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Coches de juguete: la entrañable historia del objeto más deseado por los niños

El juguete más antiguo con ruedas apareció en Turquía, un pequeño carro de caballos encontrado en la tumba de un niño con más de 5.000 años de antigüedad.

De madera, de hojalata, de cartón, de plástico… Los más pequeños siempre han deseado juguetes con ruedas.

Los niños siempre han deseado juguetes con ruedas: cuadrigas, carros, diligencias o trenes y, al llegar al siglo XX, coches. Los primeros imitaban a aquellos automóviles clásicos de principios de siglo y estaban hechos de diferentes materiales: madera, hojalata, cartón, celuloide y finalmente plástico. El hecho es que podemos repasar la historia de los coches de juguete que más han deseado los niños de cada generación de principios del siglo XX hasta hoy.

Payá Hermanos y los coches de pedales de Sauquillo

En la década de los años veinte del pasado siglo aparecieron tres puntos principales de producción de juguetes: Barcelona, Onil e Ibi, estas últimas en Alicante. En estas fábricas fueron surgiendo fabricantes y empresas como Hispano-Alemana de juguetes, los talleres Sánchez, Serra, Riera, Lapeyra o Calabuig, y la fábrica creada por Fernando Sauquillo en Denia.

Sauquillo crea en 1929 la colección de coches de juguete ‘Sport’. Una línea de biplazas a pedales fabricada en metal y que causaron sensación en la Exposición Internacional de Barcelona de ese mismo año.  Los vehículos imitaban conocidos modelos de la época como un Chevrolet, que podemos visitar en el Museo del Juguete de Denia, entre otras piezas de Sauquillo.

Pero los verdaderos pioneros de la industria juguetera levantina fueron los hermanos Payá, que en 1909 transformaron su fábrica de canalones, cubos y otros utensilios de hojalata en una próspera industria juguetera, que solo en 6 años se convertiría en la fábrica de juguetes más productiva de España. De ella salieron numerosos automóviles de hojalata que incluso hoy, tras el cierre de la industria en 1984, siguen fabricando como series limitadas. Parte de su éxito es que fue una de las primeras marcas en incorporar mecánica de cuerda a los coches.

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Coche desmontable de hojalata y plástico de Payá (años cincuenta). / juguetes-antiguos.es

La llegada del Scalextric

Al final de la década de los 50 la empresa Minimodels presentó una serie de coches de carreras  en miniatura que podían circular por una pista con una ranura que les servía de guía, además de toma de corriente, para sus pequeños motores eléctricos. Así nacía el mítico Scalextric, uno de los juguetes más deseados por los niños desde la década de los 60 hasta nuestros días, donde, al tener que competir con videojuegos de conducción, se ha transformado más bien en objeto coleccionismo.

Empezó con un circuito simple de dos pistas y fue ampliándose con incorporaciones tan aclamadas como las chicanes, los puentes, marcadores eléctricos, obstáculos de rally, curvas de varios grados y múltiples pistas conectadas a la vez.

El primer coche de Barbie

En la década de los 60 aparece una de las muñecas más solicitadas de las navidades, desde aquella época hasta hoy: Barbie. Una muñeca tan singular no podía dejar de tener su propio coche. El primero de todos fue un precioso descapotable Austin Healey. Más tarde llegaron un Corvette, un Ferrari, un Jeep y otros modelos de coches de distinto tipo.

En este vídeo podemos ver la parte de la evolución de los vehículos de Barbie a través de su historia.

El niño más envidiado de los ochenta

Anteriormente mencionábamos a Payá como una de las industrias jugueteras más relevantes del levante español. Otra es Rico, que junto con Payá fue una de las primeras en fabricar vehículos teledirigidos entre los 70 y 80. Eso sí, con cable, todavía no existía el radiocontrol en el mundo del juguete. El mando, que era bastante voluminoso, tenía un volante, acelerador, freno y encendido de luces, como mínimo. Su envergadura se debía a que usaba pilas grandes para funcionar.

Entre los modelos más codiciados estaban: el camión Pegaso, el Superbólido, el Ricobus y el Mercedes, todos de la Marca Rico; y el Citroën Tiburón, el Ferrari y el coche de bomberos de Payá.

En televisión comenzó a aparecer en los ochenta un niño que se llamaba Santi Rico que anunciaba esta marca. A los niños de esa época les daba una envidia terrible pensar que Santi Rico podía tener todos los modelos de coches teledirigidos más avanzados y deseados mientras el resto se conformaba con uno o ninguno.

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“Guisval, miniaturas en metal”

Así finalizaban los anuncios de los coches en miniatura Guisval, una canción de esas que se quedan grabadas para toda la vida. Lo más atrayente era Play City, una pequeña ciudad con gasolinera, montaje de calles y hasta parking con elevador que pertenecía a la colección Chiquis. Este juguete ayudaba, de alguna manera, a comprender y organizar el tráfico a los niños de la época.

En el catálogo de Guisval además podíamos encontrar modelos a escala de diversos vehículos y marcas, que siempre han estado bien considerados por su alto nivel de detalle y la calidad de sus materiales. Además venían montados en una cajita de plástico transparente con el nombre del modelo para facilitar el coleccionismo. Las mejores cajas eran los sets de vehículos de servicios públicos que configuraban una escena con los muñecos que traían y que podemos ver en la web del Museo virtual de Guisval.

 Mi Vespino Rosi

“Súbete a mi moto, mi Vespino Rosi”. Si escuchas el anuncio ya no te quitas la canción de la cabeza. Injusa impactó brutalmente en el corazón de los niños, todo el mundo quería probar aquella moto. Era una de las primeras a batería y que se podía conducir de verdad que veíamos en España. El problema era aquello que aparecía al final del anuncio y que decía: “Más de 5.000 pesetas”. Una cantidad excesiva para la mayoría.

La supervelocidad de Hot Wheels

Ya en la década de los noventa aparece una serie de coches diferentes, los Hot Wheels. Sus detalles exclusivos y su llamativo diseño han hecho que estén pensados sobre todo para el coleccionismo. Incluso se han sacado piezas especiales basadas en películas o series de TV. Además son coches con un nivel de rozamiento bajo por lo que se usan mucho para jugar a alcanzar grandes velocidades. Por otra parte, estos coches, además de individualmente, se comercializan en sets relacionados con el automovilismo: pistas de carreras, garajes, centros de lavado o parkings, entre otros.

Los coches de batería recargable manejables

A partir del año 2000 se empezaron a ver por los parques y plazas de las ciudades a niños montados sobre modelos a escala de coches de marcas conocidas. La marca Feber fue una de las primeras marcas de juguetes en producir estos modelos. El más conocido el Suzuki Vitara descapotable y biplaza. Este tipo de juguetes han terminado cautivado incluso a las marcas de coches y muchas de ellas han sacado versiones de sus automóviles más representativos para el deleite de los pequeños conductores. Por otra parte, la marca Pekecars, permite incluso que estos coches puedan ser pilotados por un adulto a través de control remoto, con lo cual evita los choques de los más pequeños.

Y aparte de todo lo anterior, la historia del coche de juguete ha tenido muchos más protagonistas: los MicroMachines, esos diminutos cochecillos;  el coche musical de Barriguitas; el juego de conducción Autocross Turbo, con aquella pista llena de curvas; las maquetas de Tamiya, para las que había que tener un don especial, buen pulso y mucha paciencia, o los coches radiodirigidos, entre otros muchos. Estos últimos tienen su prolongación actual en los drones o incluso en dispositivos rodantes conectados a móviles como Sphero y Ollie.

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