A día de hoy, en pleno despegue de la electrificación del automóvil, pensar en un vehículo híbrido es prácticamente tan normal como hablar de un gasolina o un diésel. Sin embargo, hace no mucho era diferente. Y no es necesario retroceder demasiado, 20 años atrás, las alternativas a los combustibles fósiles eran prácticamente inexistentes, hasta que apareció un modelo para abrir la veda: el Toyota Prius.

Fue en 1997 cuando el predecesor de todos los híbridos actuales fue puesto a la venta, pero su historia comenzó antes. En 1993, en Toyota estaban en pleno proceso para desarrollar “un vehículo para el siglo XXI”, y todo empezó a tomar forma con el Project G21, un proyecto secreto dentro de la marca, con un equipo que trabajaba aislado del resto de la compañía y cuyo fin era desconocido para la gran mayoría.

Su objetivo de partida era desarrollar un coche cuya eficiencia fuera 1,5 veces mayor que la de los motores convencionales. En 1994, los ingenieros decidieron emplear elementos eléctricos, desarrollando el Toyota Energy Management System o, lo que es lo mismo, el primer sistema híbrido de la marca. Tan solo un año después vio la luz el Prius Concept en el Salón de Tokio de 1995, con un diseño bastante sencillo que, sin embargo, atrajo la suficiente atención para continuar su desarrollo y, por fin, comenzar a ser producido en serie en 1997.

El diseño evolucionó algo respecto al prototipo, aunque tampoco en exceso, mientras que sus prestaciones y consumos tuvieron que adaptarse a la realidad. Esto supuso la homologación de un gasto de combustible de 5,1 l/100 km y unas emisiones de CO2 de 120 g/km. Las cifras supusieron un hito para la época, lo que (unido a su por entonces extraña naturaleza híbrida) hizo que se convirtiera en un modelo muy popular cuando llegó a Europa.

No obstante, no fue hasta su segunda generación (2003), cuando tuvo lugar el ‘boom’ del Toyota Prius. Ya con su característica silueta, su cartel de eco-friendly lo llevó a arrasar en Hollywood y muchas estrellas de cine empezaron a conducirlo como símbolo de su compromiso medioambiental. A pesar del cambio visual, lo importante de esta nueva versión fue el Hybrid Synergy Drive, una evolución del sistema híbrido que permitía conducir en modo 100% eléctrico.

Además, la frenada regenerativa ahorraba energía y estrenó un compresor A/C completamente eléctrico, aparte de que mejoró su aerodinámica. Como resultado, el consumo combinado bajó hasta los 4,3 l/100 km y las emisiones de CO2 se rebajaron hasta los 104 g/km.

En 2009, con la tercera generación, llegaron nuevos cambios importantes. En cuanto a la estética el Toyota Prius estableció su identidad, con formas más angulosas y afiladas; en el apartado mecánico aumentó la cilindrada de su motor de gasolina (de 1.5 a 1.8) y tanto la potencia de este como la del bloque eléctrico. Además, durante su ciclo de vida se estrenó el Toyota Prius Plug-In Hybrid, una variante híbrida enchufable que llegaba hasta los 25 kilómetros de autonomía eléctrica y homologaba un consumo de 2,1 l/100 km.

Desde 2015 está a la venta la cuarta y por el momento última generación del híbrido. No ha supuesto ninguna revolución respecto a sus predecesores, pero sí ha continuado con la línea marcada desde hace 20 años: su consumo se queda en 3,3 l/100 km y sus emisiones en 76 g/km. Además, Toyota ha optado por darle un perfil más premium, cargándolo con tecnología entre la que destacan numerosos asistentes de conducción y seguridad.

A comienzos de 2017 la marca japonesa alcanzó los 10 millones de coches híbridos fabricados, cifra a la que han contribuido también los Yaris y Auris híbridos, así como el recién llegado C-HR. Tres modelos que no habrían existido sin el nacimiento de este pionero, hace ya dos décadas.