¿Por qué las personas aceleran, casi inconscientemente, cuando ven un carril más en la carretera? Un medio finlandés ha planteado este interrogante exponiendo un claro ejemplo: un conductor puede circular incluso por debajo del límite de velocidad máxima permitido, pero en cuanto ve que hay un carril para adelantamientos a su izquierda, acelera.
La respuesta, aunque no lo parece, responde a una serie de factores comunes entre los conductores. Jyrki Kaistinen, investigador en el consejo de seguridad vial de Finlandia, explica que este fenómeno ha sido estudiado y que hay varias investigaciones con resultados que no dan una explicación firme, pero indican diversos ítems que influyen en esta costumbre.
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La psicología da la respuesta
El primer factor que lleva a los conductores a acelerar cuando hay más carriles es que reciben más impulsos intermitentes externos en su visión periférica. Al tener delante una carretera más ancha, con más carriles, el número de estímulos percibidos aumenta. Este escenario hace que varíe la propia percepción sobre la velocidad a la que se circula: al estar en una carretera más estrecha, una menor velocidad puede dar la sensación de ir más rápido y viceversa en una vía más amplia.
El segundo factor que influye en esta aceleración inconsciente es la percepción del riesgo. Cuando la carretera se ensancha al tener más carriles, el riesgo se percibe como menor, por eso los conductores tienden a acelerar.
Por último, los conductores perciben las carreteras más estrechas como más complicadas de recorrer, por lo que reducen automáticamente la velocidad para poder centrar su atención en ejecutar otras acciones, como manejar la dirección del coche con más precisión.
¿Aceleras cuando te adelantan?
Desde la psicología del tráfico, acelerar después de que otro conductor te adelante suele interpretarse como una respuesta emocional a una amenaza al ego, más que como una decisión racional.
Estudios en psicología social aplicados a la conducción señalan que algunos conductores viven el adelantamiento como una comparación negativa o una pérdida de estatus en la carretera, lo que activa conductas defensivas o agresivas, entre ellas acelerar para “recuperar” la posición.
Además, esta reacción se relaciona con altos niveles de activación emocional. Sentimientos como irritación, frustración o enfado reducen la capacidad de autocontrol y favorecen respuestas impulsivas, como aumentar la velocidad de forma innecesaria. Investigaciones recientes muestran que la aceleración brusca está asociada a estados emocionales intensos y a rasgos de personalidad con menor regulación emocional.
En conjunto, la literatura científica coincide en que este tipo de comportamiento forma parte de los patrones de conducción de riesgo, vinculados al estrés, la agresividad al volante y una mayor probabilidad de accidentes. Acelerar tras ser adelantado suele reflejar inseguridad y mala gestión emocional, no mayor habilidad al conducir, y está claro que incrementa el peligro para todos los usuarios de la vía.

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