Cuando bajan (o suben) las temperaturas, no es raro ver en redes sociales fotografías de cuadros de instrumentos que anuncian cifras casi extremas.
Pero más allá de la anécdota, la pregunta es lógica: ¿hasta qué punto es fiable la temperatura exterior que muestra el coche y, sobre todo, dónde se mide realmente?
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La mayoría de los coches modernos incorporan un sensor de temperatura exterior que informa a la electrónica del vehículo sobre las condiciones ambientales.
Ese dato no solo sirve para mostrarse en el salpicadero, sino que también influye en el funcionamiento del motor, el climatizador o determinados sistemas auxiliares. En climas muy fríos, por ejemplo, algunos modelos activan funciones de precalentamiento antes del arranque.
Desde el punto de vista técnico, el sensor suele ser un termistor, es decir, una resistencia térmica cuyo valor cambia en función de la temperatura. En términos simples, ofrece una resistencia distinta según haga más frío o más calor, y la centralita del coche traduce ese dato en grados con bastante precisión.

¿Dónde está?
La clave está en su ubicación. En muchos modelos, el sensor se instala detrás del paragolpes delantero, cerca del radiador. Para minimizar la influencia del calor del motor, suele colocarse en una zona baja del soporte del radiador o del propio paragolpes.
Esta solución protege el sensor del calor directo del propulsor, pero lo expone más al asfalto, que en verano puede estar sensiblemente más caliente que el aire.
Por este motivo, cada vez es más habitual que los fabricantes opten por montar el sensor en los retrovisores exteriores. Al situarlo más alejado del motor y del suelo, se consigue una medición más representativa de la temperatura ambiente real.

En muchos casos, el sensor se integra discretamente en la carcasa del espejo, a veces junto a la iluminación de cortesía.
Un ejemplo claro es el Ford Ranger, que lleva el sensor bajo el retrovisor izquierdo. Otros fabricantes, como Peugeot, también recurren a esta solución, con el sensor visible como un pequeño saliente en la parte inferior del espejo.
Cuando la lectura no parece coherente, el problema no siempre es electrónico. La suciedad, el barro, el hielo o la nieve pueden aislar el sensor del aire exterior y provocar mediciones erróneas.
En estos casos, una simple limpieza puede devolver la lectura a la normalidad. Si el fallo persiste, conviene revisarlo en un taller, ya que una lectura incorrecta puede afectar al funcionamiento de algunos sistemas del vehículo.
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