Simuladores de conducción: cómo ser piloto desde casa

Los videojuegos cada vez más avanzados se combinan con estaciones de juego de miles de euros para ofrecer experiencias de lo más realistas.

Simuladores de conducción
Una estación completa puede superar los 10.000 euros.

Ser piloto de carreras es algo harto complicado a lo que solo consiguen llegar unos pocos. Pero, por suerte para los aficionados, el mundo de los videojuegos es una alternativa que con el paso de los años ha llegado a ofrecer experiencias de lo más realistas gracias a los simuladores de conducción.

Lejos quedaron los tiempos en los que la industria daba sus primeros pasos y el software era de lo más limitado: con las actuales generaciones de consolas y, sobre todo, con el nivel de los ordenadores, la representación del mundo de la competición es realmente fidedigna.

Hasta tal punto es así, que es el jugador o piloto virtual el que decide hasta qué punto quiere que llegue ese recreación, pudiendo optar por videojuegos con muchos niveles distintos de exigencia y por métodos de juego desde sencillos, como un simple mando, hasta complejo, existiendo estructuras que representan el interior de un coche al completo y cuestan casi tanto como uno.

Los mejores simuladores de conducción

Aunque videojuegos de conducción hay muchos, se pueden dividir entre los de corte arcade, que proponen una experiencia al volante más sencilla, que busca la diversión y no es compleja; y los que proponen una simulación realista en la que, para poder obtener victorias, hay que llevar a cabo una conducción idéntica a la que se haría en un circuito auténtica tener muy buenas manos.

De los primeros hay muchos ejemplos (Forza Horizon, la saga Buronout, los Need for Speed, etc.), pero no interesan en este caso, pues están en las antípodas de lo que proponen los simuladores de conducción.

Entre estos últimos hay bastante donde elegir, pero hay ciertos títulos que destacan sobre el resto. Uno de los más conocidos es iRacing, lanzado al mercado en 2008 pero que aún a día de hoy tiene una gran base de jugadores (incluso a pesar de que hay que pagar una suscripción mensual para jugar), porque ofrece una de las experiencias más realistas y se llevan a cabo en él multitud de torneos.

Otras alternativas son Asetto Corsa Competizione (y el Asetto Corsa convencional), Rfactor 2 y RaceRoom. La mayoría de simuladores están centrados en el mundo del circuito, pero hay excepciones como Dirt Rally, que se traslada a la misma disciplina y es exigente.

Montar un simulador de conducción

Cualquiera que haya jugado a videojuegos de conducción ha empezado haciéndolo con el mando de su consola o PC, pero aquellos con un gusto especial por esta temática optan por comprar un volante, que hace que la experiencia sea más inmersiva.

Este tipo de periféricos ha evolucionado mucho con el paso del tiempo, incorporando tecnologías cada vez más complejas que imitan el comportamiento en la realidad. Así, por ejemplo, los volantes ejercen una fuerza resistiva al giro para que cueste más llevar a cabo las maniobras.

Ahora bien, el volante es el solo el primer e indispensable elemento del equipo, pero en función de los gustos y el dinero que tenga el jugador, se puede subir de nivel de manera considerable.

Este suele ir acompañado de un pedalier para llevar a cabo las funciones de aceleración y freno, pero además es posible añadir una palanca de cambios manual para que se controle también el embrague. Además, como complemento adicional, es posible instalar un freno de mano.

Todo esto puede instalarse en una mesa, pero para mejorar la experiencia están disponibles en el mercado cockpits de distinto nivel de complejidad, que van desde estructuras para acoplar todos los elementos a los que incluyen asientos deportivos integrados, llegando incluso a los que montan una o varias pantallas para que directamente parezca que el jugador está dentro del videojuego.

Los precios que se manejan son muy variados, pero nunca baratos. Es posible encontrar volantes, pedales y palancas desde poco más de 200 euros, pero por norma general superan los 300 y rondan los 400 euros. Además, si se entra en estaciones de juego completas la cifra se dispara, y es que las más complejas superan con facilidad los 10.000 euros.

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Sobre la firma

Mario Herráez

Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Llevo una década dedicándome al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.

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