Crisis económicas, guerras, olvido o simplemente dejadez son algunas de las causas por las que nos podemos encontrar de repente tesoros automovilísticos en los sitios más insospechados. Algo que ocurre con bastante frecuencia.

Es lo que los anglosajones llaman barn find, que hace referencia al hallazgo de coches clásicos abandonados en graneros o sitios similares y que pueden restaurarse. En Estados Unidos parece que das una patada a un cobertizo y salen dos Buicks del 39 y tres Ford Mustang de los años 70. Incluso da para hacer programas de televisión o canales de YouTube como The barn find hunter.

Cunetas, barrancos, desiertos, selvas o incluso el fondo del mar están llenos de chatarras de lo que fueron magníficos vehículos y que ahora son objeto codiciado de coleccionistas. He aquí los más interesantes y curiosos.

BAJO EL AGUA

Los coches de lujo del Titanic. Siempre se ha barajado la posibilidad de que en el barco más famoso de todos los tiempos, el Titanic, iban coches lujosos. Al menos sí podría ir un Renault BK Limousine de 1911. Uno de los coches más preciados de la época, que incluso James Cameron incluyó en una escena de su película sobre el hundimiento del transatlántico. Lo cierto es que su propietario y superviviente de la tragedia, William E. Carter, reclamó a la aseguradora el valor de este vehículo que al parecer viajaba desmontado en la bodega del barco. Tan solo hay que bajar 3.800 metros bajo el océano para comprobarlo.

El Bugatti del Lago Maggiore. En la década de los setenta del siglo XX un submarinista se topó en el fondo del Lago Maggiore, Suiza, con la carrocería de un Bugatti Brescia Type 22 Roadster de 1925. Parece que el deportivo llegó desde Francia durante una competición y allí su dueño, un tal Georges Nielly, lo vendió ilegalmente a un arquitecto suizo que después de usarlo unos años lo dejó en uno de sus almacenes junto al lago tras mudarse a Zúrich.

Al reclamar las autoridades el pago de los aranceles de importación, los empleados del arquitecto decidieron sumergir el coche en el lago para hacerlo desaparecer. Tras ser una atracción para los submarinistas al final se decidió sacar del agua en 2009, tal y como atestiguan estas imágenes.

La versión extraoficial es que el coche perteneció al famoso piloto francés René Dreyfus, que lo perdió jugando al póker frente al suizo Adalbert Bodé, quien al cruzar la frontera tuvo que entregarlo por no poder pagar los impuestos que le reclamaban. Se piensa que fueron las propias autoridades las que hundieron el coche en el lago para deshacerse de él. Hoy puede verse en el Mullin Automotive Museum de California.

El Chevrolet de los Warren. En el fondo de otro lago, en este caso el Lago Crescent del estado de Washington, EEUU, está sumergido el Chevrolet en el que desapareció el matrimonio Warren en 1929 y que no se descubrió hasta 72 años después. Al parecer el coche se salió de la carretera cuando los Warren regresaban de comprar una lavadora nueva como regalo familiar para la fiesta del 4 de julio de ese año. Lo malo fue que, a pesar de que había huellas de frenada que llegaban al borde del lago, nunca encontraron el coche hasta que un par de aficionados al submarinismo lo localizaron en 2002. Sin embargo no hayaron los restos de Russel Warren hasta 2004. No es el único pecio del lago, a tan solo unos metros descansan los restos de un Dodge de los años 50.

Los restos de la batalla. La Segunda Guerra Mundial ha dejado varios pecios cargados hasta los topes de automóviles, motos y tanques. Es conocido el buque Thistlegorm, hundido en 1941 por la aviación alemana en el Canal de Suez. Pero el buque más visitado por los turistas del Mar Rojo es el buque italiano Umbría, que llevaron a pique sus propios tripulantes para evitar que cayera en manos del enemigo. Este portaba tres vehículos exclusivos de gama alta FIAT 1100 Lunga Coloniali entre botellas de vino y municiones.

ENTRE EL POLVO Y LA MALEZA

El bosque de los coches olvidados. Tras la Segunda Guerra Mundial, el bosque de Chatillon, Bélgica, se convirtió en un enorme cementerio de coches abandonados por los soldados estadounidenses al embarcar de nuevo para casa. Allí se podían encontrar vehículos de la primera mitad del siglo XX, la ilusión de cualquier coleccionista. Lo malo es que ese sitio ha sido desde entonces un lugar destinado a abandonar coches, llegando a haber más de 500. Afortunadamente en 2010 comenzaron las labores de limpieza del lugar, con lo que dejó de ser una tienda de repuestos para coches clásicos al aire libre.

Similar es el bosque de West Greenwich, Rhode Island, Estados Unidos, donde también se encuentra un cementerio incontrolado de automóviles desde hace años y que por lo visto ha llegado a albergar 20.000 vehículos, en su mayoría de los años 60 y 70, gran parte de ellos Ford Mustang, aunque también hay de principios del siglo XX.

Un ‘barn find’ a lo bestia. En 2007 apareció la noticia de que un jubilado estadounidense había comprado una propiedad en Portugal, pero la sorpresa llegó cuando descubrió que en una nave de la misma se encontraban 180 vehículos clásicos de todos los tiempos. Un FIAT 1200, un Ford Cortina, un Mercedes 180, un Lotus Elan, un Lancia Flaminia, un Chevrolet Convertible de 1928 o un Austin Mini Cooper S son algunas de las joyas que habían estado encerrados allí durante 15 años.

Casi de la misma manera aparecieron en 2014 en una granja en Francia cerca de 100 automóviles que pertenecieron a un magnate francés venido a menos, Roger Baillon, que compró esta colección y dejó abandonada en este lugar al comenzar a tener problemas financieros. La mayoría de los coches son de los años 50 y 60 pero también hay anteriores. Entre los más destacables: un Ferrari 250 GT SWB California Spider (del cual solo se fabricaron 37 unidades), un Maserati A6G 2000 Berlineta, un Avions Voisin, un Bugatti Type 57 Ventoux o un Hispano-Suiza H6B, entre otros.

Km 0 ‘vintage’. Así se quedaron más de 200 coches durante 34 años en un concesionario FIAT de Dinamarca que cerró en 1981. En él se encontraron modelos de todas las marcas de la época, como varios FIAT 127, diversos SEAT 600 o incluso un Lancia Beta, entre otros. Lo más sorprendente es que los herederos vendieron estos magníficos vehículos a precio de saldo.

BAJO TIERRA

Un cadáver en el jardín. Imaginemos que nuestros hijos juegan a escavar en el jardín de casa y se encuentran un Ferrari Dino 246 GTS en perfectas condiciones. Esto pasó en una casa de Los Ángeles, California en 1978. Cuatro años antes su dueño y anterior inquilino de la casa había notificado a su compañía de seguros el robo del auto y lo había ocultado para cobrar una indemnización de 22.500 dólares. En Jalopnik han reconstruido el resto de la historia.

Un garaje en las catacumbas. En Italia cuando se encuentra algo bajo tierra lo habitual es que sea de origen romano, pero en este caso se trataban de 1.000 metros cuadrados de túneles que datan del siglo XIX y que fueron descubiertos en Nápoles en 2012. El lugar, que parece que también sirvió de refugio antiaéreo en la segunda gran guerra, se conoce como la Galería Borbónica y está lleno de vehículos y motocicletas (entre ellas varias Vespa) anteriores a los años 40, ya que fue un depósito de vehículos requisados hasta los años 50.

EN OTROS PLANETAS

Aparcados en la Luna. En nuestro satélite hay tres coches abandonados dejados allí por las misiones Apolo 14, 16 y 17, que fue la última vez que alguien pisó la Luna allá por el año 1972. Son los llamados Lunar Roving Vehicle y fueron construidos por General Motors en colaboración con Boeing y la NASA. Los primeros en conducir por este planeta fueron los astronautas Davir R. Scott y James B. Irwin que viajaron durante 27,9 kilómetros.