La primera multa de velocidad de la historia fue ¡a 13 km/h!

El Concours of Elegance de Londres expondrá el coche que alcanzó tan vertiginosa velocidad en 1896: un Arnold Benz Motor Carriage.

La primera multa de velocidad de la historia fue ¡a 13 km/h!

El coche de los 'malotes' de la época.

La definición de los límites de velocidad en las carreteras es la historia de nunca acabar: con idas y venidas entre los 110 y los 120 km/h, grupos que creen que debería aumentarse incluso más, radares de velocidad y de tramo… Cuesta imaginar que en otros tiempos, en los primeros tiempos, no se pudiera ir a más de 3 km/h. Aunque los coches eran capaces de hacerlo. Durante el próximo Concours of Elegance de Londres, que se celebra del 1 al 9 de septiembre, los asistentes podrán ver expuesto el vehículo sobre el que recayó la primera multa de la historia por exceso de velocidad.

El dato de los 3 km/h, que a estas alturas da risa, hay que contextualizarlo. Hablamos de finales del siglo XIX: la industria automotriz todavía estaba en pañales y los coches se asemejaban mucho más a los carros tirados por caballos que a sus herederos actuales. Con ruedas que casi parecían de bicicleta (y eso que al menos ya tenían neumáticos), tampoco debía de ser muy seguro aventurarse a ir más rápido.

Pero, como ocurre en todas las épocas, siempre hay un pionero, un temerario, un adelantado a su tiempo. Alguien que busca llevar los límites más allá de lo establecido. Su nombre era Walter Arnold y tiene el honor de haber sido la primera persona multada por exceso de velocidad.

Corría 1896 y Arnold circulaba con su Arnold Benz Motor Carriage por Kent (Inglaterra) pisándole más de lo que debía: a 13 km/h. Tuvo la mala suerte de cruzarse con un policía que, montando en bicicleta, le dio el alto y le aplicó la primera de las sanciones que muchos conductores han sufrido alguna vez.

La cifra puede parecer ridícula, pero cuadriplicaba el límite de la época, lo que trasladado a la actualidad sería como ir a 480 km/h por una autovía. Arnold tuvo la mala suerte de ser cazado en aquel momento, puesto que más tarde, ese mismo año, la velocidad máxima de los vehículos se elevó hasta los 24 km/h.