Cada vez mejor para continuar convenciendo al público

Líder frecuente del segmento todocamino, se pone al día por completo para mantener sus privilegios. Y la mejora es tan evidente como valiosa.

La moda de los todoterreno quedó atrás y con el tiempo han sido los todocamino los que han tomado su relevo en las preferencias de los automovilistas. Es lógico puesto que se trata de coches más razonables, especialmente si consideramos que muchos de los clientes de aquellos 4×4 compraban más una estética o una mayor seguridad teórica (bastante discutible, por cierto) que las ventajas reales de dicha configuración.

Así es como los todocamino compactos ganan adeptos día a día y nos encontramos con éxitos de ventas como el del Nissan Qashqai, que ahora se actualiza por completo para mantener esa enorme aceptación en el mercado. Le hacía falta la renovación a la primera generación y la espera ha merecido la pena, porque este nuevo modelo es claramente más convincente en cualquiera de los aspectos que nos planteemos, desde los más mundanos como la estética a los más trascendentales como la seguridad o el comportamiento dinámico.

Crece el recién llegado en dimensiones y sobre todo en empaque de su carrocería de cinco puertas, atractiva por los cuatro costados y acorde con un segmento cada vez más exigente. Esa progresión indiscutible se traslada a su interior, con un habitáculo de mayor calidad, acabados cuidados como es norma en los productos japoneses y un equipamiento tecnológico y de seguridad que poco tiene que envidiar al de otros coches más pretenciosos. La habitabilidad es correcta para un uso familiar medio, aunque lo cierto es que el anterior Qashqai ya cumplía en este sentido.

En el apartado mecánico Nissan ofrece motores de gasolina y gasóleo. Nuestra unidad de prueba montaba uno de los primeros, en cilindrada de sólo 1,2 litros pero que gracias a un turbo alcanza 115 CV, que no es una mala cifra para sus ambiciones. Es un motor eficiente y con prestaciones válidas para la mayoría, pero personalmente sigo pensando que un buen diésel se adapta mejor a un todocamino. La transmisión de seis marchas suple la falta de elasticidad del propulsor, estando asociada a la tracción delantera ya que las opciones 4×4 prácticamente desaparecen de la gama (se reservan a una única versión).

Su conducción es fácil y agradable, próxima a la de un turismo convencional. La carrocería no balancea en exceso, las suspensiones son cómodas y sólo la dirección quizá resulta demasiado asistida, restando algo de precisión a las trayectorias.

LO MEJOR. El nuevo Qashqai mejora en todos los sentidos, pero la evolución de su equipamiento le permite situarse al nivel de coches de categoría superior.

LO PEOR. El motor de gasolina es de sólo 1,2 litros y ese cubicaje penaliza su elasticidad. Para obtener buenas reacciones hay que prestar atención al cambio.

CONCLUSIONES. El diseño de esta nueva generación anticipa que nos encontramos frente a un producto mucho más solvente en todos los sentidos, comenzando por su estética. El motor de gasolina de 1,2 litros cumple, aunque para este tipo de vehículo el gasóleo sigue siendo aconsejable, sobre todo por sus valores de par. La calidad general del producto también se beneficia de un significativo paso adelante, con acabados logrados. La dotación tecnológica del nuevo Qashqai es sorprendente y de enorme utilidad para el conductor, con algunos detalles más propios de automóviles de segmento superior (y también precio).

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