Aunque el nuevo Ford Focus haya sorprendido con su gama diferenciada en cuatro personalidades, no es el primer modelo de Ford que realiza esta jugada, fue el Fiesta quien la estrenó. Y, dentro de sus múltiples opciones, es el Ford Fiesta Active una de las más destacadas.

Esto se debe a que es la que se sube al carro de la moda SUV, presentando un híbrido entre compacto y todocamino que, si bien no es una máquina todoterreno, sí tiene cualidades para permitirse alguna que otra licencia fuera del asfalto y, además, luce todos los elementos estéticos que tanto atraen al público en estos tiempos.

El frontal presenta una parrilla oscura con trama de malla y la parte inferior del paragolpes cuenta con una protección central de aluminio que se extiende en forma de plástico negro hacia los laterales para dar forma a los pasos de rueda, a los faldones (de nuevo con una moldura de aluminio) y a la trasera, que aloja el escape en la parte derecha del difusor. No hay que olvidar las ya comunes barras del techo.

El interior también es específico respecto a otros Fiesta y se ha preparado para hacer frente al desgaste típico de las salidas al campo, la playa, etc. Su imagen se distingue por los asientos, regulables en cuatro posiciones, que cuentan con unas barras horizontales en el respaldo a juego con el color de la carrocería.

Es algo más capaz fuera del asfalto, algo que consigue aumentando la distancia entre ejes en 10 mm y, sobre todo, dejando una altura libre al suelo 18 mm mayor. Pero también es importante la presencia de una suspensión revisada que se adapta tanto a firmes lisos como a superficies difíciles, y del modo de conducción Terreno Deslizante (que se suma a los habituales Normal y Eco), que ajusta ESC y control de tracción para mejorar el agarre en lluvia, nieve o hielo.

Su gama mecánica es común a la de sus hermanos: bloques gasolina EcoBoost 1.0 tricilíndricos turbo de 100, 125 y 140 CV, 1.1 litros de 70 y 85 CV, y diésel 1.5 TDCi de 85 y 120 CV.