Más allá de intentar ganar, las marcas participan en competiciones de alto nivel para desarrollar tecnologías que más tarde aplicarán a los modelos de calle. Y esta idea cobra especial importancia cuando los conceptos se trasladan de manera casi inalterada a las carreteras: la Ducati Panigale V4 es una de esas joyas.

Y es en su apellido, ese ‘V4’, donde radica uno de los factores clave de la deportiva. El fabricante italiano siempre ha sido conocido por sus motores bicilíndricos, pero en esta ocasión ha dado el salto a un motor tetracilíndrico, un Desmosedici Stradale derivado de MotoGP. Del que utilizan Jorge Lorenzo y compañía toma prestadas sus dimensiones, el ángulo de los cilindros o el sistema de distribución desmodrónica, entre otros elementos. Pero basta con citar las frías cifras para quedar maravillados: 214 CV a 13.000 rpm y 124 Nm a 10.000 vueltas.

Si a esto se suma que el peso en seco de esta Ducati es de 175 kilos, y que en orden de marcha se queda en 198, arroja una relación peso potencia de 1,1. Además, hay que añadir un cambio Ducati Quick Shift EVO de seis relaciones, lo que la convierte en un auténtico misil. Sus prestaciones se desconocen por el momento.

Más allá de la potencia pura y dura, el resto de componentes rayan a un gran nivel. El chasis está formado por un monocasco de aluminio que emplea el propio motor como parte estructural, monta frenos Brembo con discos de 330 mm de diámetro y pinzas monobloque, mientras que la suspensión depende de la versión de la que hablemos. La V4 lleva una horquilla delantera Showa BPF de 43 y monoamortiguador trasero Sachs, mientras que las V4 S y V4 Speciales utilizan amortiguadores Öhlins gestionados electrónicamente.

Lo que sí comparten las tres es un arsenal tecnológico de aúpa: cuadro digital con pantalla de cinco pulgadas, control de tracción, control de deslizamiento, Ducati Power Launch, gestión electrónica del freno motor, sensor de inclinación y tres modos de conducción: Street, Sport y Race.