Lanzaderas autónomas de alta velocidad, minibuses nómadas, taxis-robot individuales y colectivos, lanchas burbuja acuáticas automatizadas y hasta taxis aéreos eléctricos. Estos y otros medios de transporte que hasta hace poco pertenecían al reino de la ciencia ficción, se harán realidad pronto, mucho antes de lo que imaginamos.

Con el 70% de la población mundial viviendo en grandes ciudades en 2050, según estudios de la ONU, y algunas con entornos metropolitanos de más de 100 millones de habitantes, las necesidades de movilidad exigirán desarrollar todos los medios de transporte viables. Eso incluye los terrestres y subterráneos actuales (metro), y también nuevas soluciones acuáticas, fluviales o marítimas y, por supuesto, aéreas, que además no ocuparán el último lugar en importancia.

Cada ciudad deberá elegir las que mejor se adapten a sus características y entorno, y adaptar las infraestructuras para elaborar trajes a la medida de sus necesidades.

Porque hará falta reunir mucho talento, imaginación y tecnología para hacer realidad que el 80% del PIB mundial se genere en las ciudades, otra previsión de la ONU para mitad de siglo. Y la movilidad aérea, por su flexibilidad para actuar a diferentes alturas sin necesidad de implementar infraestructuras suplementarias, salvo pequeñas plataformas urbanas de despegue y aterrizaje vertical, se puede convertir en un inesperado actor clave.

El mañana en tres megaurbes

Pekín. Cada ciudad tiene necesidades específicas de transporte. La capital de China, con una previsión de más de 130 millones de habitantes en su área metropolitana en el horizonte 2050, necesitará grandes corredores para vehículos lanzadera de alta velocidad y  guiado autónomo, que recorrerán la ciudad de punta a punta.
San Francisco. Las soluciones de movilidad y los vehículos utilizados deben adaptarse a la morfología geográfica de cada ciudad para dar el mejor servicio a sus habitantes. En la imagen, los legendarios tranvías de San Francisco han dado paso a minibuses autónomos similares que permiten cargar bicicletas eléctricas para cubrir los trayectos ‘último kilómetro’.
Bombay. En las grandes ciudades en desarrollo sin margen para nuevas infraestructuras, los carriles de electromovilidad, los autobuses rápidos y los servicios de uso compartido podrían aliviar sus crónicas saturaciones de tráfico y reducir la elevada contaminación.

“Antes el límite era la tecnología y ahora es solo la imaginación. Vivimos una era donde la distancia entre lo que podemos imaginar y lo que podemos hacer es más pequeña que nunca.” Así se expresaba Bram Schot, vicepresidente mundial de marketing y ventas de Audi, en una entrevista para EL PAÍS en el último Salón de Ginebra.

Sus palabras reflejan el ambiente de esquizofrenia colectiva que vive la industria mundial del automóvil ante la acumulación de revoluciones tecnológicas que afronta a corto plazo: electrificación, conducción autónoma, digitalización y la avalancha de nuevas formas de movilidad, desde las que afectan al uso y la propiedad del automóvil, como el universo de servicios a demanda que está a punto de llegar.

EN BUSCA DEL SOCIO ESTRATÉGICO
“El mundo cambia tan deprisa que si ahí fuera cambia más rápido que tú, tendrás un problema. Los requerimientos son tantos y distintos, desde digitalización a electrificación, que resulta casi imposible para una sola compañía tener todo como core business. Estamos ante nuevos modelos de negocio y es imprescindible tener socios”, continua Schot. Y recalca: “Con cambios tan rápidos nuestro papel ahora es diferente. Se trata más de elegir los mejores socios estratégicos que hacer las cosas por tu cuenta, que para mí es ya imposible. Algunos lo ven como un riesgo, pero yo lo veo como oportunidad”.

Lo cierto es que con un abanico tecnológico tan amplio, cualquier startup puede desarrollar un avance en su área que deje descolocada a la competencia, incluidos los grandes grupos automovilísticos. Y la elección del socio idóneo en cada disciplina se ha convertido en la prioridad estratégica que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso. Ejemplos de decadencia, como Nokia o Blackberry en telefonía móvil, o Kodak en fotografía, atormentan las mentes de muchos directivos.

Así será San Francisco en el futuro.

En tierra

En la movilidad terrestre lo que va a llegar está ya claro: coches eléctricos con guiado autónomo y 100% conectados. Convivirán durante mucho tiempo con los modelos de combustión actuales y los habrá particulares y compartidos, pero cada uno en territorios más diferenciados: “En las ciudades ya nadie utilizará el coche particular, que se reservará para los viajes largos” asegura Christian Ledoux, director de movilidad y servicios conectados de la Alianza Renault-Nissan-Mitsubishi.

Sin embargo, se disparará la oferta de servicios asociada al coche autónomo, desde las múltiples variantes del car sharing actual, a los taxis-robot personales o colectivos, las comunidades de usuarios, bien de una marca o modelo determinados, o de familiares, compañeros de piso, vecinos, etcétera. Todos se podrán repartir tiempo y gastos de uso a golpe de clic desde su teléfono móvil.

Junto a los automóviles autónomos en sus diferentes configuraciones interiores –familiar, oficina móvil, lúdica y otras– se generalizarán las lanzaderas autónomas de diferentes tamaños según las funciones a desarrollar, desde el transporte de personas al reparto de mercancías. Uno de los ejemplos más avanzados es el Sedric de Volkswagen, un prototipo de minibús autónomo sin conductor, que podría estar operativo antes de 2025.

Ofrece un interior diáfano al que se accede por unas puertas laterales con capacidad para cuatro adultos, o alguno más: basta alargar la distancia entre los ejes. Puede actuar como taxi robot y dar servicios de transporte personal o compartido, como recoger al cliente para ir al trabajo, llevar los niños al colegio, recoger y entregar la compra en el domicilio, etcétera. Y se adapta también a otras muchas actividades, como la de lanzadera para cubrir determinadas áreas o corredores (barrios o grandes avenidas) en las grandes ciudades subiendo y bajando pasajeros en recorridos fijos.

Volkswagen Sedric.

Sin embargo, la aportación más interesante del Sedric es que adelanta el concepto innovador de los minibuses nómadas, un tipo de vehículo capaz de circular sin destino establecido. Así, se guía con un algoritmo de inteligencia artificial que detecta sobre la marcha las demandas de transporte que vayan surgiendo, como salidas de espectáculos, eventos deportivos, manifestaciones y otros.

El cliente solo tendrá que comunicar su destino desde una aplicación y Sedric reunirá los pasajeros con rutas compatibles para recogerles y llevarles a su destino. Y podrá variar o ampliar el recorrido sobre la marcha según las necesidades de quienes sigan a bordo.

Por el aire

Un sueño infantil que se hará pronto realidad. Basta ver el poderío de la veintena de compañías que lideran su desarrollo, desde Airbus y Boeing a Ubber, para confirmarlo. De momento, conviven varias soluciones para hacerlo viable. Unas se basan en trasladar el automóvil por el aire, o al menos la cabina de pasajeros. Otras trabajan en vehículos aptos para uso aéreo y terrestre.

Entre las primeras destaca el proyecto Pop.Up Next de Airbus, Italdesign y Audi, un concepto modular de movilidad horizontal y vertical con propulsión eléctrica y 100% automatizado. Consta de una cabina que se puede anclar a un módulo aéreo y otro terrestre. El primero está formado por cuatro esferas con hélices que funcionan como un dron gigante y desplazan la carrocería por el aire hasta una base terrestre. Allí, se deposita sobre una plataforma con ruedas que integra la mecánica eléctrica para circular como un utilitario. Tiene 130 kilómetros de autonomía en vuelo y 100 más en el suelo.

El modelo Pop.Up Next de Airbus.

Un modelo más sencillo ya en pruebas es el Flyer, el avión monoplaza de Kitty Hawk, la compañía de Larry Page, cofundador de Google. Está a caballo entre dron e hidroavión, porque se apoya en unos patines que integran las hélices –se está probando sobre lagos para reducir riesgos– y podría adoptar fácilmente unas ruedas para circular en tierra. Pesa 113 kilos y sus 10 baterías le permiten volar hasta 35 km/h.

El coche volador más avanzado es el TF-X de Terrafugia, la compañía adquirida por Geely, propietaria de Volvo. Reúne 16 motores eléctricos (600 CV) y uno térmico (300 CV), alcanza 320 km/h en vuelo y tiene 300 kilómetros de uso. Podría llegar en 2020.

Terrafugia TF-X.

Pero la propuesta más interesante hasta ahora es la de Lilium, la compañía alemana a la que se acaba de unir el hispano-norteamericano Frank Stphenson Santos, creador de coches tan emblemáticos como el primer BMW X5 o los Mini y Fiat 500 modernos, que dirigirá el área de diseño. Se trata de un aerotaxi low cost eléctrico y autónomo de cuatro plazas con despegue y aterrizaje vertical.

Vuela con 36 motores eléctricos integrados en sus cuatro alas que impulsan el aire contra el suelo para despegar y después giran a la posición horizontal para volar. Alcanza 320 km/h y ofrece 300 kilómetros de autonomía, pero lo mejor es que apenas necesita infraestructuras: puede operar en plataformas planas sobre cubiertas y tejados, y anuncia tarifas mínimas para cuando llegue, en 2025: 36 dólares y cinco minutos en los 19 kilómetros entre Manhattan y el aeropuerto JFK de Nueva York, frente a 70 dólares y una hora de un taxi en el mismo trayecto.

Se pedirá desde el teléfono y con estos precios reduciría la presión sobre los alquileres urbanos: permitiría vivir más lejos del centro de las ciudades sin perder tiempo en los desplazamientos y bajaría la demanda.

Lilium.

En el agua

El transporte urbano sobre el agua evolucionará para convertirse en una alternativa más sostenible y práctica que ayude a resolver los desplazamientos en ciudades de mar o con ríos navegables. Un avance de las soluciones del futuro son los taxis acuáticos Sea Bubbles, unas lanchas eléctricas con silueta de burbuja y cinco metros de largo. Tienen cinco plazas y permiten abrir la cabina para navegar al aire libre.

Es un proyecto de Alain Thébault y Anders Bringdal, dos veteranos navegantes, y utilizan la tecnología de los Jetfoil para desplazarse volando hasta 15 nudos (28 km/h) en sus patines, que elevan el casco 40 centímetros sobre el agua. La idea es desplegar estaciones base en zonas estratégicas y a medio plazo incluirán navegación autónoma. Las primeras 20 unidades ya se pueden reservar y cuestan 140.000 euros.

Sea Bubbles.