Tecnología

10 inventos que han cambiado la forma de conducir en solo 10 años

La tecnología al servicio del automovilista ha modificado muchos hábitos o necesidades.

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Las ayudas a la conducción han facilitado mucho la vida a los automovilistas en la última década.

Que la tecnología sirve, casi siempre, para hacernos la vida un poco más fácil es una evidencia irrefutable. En la conducción las soluciones que se van incorporando aportan seguridad, confort y eficiencia en la tarea. Tanto es así que muchas de ellas llegan a modificar los hábitos al volante, simplificándolos para que el usuario pueda centrar toda su atención en lo verdaderamente importante.

La incorporación de nuevos sistemas al sector de la automoción resulta imparable, así como su generalización. Lo que empieza siendo una tecnología disponible sólo en modelos de alta gama y precio, al poco se populariza para llegar a prácticamente cualquier segmento, fruto de las ventajas de una producción a gran escala (cuanto más se fabrica una pieza, más barata termina siendo). Y es así como estos dispositivos son capaces de cambiar la forma de conducir y hacerlo en coches de todo tipo, como los diez sistemas que recogemos a continuación. Desde luego que no son los únicos pero sí figuran entre los más destacables y prácticos, además de ser posible encontrarlos en un amplio abanico de modelos desde lo más comunes.

Asistente de arranque

Para los conductores novatos (e incluso para aquéllos que no lo son) iniciar la marcha en pendiente de subida con un cambio manual puede convertirse en un pequeño suplicio. Sin embargo, la sincronía entre los pedales de freno, embrague y acelerador ha dejado de ser un problema en los modelos que disponen de asistente de arranque. Un sensor instalado en el equipo de frenos detecta el ángulo de inclinación del vehículo y es capaz de mantenerlo bloqueado unos segundos, el tiempo suficiente para que la acción de pasar el pie derecho del pedal del freno al acelerador pueda realizarse con mayor tranquilidad mientras se suelta el embrague. Adiós a los desplazamientos hacía atrás…

Aparcamiento automático

Otra cruz para muchos automovilistas. Aparcar es casi en una misión imposible cuando la maniobra se atraviesa, pero todo resulta mucho más fácil con la ayuda de estacionamiento automático. Hay de diferentes tipos y que permiten distintas operaciones (en línea o paralelo, a un lado de la calzada u otro), pero lo esencial es que una serie de sensores son capaces de medir el espacio libre disponible y, combinados con la dirección del vehículo, realizan los movimientos necesarios para aparcar con bastante precisión. Es verdad que la operación se ve en ocasiones condicionadas por factores externos y que casi siempre un buen conductor afinará más, pero para los que se consideran poco hábiles en la tarea supone un auténtico alivio.

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Aparcar puede ser hoy más sencillo que nunca.

Freno de mano electrónico

El tirón, casi violento, de una palanca entre los asientos delanteros es cada vez menos frecuente. Los frenos de estacionamiento eléctricos ganan terreno a los clásicos mecánicos, con incontestables ventajas: no requiere de intervención del conductor para su accionamiento, que además es casi imperceptible al tener un funcionamiento electrónico, tampoco es necesario desconectarlo al reemprender la marcha (lo hace solo al arrancar de nuevo) y se prescinde de los elementos mecánicos necesarios en el otro sistema. Eso sí, quien usaba el freno de palanca como ayuda para arrancar en las pendientes lo tiene ahora más difícil, aunque casi todos los coches que montan el freno eléctrico suelen contar también con el asistente mencionado anteriormente.

Control de crucero

Mantener la velocidad en una autovía durante kilómetros y kilómetros en ocasiones resulta un tarea tediosa. El pie siempre presionando el acelerador y con la necesidad de controlar no sobrepasar los límites establecidos. La electrónica vuelve al rescate y son muchísimos los modelos de todo tipo que disponen hoy de un control de velocidad de crucero automático, los más avanzados capaces incluso de mantener la distancia de seguridad con el resto del tráfico. Se fija la velocidad elegida, se levanta el pie del acelerador y el coche se encarga del resto…

Luces automáticas

Ver y ser visto resulta esencial en la conducción, aunque haya quien lo olvide por dejadez o despiste. Utilizar la iluminación del coche correctamente es básico y las luces automáticas permiten hoy no tener que estar pendientes de esta cuestión, casi olvidarla. Sensores de con células fotoeléctricas se encargan de medir la luminosidad, enviando la orden necesaria para encender o apagar las luces en condiciones de baja visibilidad, al amanecer y atardecer, en túneles, al acceder a un garaje… Las soluciones más modernas ofrecen ya el automatismo de realizar el cambio de cortas a largas cuando es necesario.

Limpiaparabrisas automáticos

Relacionado y trabajando en sintonía con los sensores de iluminación, los limpiaparabrisas automáticos son igualmente capaces de liberar de tareas al conductor. Con ellos ya no es necesario estar atentos para accionarlos cuando las primeras gotas comienzan a apreciarse en la luna delantera, ni siquiera regular su velocidad dependiendo de la intensidad de la lluvia. Todo es detectado con inmediatez y la magia de la electrónica se encarga del resto.

Avisador de ángulo muerto

Que levante la mano quien en alguna ocasión no ha sufrido un sobresalto al ir a cambiar de carril encontrándose entonces otro vehículo en el ángulo muerto de los retrovisores exteriores (partamos de la base de que somos buenos conductores y no iniciamos esta maniobra sin antes comprobar que es posible realizarla). Los fabricantes recurren a cámaras, radares o sensores de ultrasonidos para controlar las zonas que pueden llegar a ser inaccesibles a la vista del conductor, emitiendo una señal luminosa o un sonido (también ambos) de advertencia en caso de necesidad. Especialmente útil para detectar a motoristas, que además son los más vulnerables en este tipo de incidentes…

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Los ángulos muertos de los retrovisores han pasado a la historia.

Llaves para apertura remota

La llave tradicional es una especie en vías de extinción. Cierto es que siguen estando incluidas con discreción en la mayoría de mandos a distancia en previsión de algún fallo de la apertura remota, pero el gesto de introducir un vástago en una cerradura es cada día menos común. En el peor de los casos se accede al vehículo presionando un botón del mando remoto y en el resto basta con aproximarse para que se detecte su presencia y se realice la apertura de puertas. Son, además, una garantía añadida de seguridad frente a los robos.

Sensores de aparcamiento

Fea costumbre la de aparcar ‘de oído’, pese a lo que muchos automovilistas la siguen practicando. Detenerse cuando un impacto indica que hemos llevado al límite el espacio disponible con el coche que está delante o detrás resulta hoy incluso más reprobable si se dispone de sensores de aparcamiento que emiten sonidos cambiantes (en tono o frecuencia) a medida que se materializa esa aproximación. Los sistemas más sofisticados pueden complementar los pitiditos con una imagen en la pantalla del salpicadero, captada por las correspondientes cámaras.

Antibloqueo de frenos

No es un invento reciente, desde luego. La creación del ABS data de cuatro década atrás, 1978, y es obligatorio en todos los coches de nueva producción en Europa desde 2003, aunque para las motocicletas de más de 125cc tal exigencia se remonta tan sólo a 2016. Su implementación, por tanto, es total en los automóviles con menos de quince años, aunque no son pocos los anteriores que siguen circulando sin tan importante dispositivo de seguridad. Ya sabemos que su función es evitar, de nuevo apoyándose en la electrónica, que las ruedas lleguen a bloquearse por un exceso de presión sobre los frenos, impidiendo con ello una pérdida de control que resulta especialmente comprometida en el caso de la delantera de las motos. Así que aquello que enseñaron a los conductores más veteranos de aliviar la presión sobre el pedal de freno para que este fenómeno no se produjera  ha pasado a los hábitos desterrados de la conducción.

 

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