¿Quién pagará la factura de las emisiones?

coche eléctrico

El coche eléctrico será un gran aliado de las marcas. / BMW

Los fabricantes de automóviles se enfrentan a una difícil encrucijada a partir del próximo 1 de enero de 2020. Desde esa fecha, la media de emisiones de CO2 de sus gamas en Europa deberá ser de 95 gramos por kilómetros, un paso más ineludible en la lucha contra los gases de efecto invernadero.

La legislación y sus matices son demasiados complejos para detallarlos en este espacio, lo que conviene saber es que las marcas que superen este promedio serán sancionadas con multas millonarias que deberán satisfacer a finales del año cuando se conozcan los datos de sus emisiones. A grandes rasgos, se cuantifican en 95 euros por cada gramo de exceso y por cada coche vendido durante el ejercicio, estimándose las sanciones totales en unos 30.000 millones de euros y en el caso de algunas empresas llegarán a los 1.000 millones de euros.

Las marcas están trabajando a marchas forzadas para reducir sus promedios de emisiones de CO2 con ambiciosas estrategias de electrificación de sus gamas, pero todas las generalistas se preparan para pagar una abultada factura de sanciones. Alcanzar el objetivo propuesto en tan corto plazo resulta sencillamente imposible y mientras que se afanan en conseguirlo deberán satisfacer las multas impuestas desde Europa.

¿En qué medida afectará todo este proceso a los usuarios? Pues de una manera beneficiosa y otra, no tanto. Resulta indiscutible que la batalla contra la contaminación es urgente y que se reduzcan las emisiones es positivo para todos, no se puede seguir contemporizando con un problema tan acuciante y medidas tajantes como la que nos ocupa sin duda dinamizan a la industria para alcanzar los niveles regulados de emisiones. Nada que objetar, por tanto, en este sentido, más bien lo contrario: hay que felicitarse por ello.

coches que menos contaminan

Las marcas están esforzándose por emitir menos CO2.

Llegamos a la cruz de la moneda. No hay que ser un experto en finanzas para suponer que las empresas y sus accionistas repercutirán el presupuesto de esas multas a quienes, en definitiva, siempre terminamos pagando el pato. O lo que es lo mismo, la factura. Algunos modelos o versiones desaparecerán de los concesionarios por sus excesivas emisiones, buscando con ello la reducción del promedio de las gamas. Y se intentarán vender, incluso con márgenes de beneficio más ajustados o puede que nulos, un mayor número de coches electrificados persiguiendo el mismo objetivo.

Con todo, ya decimos que el sector asume que se enfrentará a multas considerables y muchos también reconocen que las trasladarán al precio de sus productos. Es decir, sobre los cálculos de la penalización de cada modelo en la factura de las sanciones se aplicará el incremento correspondiente a su tarifa. Y no por presumible me parece aceptable. Si la legislación se ha planteado erróneamente en los objetivos y sus plazos o si las marcas han sido incapaces de hacer los deberes marcados desde Europa, no me parece razonable que sea el consumidor el perjudicado en un proceso en el que su intervención es nula.

Porque no vamos a pagar más por conducir coches más eficientes, el precio se incrementa para satisfacer esas multas de los que siguen contaminando más de lo indicado. No pretendo entrar en quiénes deberían haber imaginado este escenario o defendido los intereses de los usuarios, lo inadmisible es aceptar el panorama que se puede presentar para los compradores a partir del próximo año. Si ya son demasiadas las incertidumbres, e incluso los temores, que acorralan a los compradores, un incremento de precios como el que se prevé tampoco me parece una buena noticia para un mercado en una coyuntura delicada.

Cerrar

NEWSLETTER

Toda la actualidad del mundo del automóvil y la moto, tecnología, seguridad, conducción y eficiencia en tu buzón de correo.

¡Me interesa!
Por ahora no