Opinión

Europa y Asia, electrificación a diferentes velocidades

Europa y Asia, electrificación a diferentes velocidades

Un Volswagen ID.3 en la nueva planta de Zwickau. / Volkswagen / Oliver Killig

Aunque en Europa todavía se cree que la industria mundial del automóvil gira en torno a los gustos y preferencias del viejo continente, esa prerrogativa es historia hace tiempo. En realidad, lo único en lo que seguimos siendo referencia es en el diseño, tanto exterior como interior, al menos en modelos premium, y más por la tradición y liderazgo de las marcas alemanas y británicas exclusivas que por importancia del mercado. Incluso ahí, cuando se toman decisiones sobre berlinas y todoterrenos grandes, se imponen las demandas del mercado chino, principal destino de esas ventas, y algunas del norteamericano.

Con la electrificación puede pasar lo mismo, o al menos eso reflejan dos acontecimientos del último mes, el Salón de Tokio y la entrada en producción del ID.3, el eléctrico popular de Volkswagen.
En la muestra japonesa se esperaba conocer por fin los planes de electrificación de las marcas locales, que con la excepción de Nissan, pionera del coche eléctrico, no habían mostrado sus cartas.

Pero salvo el estreno del Mazda MX-30, apenas ha habido nada nuevo. Toyota anunció que comunicaría su estrategia, pero ha mostrado sus propuestas de movilidad sin concretar futuros eléctricos de producción. Solo que llegarán antes de 2025, sin especificar ni qué, ni cuándo.

La conclusión es que las marcas japonesas parecen ir a su ritmo, sin preocuparse mucho por la demanda de eléctricos de China o la necesidad de cumplir los límites europeos de CO2 en 2020. Quizá porque prefieren esperar a las futuras baterías de litio en estado sólido, que bajarán los costes, o porque creen más en el hidrógeno como solución de futuro. Y parecen dar más prioridad a la nueva movilidad y al vehículo autónomo.

La entrada en producción del ID.3 en Zwickau, en cambio, convierte a esa fábrica en la más grande de Europa en vehículos eléctricos, con 330.000 unidades en 2021. Pero ese hito y las inversiones que ha exigido, 1.200 millones de euros, no habrían sido viables si los gastos de desarrollo no se repartieran con el volumen que aportará el mercado chino. Así que convendría asumir que cada vez somos menos decisivos.


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