‘El desierto de los niños’: cuando la aventura llega a ser lo de menos

Desierto Niños

La propuesta de Hyundai España no podía sonar mejor. Una semana en Marruecos, recorriendo algunos de sus parajes más recónditos, al volante de uno de los todocaminos de moda, el Tucson, y compartiendo la Semana Santa con otro medio centenar de familias dispuestas a pasarlo en grande en ‘El desierto de los niños’. Un plan como para no pensárselo dos veces y que anticipaba aventura y diversión a partes iguales para los participantes.

Curiosamente, cuando cruzas el Estrecho todo eso adquiere la categoría de secundario. No digo que deje de ser importante y motivador, por supuesto que lo es, pero la inmersión total que se produce con la realidad de este país norteafricano relega a un segundo plano buena parte de las expectativas previas, las más obvias y previsibles. El evento patrocinado por Hyundai (que también cuenta con el apoyo de otras empresas y entidades como el RACE, la Fundación Alain Afflelou o los neumáticos Kumho) permite a la Asociación Desierto de los Niños realizar una labor solidaria que hay que descubrir sobre el terreno para llegar a valorar con acierto su verdadero calado.

Es tanto lo que necesitan los niños en Marruecos que la llegada de esta caravana supone una auténtica bendición. Material escolar, deportivo, sillas de ruedas, juguetes, ropa, calzado, gafas graduadas y de sol, incluso la construcción de escuelas y guarderías. Los organizadores y participantes intentan con su aportación hacer la vida algo más fácil a colectivos claramente desfavorecidos y durante una semana de convivencia con ellos yo diría que lo consiguen con creces. Por supuesto que no es la solución definitiva a ninguna de sus carencias, lo que no significa que cada aportación, por insignificante que pueda parecer, es apreciada en su justa medida por quien la recibe.

El desierto de los niños 2018

La sonrisa de los pequeños marroquíes, el brillo de sus ojos, los gestos de complicidad con los otros chicos españoles con los que comparten juegos, la esperanza de una vida mejor, de una educación, de un futuro… Sensaciones y emociones que son difíciles de transmitir porque lo que las hace únicas es su intensidad, que sólo se puede vivir disfrutando del enorme privilegio de participar en la causa solidaria de ‘El desierto de los niños’. Es fácil imaginar cómo recibe un pequeño poblado al sur del país la noticia de que en los próximos años tendrán una guardería que dará cobijo a los hijos de padres que deben viajar hasta localidades distantes para encontrar trabajo, los 20.000 euros que Hyundai aporta en 2018 a la Asociación Desierto de los Niños y que incluso darán para la compra de material didáctico y garantizar la escolarización de muchos de estos críos.

Claro que hubo miles de kilómetros de rodar y rodar por carreteras infinitas, otros cuantos de conducción por caminos y ríos de arena (sorprendente, por cierto, todo lo que llega a hacer un Hyundai Tucson de estricta serie), paisajes sobrecogedores, puestas de sol inolvidables, risas de pequeños y grandes, diversión, hoteles de ensueño, piscinas al borde de las palmeras e incluso algunas cervezas a la sombra de las acacias. Lo recordaremos durante mucho tiempo, seguro, pero la huella más indeleble de ‘El desierto de los niños’ es la sensación gratificante de  ayudar tanto con tan poco. Esas cosas que para nosotros apenas cuentan con trascendencia y que, sin embargo, tienen un valor incalculable para quienes las reciben, son su vida, su porvenir, su esperanza.

Y los chicos que llegan desde España, rebosantes de ilusión tanto como desbordados por los caprichos innumerables que sus acomodadas familias europeas les regalan, también toman conciencia de lo afortunados que deben sentirse, descubren que no todas las vidas son como las suyas y aprenden la más enriquecedora lección que pueden recibir en la semana de lo que iban a ser unas simples vacaciones. ‘El desierto de los niños’ ha vuelto a ser mucho más que coches y aventura, lo verdaderamente importante tiene que ver con la generosidad humana y todo lo encomiable que hacen algunas empresas y personas por ayudarnos a seguir confiando en que éste puede llegar a ser un mundo un poquito mejor.

Sobre la firma

Una vida sobre ruedas. De piloto (malo) de motocross a periodista deportivo en Diario AS, incluyendo una década en los grandes premios de MotoGP. Apasionado de los coches y las motos, en más de 30 años he tenido el privilegio de probar unos cuantos cientos de unos y de otras. Ahora, redactor jefe en Prisa Motor.

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