El de los buggies no es un formato que haya tenido mucho recorrido en el mundo del motor. Tuvo su punto álgido a mediados del siglo pasado, pero en tiempos más racionales como los actuales una propuesta tan festiva no parece tener mucha cabida. Por suerte hay algunos fabricantes que no piensan así, como Brado, que ha presentado su Carbon Buggy.
Inspirado por los modelos originales, reinterpreta su estética en clave moderna y minimalista, luciendo una imagen desenfadada y una carrocería esculpida.
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En el frontal cuenta con una entrada de aire entre los dos grandes faros redondos, los bajos montan con una placa de protección, los musculosos pasos de rueda albergan un calzado de dimensiones considerables, no tiene puertas al uso, puede elegirse entre ir al aire libre o usar un techo fijo desmontable y en la trasera aparecen dos pequeños pilotos dobles.
Es un modelo de dimensiones muy compactas, con tan solo 3,31 metros de largo, lo que sería equivalente a un coche urbano, pero puede dar cabida a configuraciones de dos o cuatro plazas, según quiera el cliente.
El interior es muy sencillo, replicando la simpleza de los buggies primigenios. El volante no tiene controles de ningún tipo y toda la información se concentra en la consola central, con un velocímetro de gran tamaño al que acompañan apenas cuatro botones.
Potencia justa y diversión todoterreno
Debido a sus compactas dimensiones y a su ligereza, se puede mantener fiel también a las configuraciones mecánicas tradicionales de los buggies, es decir, motores pequeños con potencia justa.
La marca va a ofrecer dos alternativas para el modelo, basadas en el mismo bloque de origen Volkswagen, refrigerado por aire, con dos carburadores, montando detrás y asociado a una caja de cambios manual y a un sistema de tracción trasera.
La de acceso es una versión de 1,8 litros que desarrolla 86 CV de potencia, mientras que la superior tiene 2,0 de cilindrada y eleva el rendimiento a 112 CV. Brado no ha compartido sus especificaciones, pero se trata de un modelo pensado para el disfrute de la conducción, no para las prestaciones puras.
Configurado para rendir tanto sobre el asfalto como, sobre todo, fuera de él en tierra o dunas, emplea un sistema de frenos con discos en las cuatro ruedas, así como amortiguadores ajustables. Además, la compañía permite elegir entre neumáticos mixtos o unos off-road, en función de lo que necesite cada cliente.
A este respecto, la compañía no ha anunciado el precio del Carbon Buggy, pero sí que ha adelantado que tendrá una producción limitada y que estará centrado en la personalización, desarrollándose cada unidad mano a mano con su comprador.
Así, cada uno podrá elegir aspectos como el color de la carrocería, el diseño de las llantas, el tipo de tapicería para los asientos, el acabado del volante (desde madera hasta Alcantara, pasando por fibra de carbono), etc. Además, cada unidad tendrá junto a la palanca de cambios una placa identificativa en la que aparecerá tanto el número del ejemplar como el nombre de su dueño.
La compañía italiana no es la única que está busca el resurgir de los buggies. En los últimos meses han aparecido otras alternativas como el de Meyers Manx, que vende un buggy eléctrico, o la de Callum Skye, que propone una vuelta de tuerca con su vehículo, también de cero emisiones, pero de altas prestaciones.
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Apasionado del motor desde pequeño, primero de las motos y después de los coches, con especial predilección por los modelos nipones. Lleva una década dedicándose al sector, formado primero en Autobild y desde entonces en el Grupo Prisa, probando todo lo que haga ruido... o no.
