A casi todos los conductores les ha pasado alguna vez: van a empezar el día, suben al coche, intentan arrancarlo y éste no lo hace. Lo intentan en varias ocasiones hasta darse por vencidos, preguntándose qué es lo que habrá podido pasar, cuestión que por norma general tiene siempre una misma respuesta: la batería.
No hablamos de las enormes baterías de los coches eléctricos, si no de la batería de 12V, elemento presente en todos los automóviles, una pieza común y relativamente barata a la que la mayoría no presta mucha atención hasta que ya es demasiado tarde.
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Es un componente clave en el coche, ya que se trata de quien arranca el motor y quien se encarga de que todos los sistemas sigan funcionando. Ya sea girando la llave o pulsando un botón, es quien da el impulso inicial para que todo se ponga en marcha, así que cuando no está en las condiciones que debe, el vehículo queda inservible.
Kazimieras Urbonas, director de excelencia de proveedores de Ovoko, explica: “La batería de 12 voltios es, con diferencia, la causa más común de averías en los vehículos. Es una pieza relativamente barata, pero cuando falla, puede dejarte completamente inmovilizado. Lo que sorprende a la mayoría de la gente es la cantidad de factores que perjudican la longevidad de la batería en las condiciones de conducción modernas”.
Y es que se trata de un componente que tiene un gran número de enemigos naturales, todavía más en tiempos recientes.
Las amenazas para la batería del coche
Son muchos los aspectos que pueden perjudicar la vida útil de la batería. El primero son las bajas temperaturas, que afectan a la composición química de la misma, haciendo que si son cercanas a los cero grados pueda perder hasta el 35% de su energía.

A esto se suman los trayectos cortos en el coche. Cuando se arranca el vehículo, hay una demanda alta de energía que luego, mientras se circula, se va recuperando. Sin embargo, si solo se llevan a cabo viajes cortos, no da tiempo a que se produzca esta recuperación.
También es contraproducente dejar el coche parado bastante tiempo. Podría parecer que sin moverse no existe demanda energética, pero eso ha cambiado por todos los sistemas que hay implementados en el vehículo. “Hace veinte años, un coche aparcado consumía muy poca energía. Ahora, con las funciones de seguridad avanzadas, la conectividad y los sistemas informáticos, el consumo es constante. Si un coche permanece sin uso incluso una o dos semanas, ese consumo parásito puede agotar la batería lo suficiente como para impedir el arranque”, señala Urbonas.
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