Circulan múltiples rumores sobre una serie de trucos que funcionan para rebajar el nivel del alcohol en sangre. Son falsos: ni el agua, ni el café, ni el chicle de menta, ni otros métodos funcionan. Eso sí, en Grecia han encontrado una fórmula que permite beber y no dar positivo.
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En Atenas se han intensificado los controles de alcoholemia: especialmente por la tarde y durante la madrugada. Con este incremento buscan reducir la sensación de impunidad de aquellos que no respetan las normas y, sobre todo, acabar con los accidentes de tráfico relacionados con esta causa.
Hasta ahora muchos creían que era un mito urbano, pero un fenómeno está tomando fuerza a raíz de este aumento de controles: personas que se anticipan, avisan y se ofrecen a solucionar el problema por unos 20 euros.
Una red de intermediarios
En este contexto han surgido mercados paralelos que intentan explotar el miedo del conductor que no debería estar al volante. Según un informe de Kathimerini, unos metros antes del control de alcoholemia aparecen los llamados ‘tsiliadoroi’: los intermediarios.
Paran a los conductores que parecen indecisos o atemorizados y les sugieren una solución rápida: ponerse al volante de su coche para superar el control de alcoholemia, ya que ellos están sobrios, y devolverles el vehículo unos metros después. En Grecia, el límite legal para los conductores es el mismo que en España: 0,50 g/l en sangre o 0,25 mg/l en aire espirado.
Estos intermediarios representan una amenaza directa para el esfuerzo que se está haciendo por reducir los accidentes de tráfico relacionados con el alcohol. Cuando alguien elude un control de este tipo, su comportamiento tiene elevadas probabilidades de terminar en desastre: para sí mismo, para los demás pasajeros y para los peatones.
Otra consecuencia
Hay otra consecuencia menos visible: cuando un tercero se hace cargo del coche, nadie puede garantizar al conductor su identidad, si tiene carnet, si realmente está sobrio o si, en realidad, le devolverá el vehículo. Lo que parece una solución puede convertirse en otro riesgo.
Así las cosas, las autoridades tienen, ahora, otro reto… además de llevar a cabo más pruebas de alcoholemia: eliminar la posibilidad de que se consolide un mercado negro de información y facilitación en torno a sus controles.
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Desde que aprendió a hablar y escribir, una de sus pasiones siempre fue contar todo lo que pasaba a su alrededor. Hizo las maletas y cambió Zaragoza por Madrid para estudiar Periodismo en la Universidad Complutense. Antes de graduarse, el mundo del motor se cruzó en su camino… y nunca lo ha abandonado.
