Los montes nevados tienen una consecuencia directa en el tráfico: muchos animales deambulan por la carretera en busca del alimento que no encuentran en los lugares habituales (cubiertos por la nieve) y, también, atraídos por la sal utilizada para evitar la formación de placas de hielo. Y se convierten en un peligro para los conductores.

Ya sea en invierno o en verano, la escena no resulta extraña: una cabra montesa, un corzo o un jabalí cruzan la carretera, un coche no puede esquivarlos (o pierde el control por intentar hacerlo) y se produce un accidente. Así unas 17.000 veces cada año en España, en ocasiones hasta 20.000. Los choques contra animales son habituales, y Soria, Burgos y Guadalajara destacan como las provincias con más accidentes por esta causa, según un estudio de Ponle Freno-Axa.

Los datos del Real Automóvil Club de España (RACE) manifiestan una realidad similar: el 50% de los conductores ha experimentado una situación de riesgo a causa de un animal, el 6% ha estado implicado en un accidente y el 94% de los automovilistas ha visto animales en la vía.

Las especies silvestres causan 6 de cada 10 siniestros (jabalíes, mayoritariamente), el resto corresponde a animales de ganadería o domésticos. Y de la presencia de animales en la carretera se derivan dos problemas principales: por un lado, el peligro mismo que se produce; por otro, la asunción de responsabilidades después de un atropello.

En cuanto a lo primero, un accidente de esta clase puede convertirse en un problema grave porque la velocidad multiplica la fuerza del impacto y el peso del animal. En este gráfico elaborado por el Real Automóvil Club de Cataluña (RACC) quedan claras las equivalencias: en una colisión a 60 km/h contra un jabalí, este adquiere el peso de un rinoceronte, por ejemplo. Y un ciervo común se convierte en un elefante. 

PREVENIR ACCIDENTES CONTRA ANIMALES

Ante esta situación, el RACC recomienda tomar precauciones para evitar, en la medida de lo posible, los accidentes.
Elevar la atención. Un animal puede cruzar la carretera en cualquier lugar y momento, especialmente al amanecer y al atardecer.
Reducir la velocidad. A menor velocidad, la capacidad de reacción es mayor (y las consecuencias de un posible accidente, menores).
Mantener la alerta. Si ves a un animal cruzando la carretera, mantén la alerta aunque ya haya pasado: puede que aparezcan otros animales rezagados.
Evitar las luces de largo alcance. De lo contrario, el animal queda deslumbrado y desorientado, y habitualmente se queda paralizado.
Tocar el claxon. Puede servir para advertir de nuestra presencia al animal.
Evitar las maniobras bruscas. Si la colisión es inevitable, es preferible un choque controlado que una maniobra de evasión incontrolada. Conviene sujetar bien el volante, mantener la dirección y frenar.
Asegurar el lugar del accidente. La reacción, en este caso, es la habitual: ponerse el chaleco reflectante, colocar el triángulo de advertencia y, si hay daños personales, iniciar las medidas de auxilio.
Avisar a la policía. Son ellos los encargados de retirar el animal y reconducir la situación para evitar más accidentes.

RESPONSABILIDADES

Respecto a la segunda parte del asunto, la Ley de Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial establece, desde 2014, que “en accidentes de tráfico ocasionados por atropello de especies cinegéticas en las vías públicas será responsable de los daños a personas o bienes el conductor del vehículo, sin que pueda reclamarse por el valor de los animales que irrumpan en aquéllas”.

Existen dos excepciones, sin embargo: la responsabilidad recae en el titular del aprovechamiento cinegético o en el propietario del terreno “cuando el accidente de tráfico sea consecuencia directa de una acción de caza colectiva de una especie de caza mayor”. Y también podrá ser responsable el titular de la vía pública por “no haber reparado la valla de cerramiento en plazo, en su caso, o por no disponer de la señalización específica de animales sueltos”.

Para protegerse de esta situación, los conductores tienen una salida evidente: pagar. Los seguros a terceros no cubren esta circunstancia, y en muchos casos tampoco los seguros a todo riesgo. Como consecuencia, no queda más remedio que contratar una ampliación de la póliza que ofrezca esta cobertura, extensible incluso a especies ganaderas y domésticas.

En caso de accidente con un animal salvaje, el seguro cubre la reparación de los daños que sufra el vehículo y los bienes del conductor. Y si la colisión es con un animal de granja, la compañía puede incluso reclamar al propietario una indemnización.