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Gasolineras baratas: ¿un combustible de bajo coste puede averiar el coche?

Algunas estaciones de servicio permiten ahorrar hasta 20 céntimos por litro, pero muchos conductores dudan de la calidad de los combustibles.

gasolineras baratas

Un coche repostando en una gasolinera automática.

Cuando empieza a teclearse en internet y se llega a gasoline-, sin necesidad de escribir la r, el buscador ya propone ‘gasolineras baratas’ y al instante proporciona cinco millones y medio largos de resultados. “Gasolineras más baratas HOY en España” o “gasolineras más baratas cerca de mí” o muchas más opciones casi idénticas, gasolineras que ahorran, cualquiera de ellas, unos 20 céntimos por litro. Diez euros por recarga en un depósito de 50 litros.

El precio medio de la gasóleo A en España, el más utilizado en el parque móvil, se sitúa hoy en 1,481 euros. Suponiendo un consumo de 7 litros a los 100 kilómetros y una media de 15.000 kilómetros al año, un conductor gasta unos 210 euros menos si reposta con combustibles más económicos. Unos 1.345 euros anuales frente a 1.555. Suficiente para pagar el impuesto de circulación y, en muchos casos, para cubrir un seguro a terceros.

Cualquier carburante que se venda en España debe cumplir, por ley, unas especificaciones mínimas publicadas en el Boletín Oficial del Estado. También los que se distribuyen en las gasolineras baratas. Pero ¿merece la pena utilizarlos? ¿No son mejores los combustibles de las estaciones tradicionales? El director general de la Asociación Española de Operadores de Productos Petrolíferos (AOP), Andreu Puñet, asegura que, efectivamente, “ofrecen un plus de calidad gracias al uso de aditivos especiales que se incorporan al combustible de calidad base”.

La AOP agrupa a compañías como BP, Cepsa, Galp y Repsol, cuyos ingredientes añadidos “reducen el consumo y mejoran la lubricidad del motor, alargando la vida del mismo y reduciendo las emisiones de CO2”, sostiene Puñet. “Dependiendo de la gama de aditivos, hay empresas que garantizan un ahorro de combustible de entre un 3 y un 4%”, añade el director general de la AOP.

Todos los combustibles son el mismo

Si esto es así –y las petroleras “lo certifican en laboratorios y bancos de pruebas”, asegura Puñet– el coche del ejemplo anterior consumiría 6,72 litros cada 100 kilómetros con un gasóleo de más calidad, en lugar de 7. Con esa mayor eficiencia, 100 kilómetros supondrían un coste de 9,95 euros (a 1,481 euros el litro), superior a los 8,97 euros de una alternativa más económica (1,281 euros el litro).

Por tanto, ¿merece la pena elegirlos por sus otras cualidades diferenciadoras? ¿Conviene evitar las gasolinas de saldo? El consejero delegado de Petroprix, Manuel Santiago, se exalta ya con la primera pregunta. “La realidad es que el combustible es el mismo. Todos cargamos en Exolum, la antigua Compañía Logística de Hidrocarburos. Las grandes multinacionales hacen publicidad para intentar diferenciarse, pero todas dispensamos el mismo combustible”.

Los carburantes que distribuye Exolum ya llevan de serie los aditivos HQ300 (para el gasóleo) o HQ400 (para la gasolina), y las petroleras puede añadir aún más componentes. “Ellos te dicen que sobreaditivan, pero la realidad es que es todo marketing. No hay constancia que nada que se ponga en el combustible mejore el rendimiento del motor. No hay hechos”, asegura el responsable de Petroprix.

¿Qué gasolina es mejor para el coche?

Más allá de la publicidad y de las pruebas de laboratorio de las petroleras, desde el punto de vista práctico no resulta fácil responder a las dudas sobre los carburantes de bajo coste. “Es un asunto mucho más complicado de lo que parece”, reconoce un ingeniero con años de experiencia en una marca puntera y que prefiere no dar su nombre.

“Conocemos casos de conductores que sufren un mismo tipo de avería y al cambiar de surtidor a todos les desaparecen los problemas. Suceden cosas y lo sabemos, pero no se puede demostrar qué ocurre. A veces un cliente viene con un gasoil que huele a desinfectante, pero lo mandamos al laboratorio y pasa la prueba: es gasoil”, reconoce.

En todo caso, una gasolina puede ser económica “y no por eso es necesariamente mala”, matiza el experto. “Por supuesto que hay estaciones de servicio de bajo coste que son estupendas. Tal vez se registran más problemas que con las gasolineras normales, pero sería muy injusto generalizar, desde luego. Y también hay conductores con experiencias negativas en los surtidores de toda la vida, claro”, añade.

Conservación de los tanques

En opinión de este ingeniero, “el mantenimiento de la gasolinera probablemente influya más que el propio producto. Quizá debería vigilarse más el estado de las instalaciones, especialmente de los depósitos”. El decálogo de la Asociación Nacional de Estaciones de Servicio Automática (AESAE), a la que pertenecen cadenas como Petroprix, Ballenoil o Plenoil, responde de antemano: “Nuestros productos se almacenan en tanques cuyo control y limpieza realizamos periódicamente, conforme a la normativa de almacenamiento de productos petrolíferos”.

Los empresarios que gestionan gasolineras baratas defienden su producto. “Todos los combustibles que se venden en España están garantizados por la norma y funcionan igual”, insiste Manuel Santiago. Entonces, ¿por qué hay tanta diferencia de precio? “Las gasolineras baratas optan por otro tipo de clientes y ofrecen precios más bajos porque los aditivos son caros. Las grandes petroleras se decantan por vender un producto de gran calidad y por una mejor atención, aparte de que ofrecen al consumidor otros servicios, como las tiendas con productos de conveniencia”, justifica Andreu Puñet.

Manuel Santiago lo ve de otro modo: venden más litros sin necesidad de tanta inversión. “Las gasolineras automáticas somos más económicas porque somos más eficientes. Tenemos menos personal, sitios más pequeños, una estructura menor, gastamos menos energía… Es un combinación de factores que hace que seamos más eficientes y trabajamos con menos margen”, argumenta.

Sobre la firma

Periodista especializado en seguridad vial. Editor y redactor de El Motor desde 2016. Empezó a escribir de fútbol en 1998 en Diario 16 y ha trabajado en varios proyectos de Prisa Media desde 2000. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, es autor de ‘Aquí no se rinde ni Dios’ (2020).


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