcance del funcionamiento del mando. La idea es que el cráneo actúa como una caja de resonancia y amplifica la señal. Pero no funciona…

3. RECURSOS DE ABSTEMIO
Sin duda, la circunstancia más temida y la que arrastra mayor número de trucos sigue siendo la de soplar el temido alcoholímetro. La lista de remedios caseros que “a un amigo de nuestro primo le salvó de una buena” es tan extensa como grotesca; desde chupar granos de café a comer ajo o lamer pilas, pasando por tragar pasta dentífrica e incluso masticar césped. Sin duda suena ridículo… pero aún así casi un 11% de conductores reconoce haber intentado en alguna ocasión engañar al maldito aparatito con una de estas artimañas. Y el 100% de estos automovilistas encuestados reconocen también que no funcionaron.

4. Refrigeración manual

Puede ocurrir que el coche se haya quedado al sol y a la vuelta su interior esté inhabitable por el calor. Los pragmáticos asumen que, como la tecnología está para hacer las cosas más fáciles, el automóvil tiene un fantástico aire acondicionado con el que basta darle un botoncito y en pocos segundos… ¡voilá! Pero hay esforzados artesanos de la refrigeración que aseguran que bajar una ventana y abrir y cerrar la puerta del otro lado produce el mismo efecto. Los camioneros llevan décadas haciéndolo y efectivamente se crea una corriente de aire que puede ayudar… a conectar con menos agobios nuestro climatizador.

5. Punto muy muerto

Otro referente que incluso llegó a enseñarse en las autoescuelas en los 60 es el de bajar una pendiente en punto muerto para ahorrar combustible. En términos de consumo quizás tuvo alguna razón de ser cuando los coches llevaban enormes carburadores de doble cuerpo, pero ahora mismo es un sinsentido y un anacronismo; los actuales sistema CDI de alimentación optimizan el flujo de combustible al régimen del motor, así que no sirve absolutamente de nada convertir el vehículo en un patinete lanzado cuesta abajo. Bueno… algo sí se ahorra: se ahorra tracción porque se anula uno de los tres vectores de fuerza que aseguran el agarre al pavimento de nuestro automóvil, así que la tontería puede acabar en un disgusto.

6. Combustible matutino

Otro consejo mil veces repetido es que llenar el depósito por la mañana ayuda a ahorrar porque con el calor los gases se expanden, de modo que si la temperatura exterior es baja cabe más combustible en el depósito. Hay que admitir que técnicamente es cierto –por eso los coches de competición enfrían su combustible–, pero en un automóvil de calle la diferencia es inapreciable. De entrada, porque el factor de dilatación de la gasolina es muy pobre; por cada grado centígrado que suba la temperatura, el volumen de gasolina aumentará un 1×1000. Y sobre todo porque los depósitos de las gasolineras se colocan bajo tierra precisamente para mantenerlos a temperatura constante.

7. Presión de quita y pon

Hay como una extraña insistencia en bajar la presión de los neumáticos con cualquier motivo; en invierno para –supuestamente– ganar superficie de contacto y en verano pensando que el aire en su interior se expanderá y los sobreinflará. Pues bien… ¡sorpresa! Resulta que los ingenieros de las fábricas de neumáticos ya han pensado en ello. Para lo único que sirve alterar la presión de las gomas es para deformarlas y aumentar el desgaste más por la zona de los bordes.

8. Un sucio nuevo coche

Un consejo de padre, antiguamente (con la mejor voluntad) consistía en que no debía lavar el coche hasta pasado algún tiempo. Se supone que hacerlo así reforzaba la dureza del barniz que cubre la pintura. Es una idea que nace de los primeros años de la automoción, cuando la laca con la que se protegía la carrocería era más rudimentaria y tardaba meses en adquirir la dureza deseable. Efectivamente, en algunos casos, el contacto excesivo con el agua podía reblandecerla de tal modo que quedaban marcados los pequeños impactos. Hoy en día los procesos de pintado y endurecido están a años luz y permiten llevar el coche directamente al túnel de lavado nada más salir del concesionario sin el menor problema.

9. El acelerón criminal

Probablemente uno de los más extendidos y también uno de los más dañinos a pesar de parecer inofensivo. Lo del acelerón antes de apagar el motor nace de una costumbre de los tiempos de los viejos motores diésel en los que se hacía justo antes de que el estrangulador cerrara el paso de gasoil para dejar cebado el circuito. En los motores de gasolina con carburador, el acelerón antes de apagar el motor dejaba los cilindros y el colector de admisión empapados de combustible sin quemar que enriquecía la mezcla cuando tocaba arrancar en frío.

Pero lo del acelerón no sólo no tiene ningún sentido en motores de inyección, sino que dejar la mezcla de combustible sin quemar acorta considerablemente la vida del catalizador. Y en motores con turbo, lo único que se consigue al acelerar la turbina antes de apagar el propulsor es dejarla sin lubricación a presión y estropearla.

10. Apertura ‘por pelotas’

Cada vez es menos frecuente dejarse las llaves en el interior del coche porque los fabricantes ya han implementado multitud de sistemas para evitarlo, y de hecho muchos automóviles no tienen ya ni cerradura. Pero durante un tiempo corrió el bulo –como solución de emergencia para dicho problema– de que apretando una pelota de tenis con un agujero directamente en la cerradura se ejercía suficiente presión en el aire que esta contenía como para que se movieran los engranajes y la puerta se abriera.

El supuesto remedio infalible se hizo tan popular que incluso los Cazadores de Mitos le dedicaron uno de sus programas. Lamentablemente llegó tarde; para entonces ya habían sido agujereadas miles de desdichadas pelotas de tenis sacrificadas en aras de un truco completamente absurdo.


Sigue toda la información de EL MOTOR desde Facebook, Twitter o Instagram.

Cerrar

NEWSLETTER

Toda la actualidad del mundo del automóvil y la moto, tecnología, seguridad, conducción y eficiencia en tu buzón de correo.

¡Me interesa!
Por ahora no