Contra el demonio de Dodge, un exorcista de 1.000 CV

El Hennessey The Exorcist es un Chevrolet Camaro ZL1 preparado para plantar cara a la última creación de Dodge.

Contra el demonio de Dodge, un exorcista de 1.000 CV

Para vencer al anticristo hecho muscle car que será el Dodge Challenger SRT Demon.

A pesar de la ingente cantidad de adelantos que ha realizado la marca, el Dodge Challenger SRT Demon (demonio) todavía no ha visto la luz, ya que se presentará en el Salón de Nueva York. Sin embargo, no le ha hecho falta ni nacer para que ya haya aparecido un acérrimo rival: el Hennessey The Exorcist. ¿Qué mejor manera de plantar cara al diablo que practicando un exorcismo?

Detrás de tan peculiar y apropiado nombre se encuentra la última creación del preparador americano Hennessey (que cuenta en su haber con varios récords): un Chevrolet Camaro ZL1 modificado que hace que el modelo de serie parezca lento.

El deportivo de General Motors monta un motor 6.2 LT4 V8 que de fábrica desarrolla 640 CV y 868 Nm de par. Cifras más que respetables que inevitablemente se quedan cortas viendo que los guarismos finales del exorcista se elevan hasta los 1.000 CV de potencia y los 1.310 Nm de par máximo.

¿Cómo se ha conseguido tal aumento? Con una revisión intensiva de gran parte del apartado mecánico: sistema de inducción de aire de mayor capacidad, reprogramación de la centralita del motor, nuevo escape, nuevo árbol de levas, cilindros modificados, un compresor de mayor tamaño y un nuevo intercooler. La caja de cambios, sea la manual de seis marchas o la automática de 10 relaciones, tiene que reforzarse sí o sí para poder aguantar el derroche de potencia.

Pero ¿cuál es el resultado? El preparador afirma que con el paquete de drag instalado (llantas de 20 pulgadas y neumáticos específicos), el Hennessey The Exorcist acelera de 0 a 100 km/h en menos de tres segundos y es capaz de completar el cuarto de milla por debajo de los 10 segundos.

Hennessey ha puesto precio a su trabajo: algo más de 51.000 euros para transformar al ZL1 en una mala bestia que devora las rectas. A esto, claro está, hay que sumar lo que le haya costado al dueño el propio muscle car.