Pruebas

Triumph Tiger 800 XRT, la polivalencia hecha moto

La trail británica, completamente renovada, convence por el rendimiento de su motor y la solvencia de su bastidor.

Triumph Tiger 800 XRT

La Tiger 800 es una moto que cumple con nota alta en cualquier escenario. / Triumph

Renovada el pasado año por completo (con casi 200 actualizaciones respecto al modelo anterior) la Triumph Tiger 800 representa a la perfección el paradigma de una gran trail: una moto para todo, capaz de satisfacer a sus usuarios en cualquier tipo de utilización y terreno. El trabajo realizado por los ingenieros de la marca británica posiciona a la Tiger como una de las referencias de un segmento muy competido, con rivales tan solventes como la BMW 800 GS o la esperada KTM 790 Adventure R que debería estar en los concesionarios antes de acabar el año.

La Tiger cumple con nota alta en los escenarios más variados, con una polivalencia que difícilmente defraudará siempre que se tengan en cuenta los compromisos que se asumen con los modelos de este estilo, que posiblemente no son los mejores en nada pero se antojan muy buenos en todo. Para empezar, en la ciudad es una moto bastante manejable; la variante XRT de enfoque más asfáltico monta una llanta delantera de 19 pulgadas que conserva la altura del sillín (8.300 milímetros) accesible para motoristas a partir de 1,70 metros de estatura, capaces de poner los pies en el suelo sin problemas. Su peso tampoco es excesivo para una moto de su estilo y las cotas generales son bastante compactas, con lo que se mueve con agilidad en el tráfico urbano o en embotellamientos.

Salimos a la carretera y la sensación resulta incluso más gratificante. El motor de tres cilindros de 800cc, una de las señas de identidad de las trail de Triumph, rebosa potencia desde el ralentí hasta las 8.500 vueltas (más allá sigue estirando pero tampoco es necesario hacerlo, la curva entonces se vuelve mucho más plana y no aporta un rendimiento extra), con 95 CV suficientes para disfrutar de unas prestaciones destacables en una trail (muy por encima de las limitaciones legales de velocidad) y una respuesta inmediata a la más mínima insinuación a su puño de gas con gestión electrónica, que además propicia la disponibilidad de un control de crucero.

Los consumos en una utilización racional son ajustados y es fácil obtener promedios por debajo de los cinco litros a los cien kilómetros, siempre que se tenga una mínima atención a las exigencias al acelerador. El cambio de seis relaciones está bien escalonado, con una primera más corta que aporta eficacia fuera del asfalto, además de exhibir un funcionamiento preciso y suave. La transmisión final es por cadena.

El aplomo del chasis tubular se podría catalogar como intachable, con unas suspensiones con la calidad contrastada que aporta Showa y equilibradas, con un confort suficiente para rodar en firmes en mal estado pero sin llegar a afectar a la estabilidad del conjunto en aceleraciones o frenadas fuertes. De hecho, toleran incluso el montaje de las maletas que utilizarán los más ruteros. Porque sí, la Tiger tampoco se arruga en viajes largos, con una excelente protección aerodinámica gracias a su pantalla regulable en cinco posiciones y un equipamiento de alta gama en la variante XRT (la más cara de esta familia).

Destaca la instrumentación digital, muy completa y configurable por el usuario, con muchísimas funciones accesibles fácilmente desde los mandos específicos en el manillar, aunque no se deben pasar por alto otros detalles que aportan valor a un uso exhaustivo de la Tiger: mandos retroiluminados, puños y sillín calefactables, iluminación por LED, dos tomas de corriente (12V y USB), caballete central, inmovilizador antirrobo, cubrecárter, ABS y control de tracción desconectable, cinco modos de conducción…

Llegamos al campo. Y aunque Triumph propone versiones XC con llanta delantera de 21 pulgadas (más apropiada por tanto para un uso off road), la XRT tampoco defrauda en los desafíos con los que se atreven la mayoría de usuarios de estas máquinas, sobre todo con unos neumáticos adecuados. Las llantas de aleación no son las apropiadas para afrontar grandes retos fuera del asfalto, pero prestando algo de atención a las irregularidades del terreno la XTR puede llevar al motorista aventurero mucho más allá de lo que parece. Las suspensiones ajustables y la disponibilidad de un modo específico para este uso campero colaboran de forma determinante a ello.

Por tanto, la Triumph Tiger 800 XRT se revela como una excelente máquina total, esa moto única a la que aspiran la mayoría de los motoristas y que debe ser capaz de satisfacer las más variadas necesidades de utilización. En este caso pocas carencias se le pueden achacar, la mencionada polivalencia invita a muchos kilómetros de disfrute sin condicionantes, con lo que quizá un precio por encima de los 14.000 euros pueda ser el principal escollo para muchos. Pero desde luego que la inversión merece la pena y además se tiene la tranquilidad de los cuatro años de garantía sin límite de kilómetros que ofrece la marca.

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