Los conductores españoles esperan una tregua en las gasolineras, pero septiembre no traerá la bajada del precio de la gasolina que muchos anticipaban. A pesar de que el barril de Brent, el crudo de referencia en Europa, ha retrocedido desde máximos superiores a los 100 dólares (86,18 euros) hasta la franja de los 90 dólares (77,56 euros), el coste del carburante en el surtidor no sigue esa misma trayectoria.
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La combinación de la reducción del descuento fiscal, unos márgenes de refino elevados y un mercado del petróleo todavía tenso explica por qué el alivio no llegará de inmediato. Además, la fortaleza del dólar frente al euro encarece la importación de materia prima, diluyendo en los mercados europeos cualquier síntoma tímido de agotamiento en las cotizaciones internacionales.
El efecto inmediato
Desde el 1 de septiembre, el mapa de los carburantes cambia de forma asimétrica. El diésel disfruta de una rebaja del Impuesto sobre Hidrocarburos (IEH) que pasa de 10 a 20 céntimos por litro, una medida activada porque su precio interanual superó el 15% (un 15,7% en julio, según el INE). En la práctica, esto se traduce en una caída de entre 10 y 12 céntimos por litro en el precio medio del gasóleo.
La gasolina, en cambio, no alcanza ese umbral de variación interanual (se sitúa en torno al 7,3%) y ve reducido su descuento de 10 a 5 céntimos por litro. El resultado es un encarecimiento efectivo de unos 6 céntimos por litro respecto a finales de agosto. Estas medidas están previstas hasta el 30 de septiembre y, salvo prórroga, podrían revertirse en octubre con subidas adicionales si desaparecen las ayudas públicas.
La bajada del barril no se traslada al surtidor
La desconexión entre la cotización del Brent y la manguera no es nueva. En el sector se conoce como la «teoría del cohete y la pluma»: los precios suben como un cohete cuando el crudo se encarece, pero bajan como una pluma cuando se abarata. Detrás de este fenómeno convergen varios factores: la inercia de las reservas de carburante, los márgenes de refino, la competencia entre gasolineras y, sobre todo, la estructura fiscal.
El precio del carburante no depende únicamente de la materia prima. Incluye el coste del producto refinado, el margen de distribución, el IEH y el IVA. Cuando el Gobierno ajusta el Impuesto sobre Hidrocarburos, el impacto es inmediato y visible; cuando es el mercado el que mueve la cotización del petróleo, el traslado resulta más lento y, a menudo, incompleto.
En el contexto actual, con el Brent en torno a los 90-91 dólares (77,56-78,42 euros) y las persistentes tensiones en Oriente Medio (escaladas entre Estados Unidos e Irán y riesgos en el estrecho de Ormuz), los analistas no prevén una caída brusca que se transmita con rapidez al consumidor.
¿Qué dicen los mercados?
Los últimos movimientos del precio del petróleo responden a la coyuntura geopolítica más que a los fundamentos puros de la oferta y la demanda. Tras semanas de caídas, el Brent repuntó por encima de los 90 dólares (77,56 euros) ante el recrudecimiento de las hostilidades entre Washington y Teherán, sumado al temor a eventuales interrupciones en el flujo de crudo por el estrecho de Ormuz.
Las previsiones de los bancos y firmas de análisis sitúan el Brent en un rango de entre 80 (68,94 euros) y 90 dólares (77,56 euros) hasta finales de 2026, con una revisión al alza desde los 75 dólares (64,63 euros) anteriores hasta los 80 dólares (68,94 euros) como escenario base.
Los futuros del Brent no llegarán a niveles previos al conflicto —en los que se rondaban los 72-73 dólares (62,05-62,91 euros)— hasta 2029, mientras que a un año vista el precio implícito ronda los 78-79 dólares (67,22-68,08 euros). Se trata de una moderación constante, pero insuficiente para esperar una bajada contundente de la gasolina en las próximas semanas.
¿Cuándo podría bajar la gasolina?
Para que la gasolina empiece a bajar de forma clara en las estaciones de servicio, se requeriría una combinación de varios factores:
- Un crudo bajo: un precio del Brent sostenido por debajo de los 80 dólares (68,94 euros) durante varias semanas consecutivas, no como un pico aislado.
- Menores márgenes: un estrechamiento de los márgenes de refino en Europa, que en los últimos meses han actuado como colchón al alza.
- Logística estable: una mejora en la logística de suministro con inventarios al alza que alivien la presión sobre los precios mayoristas.
- Apoyo fiscal: en el plano doméstico, una prórroga o ampliación de los descuentos al IEH más allá del 30 de septiembre.
En ausencia de nuevas medidas fiscales, el escenario base para octubre es de subida: la retirada de los descuentos actuales implicaría incrementos estimados de unos seis céntimos por litro en la gasolina y de hasta 24 céntimos en el diésel. Por ello, cualquier novedad sobre la extensión de las ayudas públicas resultará clave para los conductores a corto plazo.
Paciencia y vigilancia
En definitiva, el mensaje para el usuario es claro: septiembre no será el mes de la bajada de la gasolina. El descuento se reduce, el crudo se mantiene en niveles que no presionan a la baja y el calendario político deja la puerta abierta a una mayor incertidumbre en octubre.
Quien busque un momento para repostar al mejor precio deberá seguir de cerca la evolución del Brent, los informes semanales de inventarios y, sobre todo, las decisiones del Ejecutivo sobre el impuesto de hidrocarburos.
Mientras no confluyan una caída duradera del crudo durante varios meses y nuevas medidas de apoyo fiscal, el surtidor seguirá marcando el ritmo habitual: caro y rápido cuando sube, lento y rácano cuando baja.
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Entusiasta del motor en toda su magnitud, preferiblemente los V12. Le dijeron que cuatro ruedas eran mejor que dos, por eso se compró otra moto. Claro que también le apasiona cuando van las cuatro juntas. Ha trabajado como creativo publicitario para muchas marcas de coches y motos e hizo la mili en esto de juntar letras en la editorial Luike.
