Harley-Davidson conmemora 120 años de motos extraordinarias

La marca estadounidense reúne a decenas de miles de seguidores en el gran evento europeo organizado en Budapest.

Harley

Una marca, una empresa, que perdura durante décadas, más de un siglo, supera conflictos bélicos mundiales, crisis económicas, competencia de otros productores extranjeros, cambios accionariales, retos tecnológicos y transformaciones sociales debe tener algo especial. Sobre todo si lo consigue con la fortaleza y prestigio de Harley-Davidson.

Ha sido así durante nada menos que 120 años, los que ahora conmemora la marca estadounidense con dos grandes eventos internacionales. El primero de ellos ya se ha celebrado para los apasionados europeos de Harley en Budapest (Hungría), mientras que el segundo e incluso más importante tendrá lugar del 13 al 16 de julio en Milwaukee (Wisconsin), la ciudad que vio nacer a esta marca de motos que hoy es ya una leyenda.

Solo asumiendo esa categoría de extraordinario se puede entender el fenómeno de Harley-Davidson. No solo por sobrevivir en entornos tan complejos durante más de un siglo, también por la relación que establece con unos clientes que además son apasionados de cuanto representa la marca.

Lo demuestra que más de 100.000 personas participaran durante los cuatro días en el gran evento del Puskas Arena de Budapest, el estadio deportivo más importante del país.

Hasta allí llegaron, casi a modo de peregrinación, decenas de miles de motos procedentes de Europa pero también incondicionales de la marca que viajaron de lugares tan lejanos como Australia, Singapur, Estados Unidos o Suráfrica. Todos, unos y otros, con la simple intención de disfrutar de una marca que dicen que es mucho más que eso, todo un estilo de vida.

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Conexión total

Dejando al margen los tópicos, lo indiscutible es que existe una conexión muy especial entre los propietarios de una de estas motos y la marca. La cuestión no es adónde llegar o cuándo, lo importante es el cómo. Y hacerlo sobre una de las impresionantes máquinas diseñadas y fabricadas por Harley tiene tanto de especial que trasciende incluso lo racional.

Motos personalizadas según las preferencias de quienes las manejan, un atuendo distintivo para hacerlo, una suerte de hermandad entre harlistas que une más de lo que cualquier religión pueda hacerlo, el disfrute sosegado de la ruta al ritmo de un motor en el que las prestaciones se ven desplazadas por las emociones… En definitiva, una forma de entender y vivir la moto que solo ofrece una marca que ha sabido hacerlo durante 120 años.

No es casualidad, por tanto, que junto a sus clientes, a sus feligreses, estuvieran en Budapest Jochem Zeitz, actual presidente y consejero delegado de Harley, además de Karen y Bill Davidson, nietos de cuarta generación de uno de los fundadores de la empresa.

Rodando con sus motos, fotografiándose cientos de veces con sus seguidores y, más importante aún, escuchando sus opiniones, exigencias y necesidades para intentar que la compañía siga satisfaciendo sus expectativas y, en consecuencias, garantizando de nuevo su continuidad.

Cuatro días de fiesta

En Budapest se honró a la marca y a su historia inigualable, pero durante cuatro días hubo tiempo para mucho más. Las enormes instalaciones del Puskas Arena rebosaban de espacios para el disfrute de los visitantes, los mismo que tomaron las calles de Budapest durante toda la semana con sus coloridas y, en ocasiones, estruendosas motocicletas.

Cinco escenarios de música fueron ocupados por medio centenar de grupos; se contemplaron las preparaciones más espectaculares de unas motos que parecen nacidas para su transformación; toda la gama de Harley se mostraba en un pabellón abarrotado de público de forma incesante, incluyendo las novísimas y revolucionarias CVO; una completísima exposición de motos antiguas y documentos gráficos repasaban los 120 año de historia de la marca…

Aunque, sin duda alguna, el momento álgido del evento llegó con el tradicional desfile que las Harley realizan en este tipo de encuentros. Fueron más de 7.000 las motos que tomaron las calles de Budapest, que quedaron eclipsadas por la respuesta que los húngaros dieron a semejante espectáculo.

Si la kilométrica caravana de imponentes motocicletas resultaba espectacular, más incluso encontrar a su paso, por alguno de los lugares más emblemáticos, de la ciudad a decenas de miles de personas que abarrotaban las aceras, los puentes e incluso la calzada a ambos lados del río Danubio.

Fue la evidencia incontestable de que todo aquello tenía sentido, que el alcance de Harley-Davidson supera al de un simple productor de vehículos, que son capaces de despertar una admiración y simpatía difíciles de encontrar en una industria a menudo impersonal y distante. HD fabrica mucho más que motos, materializa el sueño y las emociones de personas capaces de establecer una complicidad fuera de lo común con su motocicleta.

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